Benedicto XVI señala que la libertad separada de la verdad “se vuelve fuente de prevaricación de los más fuertes y de los violentos”


Benedicto XVI invita a ‘custodiar como un tesoro la fe en Cristo y la comunión con el Sucesor de San Pedro’, siguiendo a Juan Duns Escoto: franciscano, teólogo, “cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción de María”, beatificado por Juan Pablo II.
En su catequesis de la audiencia general de hoy Benedicto XVI ha expresado, según ha difundido Radio Vaticano, el anhelo de que con la ayuda de la Virgen Inmaculada, podamos considerar como bien precioso la comunión con Dios, con el Sucesor de Pedro y con la Iglesia universal.
Centrando su alocución en la importante figura de Juan Duns Escoto, franciscano y teólogo y prosiguiendo sus reflexiones sobre la cultura cristiana de la Edad Media, el Papa ha hecho hincapié en la actualidad del carisma y mensaje de este beato, dotado de una inteligencia brillante y de inquebrantable fe, que en su gran visión Cristocéntrica supo afianzar la preservación de María del pecado original.
Juan Duns Escoto afirma que la Inmaculada Concepción es la obra maestra de la Redención cumplida por Cristo – ha recordado Benedicto XVI – reiterando luego que el Señor «nos interpela también hoy en lo que respecta al sentido de la libertad. Pues, como nos enseña la historia moderna, además de nuestra experiencia cotidiana, la libertad separada de la verdad destruye trágicamente la armonía interior de la persona humana y engendra sufrimientos y lutos».
La libertad separada de la verdad, «se vuelve fuente de prevaricación de los más fuertes y de los violentos. La libertad sólo se perfecciona cuando el hombre se abre a Dios, acoge su Palabra y se pone a la escucha de la Revelación, que llena de luz y esperanza nuestra vida y liberándonos verdaderamente».
Como hizo Juan Duns Escoto, cuya profundidad de pensamiento proviene de su humildad y de la contemplación de los santos misterios y que prefirió alejarse de las glorias de este mundo, antes que firmar un documento hostil al Sumo Pontífice, como el entonces rey de Francia había impuesto a todos los religiosos.
Recordando que a lo largo de la historia de la Iglesia, los creyentes han encontrado hostilidades y sufrido incluso persecuciones a causa de su fidelidad y de su devoción a Cristo, a la Iglesia y al Papa, Benedicto XVI ha destacado también la importancia de Duns Escoto en la teología. Presentándolo asimismo como modelo para los teólogos de hoy, por su honradez intelectual y por haber sabido conservar la sencillez de los pequeños. Por cómo supo afrontar un tema que interesa mucho a la modernidad. Es decir el de la libertad fundada en la verdad y su relación con la voluntad y el intelecto.
El beato Duns Escoto nos enseña que «en nuestra vida, lo esencial es creer que Dios está cerca de nosotros, que nos ama en Cristo Jesús, y cultivar, así, un profundo amor con Él y su Iglesia». Benedicto XVI ha evocado también a su predecesor el Siervo de Dios Papa Montini: «Como hizo en Manila, el papa Pablo VI, yo también quisiera gritar al mundo que Cristo es el revelador de Dios invisible, es el fundamento de todo. Él es el Maestro de la humanidad, es el Redentor. Él es el centro de la historia y del mundo. Él es Aquel que nos conoce y que nos ama. Él es el compañero y el amigo de nuestra vida… Yo no acabaría nunca de hablar de Él»
Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho en español Benedicto XVI para los fieles de nuestra lengua presentes en el Aula Pablo VI del Vaticano:

Queridos hermanos y hermanas:

Juan Duns Escoto nació al final del siglo trece, probablemente en un pueblo de Escocia llamado Duns. Entró en los franciscanos menores y fue ordenado sacerdote. Por su inteligencia brillante se le conoce con el nombre de Doctor sutil. Estudió en París y enseñó teología en las universidades de Oxford, Cambridge y París, donde tuvo que interrumpir sus clases por fidelidad al Papa Bonifacio Octavo, en su famosa disputa con el rey Felipe IV el Hermoso. Posteriormente, ejerció su magisterio en Colonia, donde falleció repentinamente a la edad de cuarenta y tres años. Nos ha legado numerosas y profundas reflexiones. Apenas murió, el pueblo y los franciscanos lo veneraron como santo. El Papa Juan Pablo II lo declaró beato en el año mil novecientos noventa y tres, definiéndolo como “cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción de María”. Esas pocas palabras sintetizan la notable aportación que Duns Escoto hizo a la historia de la teología.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de la Inmaculada Concepción de Mengíbar, a los componentes de la Escolanía de la Santa Iglesia Catedral de Jaén, así como a los demás grupos venidos de España y Latinoamérica. Siguiendo a Juan Duns Escoto, os invito a custodiar como un tesoro la fe en Cristo y la comunión con el Sucesor de San Pedro. Muchas gracias.

Saludando a los peregrinos de lengua polaca les ha dado las gracias porque durante todo el año, un gran número vienen a Roma a las tumbas de los Santos Apóstoles y a la del Siervo de Dios Juan Pablo II. Confirmados por la fe de los santos conservad la memoria de las raíces de vuestra vida. Os saludo de corazón, os bendigo y pido vuestra oración durante los días de mi permanencia en Castel Gandolfo.

Como siempre el Santo Padre ha saludado, antes de concluir la audiencia general a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. “Ayer celebramos la memoria litúrgica de Santa María Goretti, virgen y mártir: una muchacha, que siendo jovencísima, supo demostrar fuerza y valentía contra el mal. La invoco para vosotros, queridos jóvenes, para que os ayude a elegir siempre el bien, incluso cuando cuesta; para vosotros, queridos enfermos, para que os sostenga soportando los sufrimientos cotidianos; y para vosotros, queridos recién casados, para que vuestro amor sea siempre fiel y lleno de respeto reciproco”.

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