El arzobispo de Pamplona recuerda en la fiesta de san Fermín la inviolabilidad de toda vida humana desde el momento de la concepción


FIESTA DE SAN FERMÍN. Homilía de Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona-Tudela

Sed todos bienvenidos a esta celebración. Un saludo cordial también para quienes, desde sus casas, seguís esta Misa por TV de Popular-María Visión. Quiero dar un saludo especial a los enfermos y ancianos en este día tan entrañable donde todos nos sentimos hermanos. Como cada año, al llegar el 7 de Julio, nuestra ciudad de Pamplona se viste de blanco y rojo para honrar y festejar a San Fermín, nuestro primer Obispo. En él encontramos un gran predicador del Evangelio y gracias a su anuncio nosotros también confiamos en Dios y creemos en su Hijo Jesucristo como nuestro Salvador. Que estos días de fiesta reine entre todos un verdadero ambiente de alegría y de fraternidad.

Ongi etorriak izan zaitezte dénok, adiskide maiteok, gure lehenengo gotzáia Fermin Deunáren oróimena egiten dugun Meza hontára. Anaitasuna eta póza gure herriko jaien ezáugarri izan daitézela

1.- Comencemos alabando a Dios que en San Fermín nos concede un ejemplo para seguir avanzando en nuestra vida de creyentes. Es significativo ver que la experiencia de fe que se albergó en la vida de San Fermín sigue teniendo actualidad. Hoy se buscan razones para progresar y el mismo evangelio bien vivido es experiencia de madurez, progreso y libertad. Hemos escuchado que el evangelio es la buena noticia para los que sufren, que vendar los corazones desgarrados es manifestación de la fuerza de Dios, que quien consuela a los afligidos se perfuma de fiesta. La cultura de la muerte que amenaza cada vez más a nuestra sociedad requiere una cura especial y un cambio de rumbo: propiciar la cultura de la vida en sus distintos ámbitos y matices. Por eso San Fermín nos impulsa a mirar hacia lo alto para no reducir nuestra vida al son de nuestros ritmos egoístas que lo únicos frutos que se dan son muestras de decadencia, de prepotencia, de frustración y de decepción de la vida. Estamos llamados para la vida y una vida plena. Todo ser humano ya desde el seno de la madre es tan sagrado que manifiesta la belleza de Dios. Quien se pone contra Dios o lo margina devalúa y mancilla la razón de su existir puesto que en él nacemos, nos movemos y existimos. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido” dirá el profeta. Esta fue la misión de San Fermín: anunciar a todos -y no eran momentos más fáciles- la acción de Dios en todas las etapas de la vida.

2.- San Fermín tuvo que pasar por la prueba y hasta por el martirio. Y la prueba más dura es la de la fe y superada ésta nos dará más constancia. “Y la constancia llega hasta el final y así seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna. Dichoso quien soporte la prueba, porque, una vez, aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman”. Quien no pasa por la estrechez y por el sacrificio no madurará nunca. Todo acto de servicio por muy pequeño que este sea requiere trabajo, esfuerzo, entrega y desgarro de lo fácil y cómodo. A las metas se llegan por la fidelidad y por soportar todas las inclemencias. San Fermín predicó en Pamplona y esto le supuso pasar por inclemencias de todo tipo. A nosotros según nuestro estado y servicio en la sociedad también nos exige tesón y entrega. No encontraremos a ningún santo mediocre. Por ello hoy también nos quiere enseñar el Santo, a quien veneramos, que sepamos conducir nuestra vida con el garbo de quien mira y se fía de Dios. Ante la cultura del hedonismo y de la comodidad se está pidiendo una cultura del sacrificio y de la disponibilidad. ¡Cuánto nos puede enseñar San Fermín en este sentido!

3.- Cuando llegó San Fermín a Pamplona constató y vivió lo que hemos escuchado en el evangelio: “Se compadecía de las gentes porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Su labor apostólica rebosaba de amor y de caridad para con todos. No tenía tiempo ni para descansar. Pensemos en nuestro querido paisano San Francisco Javier, el tiempo no existía para él; sus predicaciones y la entrega a los demás le absorbían tanto que no tenía tiempo para sí mismo. Esta es la virtud del apóstol: los demás primero y después su persona. La labor del evangelizador y del pastor se asocia siempre a una dedicación generosa y con la caridad pastoral va manifestando que Dios sigue amando a todos. Admiremos e imitemos a San Fermín que vivió en sintonía con Dios y se dedicó, con su servicio, a llevar el mensaje de Jesucristo: reino de paz, de amor, de perdón, de unidad y de fraternidad.

Ruego a Santa María que sepa conducirnos, como buena Madre, por los caminos que nos lleven a ser portadores de la cultura de la vida, la cultura de la disponibilidad y la cultura de la entrega generosa. Que San Fermín nos apasione para seguir mostrando con nuestra vida la dicha de ser creyentes en Cristo y en su Iglesia. Os felicito a todos y os deseo unas fiestas llenas de respeto, de amistad y de honda experiencia familiar. Felicidades a la Comparsa por sus 150 años y que sigan entreteniendo y alegrando a pequeños y mayores. ¡Viva San Fermín y que viva Pamplona para que no pierda nunca sus raíces cristianas!

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 303 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).