Saludo de Mons. José Sánchez en la iunaguración de la nueva sede del obispado en Guadalajara


Saludo al Sr. Nuncio de Su Santidad. Señor Nuncio, en nombre de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara y en el mío propio, agradezco su presencia y su amabilidad al haber accedido a nuestra invitación a bendecir e inaugurar estos nuevos servicios de nuestra diócesis de Sigüenza-Guadalajara, en Guadalajara. Aprovechamos esta oportunidad para rogarle que transmita a nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI nuestro respeto, afecto, obediencia y gratitud y el compromiso de nuestra oración por su persona y por su ministerio, a tan pocos días de distancia de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Día del Papa, en que lo tendremos especialmente presente.

Agradezco asimismo la presencia de mis hermanos los Sres. Obispos de Ciudad Real, Albacete, Cuenca y Alcalá de Henares. Se han excusado por compromisos pastorales inaplazables el Sr. Arzobispo Primado de Toledo D, Braulio Rodríguez y D. Carmelo Borobia, Auxiliar de Toledo, así como el Sr. Arzobispo de Sevilla, nuestro querido paisano D. Juan José Asenjo, que nos envían un cordial saludo.

Saludo al Sr. Vicario General y Vicarios Episcopales de la diócesis, a los sacerdotes, a los miembros de la Vida Consagrada, diocesanos e invitados presentes

Saludo y agradezco la presencia del Sr. Alcalde de Guadalajara, de la Sra. Delegada de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, del Sr. Coronel y demás Autoridades, así como la de los Arquitectos, Arquitecto Técnico, Constructor y demás directivos, artistas, artesanos y trabajadores de los diversos oficios que han realizado los trabajos en esta obra al servicio de nuestra diócesis.

El acontecimiento de la bendición e inauguración de estos nuevos servicios de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara, que estamos celebrando, constituye un paso más en el proceso iniciado con la decisión de la Santa Sede, en el año 1955 de reestructurar los límites de la antigua diócesis de Sigüenza, como consecuencia de los Acuerdos en el Concordato entre la Santa Sede y el Estado Español de 1953 de adecuar, en la manera de lo posible, los límites de las diócesis a los de las provincias civiles.

En tres decretos sucesivos de la entonces Sagrada Congregación Consistorial, del mismo año 1955 – 20 de mayo, 2 de septiembre y 22 de noviembre – fueron desmembradas de la diócesis de Sigüenza las parroquias situadas en las provincias de Zaragoza, Soria y Segovia y asignadas a las respectivas diócesis de estas provincias. A su vez, desmembradas de las diócesis de Toledo, Cuenca y Teruel. se asignaron a la diócesis de Sigüenza, las parroquias situadas en la provincia de Guadalajara pertenecientes hasta entonces a aquéllas.

Con la Bula Cum laetissimo animo del Beato Juan XXIII, del 9 de marzo de 1959, y la ejecución de sus disposiciones por el Nuncio Apostólico en Madrid, S. E. H Antoniuti, el 14 de agosto del mismo año, se añade a la denominación de Diócesis Seguntina la de Guadalajarense y el hasta ese momento Obispo de Sigüenza se denominaría Obispo de Sigüenza-Guadalajara. Asimismo, el templo parroquial de Santa María de la Fuente, la Mayor es elevado al rango de Concatedral; el Obispo podrá fijar su sede en Sigüenza o en Guadalajara, según considere más conveniente para el ejercicio de su ministerio, y los canónigos y beneficiados de Sigüenza podrán cumplir con su obligación de oración coral en la Concatedral de Guadalajara, cuando, por las exigencias de su cargo, residan en Guadalajara.

Muy pronto, ya en 1955, el entonces Obispo de Sigüenza D. Pablo Gúrpide y Beope (1951-1954) adquirió los edificios y campos en que estamos situados – primero, el 13 de enero de 1956,la Casa Provincial de Misericordia o Inclusa, perteneciente a la Diputación Provincial, por el precio de 1.750.000 pts, después, otros edificios colindantes – para dedicarlos a Seminario Menor Diocesano. En este mismo año 1956, comenzó aquí el primer curso académico para los alumnos del primer curso de Latín y Humanidades, entre los que se encontraba nuestro querido D. Juan José Asenjo, actual Arzobispo de Sevilla.

El Obispo siguiente, D. Lorenzo Bereciartúa Balerdi (1956-1964) con la intención de instalar parte de la Curia diocesana en Guadalajara, construyó un edificio, que, por las dificultades que surgieron, hubo de vender a las Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Éstas lo dedicaron a Colegio de Enseñanza y, posteriormente ampliado, presta hoy un excelente servicio a la ciudad y a la provincia de Guadalajara.

El Obispo siguiente, D. Laureano Castán Lacoma (1964-1980) construyó la Casa Sacerdotal en el solar de la antigua Inclusa, siendo ya Seminario Menor, y adquirió un extenso campo, entonces fuera de la ciudad, en el que edificó el nuevo Seminario Menor y la Residencia del Obispo en Guadalajara. Hoy alberga los seminaristas del Seminario Mayor y del Menor, los servicios del Colegio diocesano «Cardenal Cisneros», con aproximadamente 1.000 alumnos, y la hasta ahora Residencia del Obispo en Guadalajara. En los espacios que quedaron libres en este complejo se instalaron, además de la Casa Sacerdotal, Caritas, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, Hermandades del Trabajo, una Guardería, una Residencia de chicas y la comunidad de las Hermanas Hijas de Santa María del Sagrado Corazón.

Mi inmediato antecesor, D. Jesús Pla y Gandía (1981-1991) estableció los servicios del Obispo, en la Semana Santa y en Corpus, en Sigüenza y en Guadalajara, en años alternativos.

Desde el comienzo de mi ministerio hemos continuado en la misma dirección de ir dotando a la Sede de Guadalajara de los servicios diocesanos que las nuevas circunstancias han ido demandando. Así hemos acometido reformas y ampliaciones de los servicios en esta denominada «Casa Diocesana» y de los servicios pastorales diocesanos, así como en la Casa Sacerdotal y en el Centro Social «Casa de Nazaret», antigua Escuela parroquial en la Parroquia de San Pedro

Otro factor determinante de las medidas, que se han ido tomando y de la que hoy estamos viviendo, ha sido el progresivo e imparable movimiento de la población de la provincia hacia la capital y sus proximidades, sumado a la afluencia de personas procedentes de otras provincias y del extranjero, que se han instalado en esta misma zona, de modo que hoy aproximadamente el 75% de la población de la provincia reside en la capital y en su inmediato entorno. Unos 170.000 habitantes residen en unos 500 Km2, mientras otros 70.000 habitantes aproximadamente residen en el resto de los más de 11.500 Km2.

Sin abandonar y menos infravalorar la antigua Sede de Sigüenza, en la que quedan la Catedral, con su Cabildo, un buen número de excelentes sacerdotes, tres parroquias en la ciudad, más las numerosas, aunque pequeñas, del entorno, el Colegio de la Sagrada Familia y de las MM Ursulinas, con sus formadores y profesores, dos Monasterios de Vida Contemplativa, varias comunidades de Religiosos y Religiosas, con sus servicios, la Casa Diocesana de Ejercicios, el Archivo y Museo diocesanos, el edificio del antiguo Seminario, la residencia del Obispo en Sigüenza y otros servicios, en los que el Obispo y sus colaboradores seguirán haciéndose presentes, confiamos en que, con la ayuda del Señor y la inestimable colaboración de todos, estas nuevas instalaciones en Guadalajara contribuyan a una mayor gloria de Dios y a un mejor servicio a los diocesanos y a nuestros conciudadanos de la ciudad y provincia de Guadalajara.

Sólo me resta agradecer a Dios, que nos ha posibilitado construir y hoy bendecir e inaugurar estos nuevos servicios de la diócesis, sin que hayamos tenido que lamentar graves accidentes o incidencias. Asimismo, doy las gracias y felicito todos los que han colaborado en su construcción equipamiento y puesta en servicio. Entre ellos quiero destacar a los arquitectos y arquitectos técnicos del Estudio Arnáiz-Leceta, al constructor Guillermo Alguacil con sus colaboradores, al carpintero y ebanista Garbajosa y los suyos, a los pintores, electricistas, fontaneros, instaladores y demás artistas y artesanos, al personal de la limpieza…

No quiero dejar de hacer mención de las autoridades locales, provinciales y regionales por las facilidades que nos han dado en la tramitación de permisos, licencias, inspecciones, etc. A cambio de todo ello, considero que la diócesis ha hecho un notable esfuerzo en dotar conveniente y hasta artísticamente esta zona. Hasta hace pocos años, era una de las más deterioradas y degradadas de la ciudad; hoy, gracias a la ubicación de la Concatedral, visible desde muchas partes, recién restaurada, una vez terminada la tercera fase, al Convento de las MM Carmelitas, a las obras llevadas a cabo en el Arroyo y Barranco de El Alamín, junto con otras nuevas construcciones en ambas orillas y a la que hoy inauguramos, me atrevo a decir que esta zona se ha convertido en uno de los paisajes urbanos más bellos de la ciudad de Guadalajara.

Una mención especial y la constancia de mi gratitud quiero tener para los hermanos Lorrio – D. Salustiano, nuestro antiguo Ecónomo diocesano, Rector y Profesor del Seminario, Canónigo de Sigüenza, y sus dos hermanas. Han sido tan generosos que nos han regalado todos los muebles de su vivienda en Sigüenza. Mi recuerdo agradecido también para Dña. Teresa Aldanondo, fallecida precisamente el pasado día 6 de este mes. Descanse en paz. También ella nos donó todos los muebles de su casa. Hábilmente restaurados, hoy lucen y prestan su servicio. Agradezco también a la Subdelegación del Ministerio de Defensa, que, por la mediación del Coronel D. José Ignacio Asiaín, nos ha dejado en depósito varios cuadros, procedentes de El Fuerte de San Francisco, a los que hemos encontrado un lugar digno y adecuado para su conservación y contemplación.

Dejo para el final, no porque los considere menos relevantes, sino todo lo contrario, a mis más estrechos colaboradores, principalmente a nuestro Vicario General D. Eugenio Abad, que, junto con nuestro Administrador D. José Luis Ruiz y D. Ramón Molina, ha seguido la obra desde el comienzo hasta el final, sin dejar otras obligaciones y tareas, ha asesorado a técnicos, constructores y demás artífices y ha dejado en esta obra el sello de su buen hacer, de su buen gusto y, sobre todo, de su entrega y de su afecto por la diócesis y sus obras. Muchas gracias, Eugenio. Que descanses.
Muchas gracias a todos
Guadalajara, 18 de Junio de 2010

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