Homilía de Mons. Julián Barrio en la Misa de Peregrinos de los Periodistas Católicos de España (UCIP-E)


Santiago de Compostela – 21/06/2010

Jesucristo se encarnó haciéndose acontecimiento histórico en el seno de la humanidad. Es el centro de la Historia de la salvación y la plenitud de la Presencia de Dios en la historia humana. Nuestra conciencia de hijos de Dios y de su cercanía providente manifiesta nuestra identidad cristiana, diferenciándonos radicalmente del ateo práctico, del angustiado existencialista, y sobre todo del hombre sin experiencia de fe, esperanza y caridad cristiana. Esta conciencia de cercanía y de providencia operante llevará a definir responsablemente nuestro corazón: “No se puede servir a dos señores”. No es posible alternar ambiguamente entre el materialismo histérico que hace su dios del dinero y la renta per capita, y la Providencia amorosa de Dios. Nuestra vida es propensa al materialismo pagano, por eso Jesús nos plantea: “¿Qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?”. “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Pero jamás este convencimiento puede ser un subterfugio cómodo para la vagancia vividora, la despreocupación enervante del parásito, la inconsciencia o irresponsabilidad ante las propias obligaciones personales, familiares o sociales. “Así pues os exhorto a andar de una manera digna de la vocación con que fuisteis llamados”.

Entre el Evangelio escrito y la vida de los santos, no existe otra diferencia que la que hay entre la música escrita en el pentagrama y la música interpretada por un maestro. Así fue en la vida del Apóstol Santiago, el “primero de los apóstoles en beber el cáliz del Señor”. Así ha sido en la historia de la Iglesia con los innumerables santos que nos han dejado un ejemplo a imitar y que supieron dar al humanismo con frecuencia paganizante un rostro cristiano convirtiéndolo en un humanismo de la esperanza, reconociendo que Cristo “revela el hombre al propio hombre y le descubre la dignidad de su vocación” porque en cierto modo se ha unido a todo hombre.

Queridos Periodistas católicos, en vuestro peregrinar vais dejando las huellas del pensamiento y de la palabra en este fenómeno cultural global, sintiéndoos comprometidos a transmitir la verdad, piedra angular de la sociedad de información, con amabilidad, finura de espíritu, respeto, cordialidad. Cuando el contenido que se comunica es equivocado, no se posibilita elaborar juicios justos y tomar decisiones adecuadas. La misión del periodista es un servicio a la verdad integral del hombre, ofreciendo a la sociedad todos los elementos que le ayuden a comprender la realidad sin olvidar la dimensión religiosa que no puede ser suprimida en el corazón humano. Sois alfareros de la palabra que nacéis en un río propio y desembocáis en el mar de la humanidad. Y esto exige competencia, profesionalidad y responsabilidad que garantizan la objetividad, el pluralismo y la libertad, valores que avalan el periodismo como servicio a la sociedad. Si es difícil una objetividad completa y total, no lo es la lucha por lograr la verdad, proponer la verdad, no manipular la verdad, siendo incorruptibles ante la verdad. Esta debe ser la fuente y el criterio de la libertad también en la información. Quiero recordar con vosotros el núcleo de vuestra ética profesional: “El que considera verdadero lo que es falso no es libre; el que afirma lo falso, manteniéndolo como verdadero, no es leal: y se puede faltar al respeto a la verdad tanto diciendo positivamente lo que es falso, como diciendo sólo una parte de la verdad, callando intencionadamente la otra”. Estáis llamados a ofrecer la verdad integral de los hechos y de la dignidad humana. La verdad fundamenta la ética. Esto os lleva a preguntar sobre el sentido de vuestra vocación humana y cristiana en el mundo de la comunicación.

Sabéis que la palabra escrita o hablada en si misma lleva la expresión de la persona que la escribe o la pronuncia. “En la palabra humana habita el hombre. Ella es su morada”. En este momento histórico nos damos cuenta que a medida que progresa la organización técnica de la sociedad moderna, la verdad va cayendo cada vez más infaliblemente en el terreno de la organización, de sus medios y de sus métodos, y, por lo mismo, el conformismo se convierte en regla universal tanto para los cristianos como para los demás. Y así se percibe que va desapareciendo la raza de los espíritus libres. “La independencia es una isla rocosa sin playas”. La libertad es el gran desafío que la comunicación social debe afrontar siempre para conquistar espacios de suficiente autonomía y poder iluminar siempre, no sembrar la confusión y evitar lo que pueda ser dictado por el deseo de seguir modas culturales que manipulan la condición del hombre. Vuestra pericia en el uso de la palabra escrita o hablada debe colaborar a la construcción de una sociedad justa, solidaria y fraterna. Como creyentes no os debéis dejar llevar ni por un optimismo ingenuo ni por un pesimismo desesperanzado. Nuestra sociedad necesita ser regenerada moral y espiritualmente pero debemos mirar hacia delante para discernir en clave positiva los signos de los tiempos y descubrir todo lo bueno y constructivo que el progreso nos ofrece para ponerlo al servicio de la humanidad, a pesar de las sombras que con demasiada frecuencia lo esconden a nuestros ojos. La noticia y la información no se venden como una mercancía como tampoco se vende el bien común. Vuestra profesión, siempre sacrificada, es para y por la comunidad. Que el apóstol Santiago, amigo y testigo del Señor, os acompañe con su patrocinio. Amén
JULIÁN BARRIO
ARZOBISPO DE SANTIAGO DE COMPOSTELA

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