Mons. Francesc Pardo: "Jesús rechaza utilizar el poder de Dios para imponerse por la fuerza"


“¡Que baje fuego del cielo y acabe con ellos!”, carta del obispo de Girona

¿Con qué se encontraron les discípulos de Jesús, aquellos que le seguían en el camino de la vida? La narración evangélica del presente domingo responde a esta pregunta poniendo como modelo al propio Jesús.
¿Con qué se encontró Jesús en su último camino hacia Jersusalén, donde sería rechazado y muerto?
He ahí un toque de atención para todos nosotros, los que somos sus discípulos.
Este viaje que Jesús emprendió hacia Jerusalén tiene un significado muy especial. No se trata únicamente de una ruta geográfica, sino del camino que le conducirá a consumar su Pascua, su paso al Padre, muerte y resurrección. Y, consciente de ello, decide afrontar este camino que será punto de referencia o modelo para todo cristiano. Por ello se remarcan por medio de ejemplos concretos las exigencias para aquellos que quieran seguirlo.
En primer lugar, el camino escogido, que no era el normal de los judíos para ir a Jerusalén, sino un camino que pasaba por terreno “enemigo”, Samaria o la tierra de los samaritanos. Los habitantes de un pueblecito no quisieron recibirle, precisamente porque se dirigía a Jerusalén. La reacción no se hace esperar. Santiago y Juan reclaman poder mandar que caiga fuego del cielo y los deje abrasados. Jesús los riñe y fueron hacia otra aldea.
Jesús rechaza utilizar el poder de Dios para imponerse por la fuerza. La respuesta al rechazo, a la denegación de la hospitalidad o de la acogida, no es la violencia, la imposición o la venganza, sino “ir hacia otra aldea”.
Todo aquel que le sigue, todo discípulo, ha de tener como modelo al propio Jesús, su estilo de vida y, por ello, cuando se enfrenta a la hostilidad, al rechazo, a la falta de acogida… no puede reaccionar con amenazas, venganza o violencia… Se debe pasar de largo e ir a otras aldeas o a otras personas. Pero también podemos recordar el gesto que recomendó a sus discípulos enviados en misión, sacudirse el polvo de los pies, y manifestar con este gesto, que quienes rechazan la Buena Nueva, son ellos quienes se lo pierden. Ya es suficiente con ello. Y al mismo tiempo hay que recordar la palabra y la práctica de Jesús de perdonar a quienes nos ofenden e incluso a quienes nos persiguen. Así lo han hecho los mártires de todos los tiempos. Y así hemos de esforzarnos en reaccionar los testigos de nuestro tiempo.

Tres aspirantes a seguirle, recomendaciones y reacciones.
El primero se ofrece sin condiciones, pero Jesús le advierte que no puede ofrecerle seguridad alguna, su estilo de vida no proporciona al discípulo la estabilidad que le pueden dar las instituciones y la familia.
El segundo es llamado por el propio Jesús: “Sígueme”, y le responde con una condición y pide una prórroga: “Déjame primero ir a enterrar a mi padre”. Una respuesta que expresa una gran humanidad y el cumplimiento del cuarto mandamiento. Pero Jesús le indica que la respuesta no puede esperar, ni siquiera para atender un deber sagrado. ¡Verdaderamente desconcertante!
Al tercer candidato se le responde que nadie que mire hacia atrás cuando ya tiene la mano en el arado es apto para el reino de Dios. Ello exige romper con el pasado, un compromiso firme, una disponibilidad total.
Algunas reacciones tras escuchar en grupo esa narración: “Todo esto es inhumano”; “esto podéis hacerlo los sacerdotes y los religiosos, pero no los padres y madres de familia”; “primero están los mandamientos”…
Es cierto que el lenguaje oriental se sirve de imágenes hirientes y que reclaman la atención de los oyentes. En este caso, la mayoría de vosotros, de acuerdo con vuestra vocación, no podéis abandonar la familia, dejar el trabajo… A otros, por vocación, se nos ha pedido disponibilidad total. Pero todos tenemos que plantearnos todos los días que ser cristianos implica un compromiso muy firme, que nos exige asumir riesgos, abandonar algunas comodidades, y sobre todo plantearnos prioridades.

¡Los jóvenes tenéis que plantearos qué os pide el Señor! ¡Y quienes ya habéis hecho vuestro compromiso de vida, vivirlo al estilo de Jesús! Todos debemos revisar las prioridades reales, aquello que para nosotros es importante en la vida cotidiana.

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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