Dios libera a la Iglesia de las fuerzas negativas

“Uno de los efectos típicos de la acción del Maligno es la división dentro de la comunidad eclesial», pero “en la lucha contra el espíritu del mal, Dios nos ha dado a Jesús, el abogado defensor, y luego de su Pascua, otro Paráclito, el Espíritu Santo, que permanece con nosotros para siempre y conduce a la Iglesia hacia la plenitud de la verdad”. Con estas palabras, Benedicto XVI celebró ayer la Santa Misa en la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo.
En una Basílica vaticana llena de gente, con la presencia de una delegación del Patriarcado de Constantinopla, el Papa impuso el palio sagrado a 38 nuevos arzobispos metropolitanos, recordándoles que «la comunión con Pedro y sus sucesores es la garantía de la libertad para los pastores de la Iglesia y para la comunidad que les ha sido confiada”.
Mirando hacia atrás, Benedicto XVI recordó cómo no han faltado los periodos de prueba para los cristianos, que a menudo, han tenido el carácter de una verdadera persecución. Pero estas, reconoció el Pontífice, «a pesar del sufrimiento que causan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia». «El mayor daño que ella sufre, de hecho, viene de aquello que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y comunidades, rompiendo la integridad del cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y testimonio, empañando la belleza de su rostro”.
Aludiendo al egoismo, la vanidad, el orgullo y el apego al dinero, Benedicto XVI recordó que los poderes del infierno no prevalecerán. “Hay una garantía de la libertad, garantizada por Dios a la Iglesia – concluyó – la libertad de los lazos materiales que tratan de impedir o coaccionar la misión, tanto de los males espirituales y morales que afectan la autenticidad y la credibilidad”.

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