Discurso de Mons. Claudio Maria Celli en la presentación de la edición de la revista “Vida Nueva” para Colombia

EL PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES ASISTIÓ EN BOGOTÁ A LA PRESENTACIÓN DE LA REVISTA: “Mi presencia en medio de ustedes es para animar a todos quienes sintiéndose parte de la Iglesia Católica viven su vocación desde y a través de la comunicación”.

Excelencia, señoras y señores:
Buenas tardes a todos ustedes. Me alegra estar aquí, junto con el Excmo. Mons. Juan Vicente Córdoba, Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia, hoy que se formaliza el inicio del lanzamiento de Vida Nueva Colombia. Un nuevo espacio comunicativo eclesial enraizado en esta tierra, pero al mismo tiempo con una vocación latinoamericana pues espera poder crear ediciones también en otros países.
Mi presencia en medio de ustedes es para animar a todos quienes sintiéndose parte de la Iglesia Católica viven su vocación desde y a través de la comunicación.
Después del primer documento conciliar Inter mirifica, la Iglesia ha hecho un largo camino impulsada por el extraordinario evento que fue el Vaticano II, y por el Magisterio de los grandes pontífices Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Hemos visto florecer en estos años un enorme número de obras de comunicación en todo el mundo: prensa, radio, televisión, Internet. Esta fecundidad resulta precisamente de que la Iglesia tomó conciencia de que su misión es comunicación. Y que la comunicación según Dios suscita comunión entre las personas. Y que las personas en comunión actúan como fermento en la masa de la sociedad. Nuestra identidad básica consiste en vivir y expresar la comunión que la Iglesia vive en Cristo, por Él y en Él, con el Padre y el Espíritu Santo. Signo visible, principio y fundamento perpetuo visible de la unidad de la fe y de la comunión es el Santo Padre y los Pastores unidos a él .
Junto a esta identidad compartida por todos, las iniciativas de comunicación en la Iglesia son muchas y diversas. Cada una responde a situaciones, necesidades, carismas específicos. Se expresan en estilos, sensibilidades y lenguajes distintos. Algunas tienen por vocación la catequesis y el servicio al cuerpo de la Iglesia en su interior; otras, hacen de puente entre la Iglesia y el mundo intentando hacer comprensibles la una al otro y viceversa. Otras más, bogan “mar adentro” para interpelar a los alejados y a quienes desconocen o rechazan lo poco que saben sobre el cristianismo. En cada caso el medio asume el lenguaje necesario para ser comprendido y establecer un diálogo con sus destinatarios e interlocutores. El mensaje amoroso del Evangelio es el mismo; pero las maneras y estilos en que se derrama por el mundo, son diversos según el Espíritu les inspira.
El Papa Juan Pablo II abrió decididamente la dimensión mediática de la misión eclesial y parecía difícil ir más allá. Pero no. El Santo Padre Benedicto XVI lo ha hecho, animando incansablemente a la Iglesia a realizar un auténtico servicio o diakonia de la cultura , de esta cultura que llamamos digital. Sabe que ello requiere conocimientos, buena teología y madurez humana. Pero no tiene temor de convocarnos a este desafío; desea que abramos espacios como el “patio de los gentiles” en el Templo de Jerusalén, que sean ámbitos de búsqueda de la verdad, de acercamiento al Misterio de Dios aunque éste sea apenas intuido por quienes allí acudan. La Iglesia se pone como servidora del hombre que busca a Dios aun a tientas, y lo hace con amor y humildad.
Sabemos, además, que los cristianos no tenemos en el mundo el monopolio del bien; el Espíritu sopla donde quiere; las Semillas del Verbo están presentes en todas las culturas. Los medios eclesiales hacen bien en señalar todo lo bueno que ya hay en las sociedades a las que sirve, sean o no cristianas. Eso es hacer una forma de profetismo que podríamos llamar “de Nuevo Testamento”: surge de la convicción de que el Resucitado nos precede en la misión. Creo que eso es lo que Vida Nueva se propone hacer, cuando dice que desea ser “una voz significativa en la sociedad y una voz libre, clara, respetuosa y propositiva.”
Cuando a los periodistas les adorna una auténtica profesionalidad, el amor a la verdad y la integridad, generan respeto y adhesión. Parece ser el caso de las personas que llevarán la revista aquí en Colombia. Les deseo un buen trabajo en su servicio a la Iglesia y a la sociedad colombiana.

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