Benedicto XVI reitera la invitación realizada en Chipre a testimoniar el Evangelio en Oriente Medio y lograr así un futuro de paz


Como es habitual después de un viaje fuera de Italia, el Santo Padre dedicó el encuentro semanal con los fieles de ayer miércoles en el que participaron algunos obispos españoles, entre ellos los arzobispos de Oviedo y Granada: monseñores Carlos Osoro y Javier Martínez respectivamente, y los obispos: Mons. Joan Piris, de Lleida; Mons. Bernardo Álvarez, de Tenerife; Mons. Ginés Beltrán, de Guadix; y los auxiliares de Valencia: Mons. Esteban Escudero y Mons. Enrique Benavent, para explicar su reciente peregrinación a Chipre, que tuvo lugar del 4 al 6 de junio.

El Pontífice califico este reciente viaje apostólico como “un evento histórico”, por ser la primera vez que el Obispo de Roma visita “estas tierras bendecidas por el trabajo apostólico de san Pablo y san Bernabé”, según ha informado Radio Vaticano. Siguiendo las huellas de los dos apóstoles, dijo el Papa, “he viajado para confirmar a todos los católicos de Oriente Medio en la fe y para animarlos a proseguir sus esfuerzos por la unidad de la Iglesia.

El Papa se refirió además a “la emotiva celebración de Paphos, en la que participó el arzobispo ortodoxo Chrysostomos II y donde todas la Iglesias renovaron su compromiso ecuménico, manifestando el deseo de una comunión plena y visible entre ortodoxos y católicos.

También recordó que Nicosia se encontró con “los tres ritos que componen la comunidad católica: maronita, armenio y latino, invitándolos a testimoniar el Evangelio para una paz duradera y una armonía entre las religiones y las culturas”; a la vez que invitó a los católicos a que “no emigren, pues su presencia -dijo- es un signo irremplazable de esperanza”.

Finalmente, Benedicto XVI aludió a la entrega -después de la Eucaristía en Nicosia- del “Instrumentum laboris” o documento de trabajo de la próxima Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Oriente Medio, que se celebrará en la Ciudad del Vaticano sobre el tema: “La Iglesia católica en Oriente Medio: comunión y testimonio”. Al respecto, el Papa manifestó su deseo de que el Espíritu Santo fecunde los esfuerzos para ser “un solo corazón y una sola alma”, y para construir juntos un futuro de paz, de amistad y de fraternidad.

Este fue el resumen que de su catequesis hizo el Santo Padre para los fieles en español.

Queridos hermanos y hermanas:

Quisiera comentar mi viaje a Chipre, que puede definirse como evento histórico, pues ha sido la primera vez que el Obispo de Roma ha visitado esa tierra. Bajo el lema “un solo corazón y una sola alma”, y siguiendo las huellas del Apóstol de los gentiles, he peregrinado a esa Isla, sobre todo, para confirmar en la fe a las comunidades católicas, animándolas a seguir recorriendo el camino de unidad, que ya existe con las Iglesias hermanas, especialmente con los ortodoxos. Asimismo, he querido desde allí abrazar espiritualmente a todas las poblaciones del Medio Oriente, y dirigir un encarecido llamamiento a todos los católicos de esa región para que, a pesar de las grandes dificultades que atraviesan, no caigan en la tentación de emigrar, pues su presencia allí es un signo insustituible de esperanza. Muy importante ha sido también la entrega del Instrumentum laboris de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente, que se celebrará en Roma el próximo mes de octubre. Expreso nuevamente a todos mi gratitud por la calurosa acogida que me han dispensado.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los procedentes de España, Argentina, México, Perú y otros países latinoamericanos. Os invito a rezar por los sacerdotes, en estos días previos a la clausura del Año Sacerdotal, y a acompañarlos siempre con vuestro afecto. Muchas gracias.

Al saludar en diversas lenguas a los numerosos grupos de peregrinos, el Papa agradeció a los polacos las oraciones elevadas durante su viaje a Chipre. Y recordó que el nuevo beato polaco, el padre Jerzy Popiełuszko enseñaba el amor y la solidaridad hacia quienes tienen necesidad de un apoyo espiritual o material. Por esta razón, Benedicto XVI encomendó a su protección a todos los que sufren a causa de los aluviones que se produjeron en Polonia y a quienes les proporcionan ayuda.

Al saludar a los húngaros, el Santo Padre se dirigió de modo especial a los miembros del grupo de Gyöngyöstarján, a la vez que recordó que esta semana celebraremos la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, símbolo del amor de Jesús al Padre y del amor por cada uno de nosotros. “En la conclusión del Año Sacerdotal –les dijo– os encomiendo al Sagrado Corazón”.

También hablando en eslovaco el Pontífice recordó que el próximo viernes concluiremos el Año sacerdotal. Por esta razón los invitó a rezar por sus sacerdotes, “a fin de que en su ministerio anuncien fielmente el Evangelio y celebren dignamente los misterios divinos”.

Dirigiendo su cordial bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, el Obispo de Roma saludó a los participantes en el capítulo general de los Misioneros de África, conocidos como “Padres Blancos”, a quienes les aseguró un recuerdo en su oración, para que sean cada vez más dóciles a la acción del Espíritu Santo, trabajando por el Reino de Dios con paciencia y esperanza, en África y en el mundo.

Asimismo, entre otros grupos italianos, el Papa saludó a los niños de Primera Comunión de la diócesis de Castellaneta, acompañados por su obispo, Mons. Pietro Fragnelli, manifestando su deseo de que crezcan en la amistad con Jesús, para testimoniar su amor a sus coetáneos.

Seguidamente, el Santo Padre recordó a los presentes que la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que celebraremos pasado mañana, marcará la conclusión del Año Sacerdotal. “Miles de sacerdotes de todas partes del mundo –dijo– se reunirán en Roma para alabar al Señor y renovar su propio empeño”. E invitó a todos a participar en este evento con la oración.

El saludo final del Papa, como es costumbre, lo reservó a los jóvenes, enfermos y recién casados presentes. A los queridos jóvenes les pidió que sigan empeñándose con su propio entusiasmo en la construcción de una civilización cuyos fundamentos sean la verdad y amor, la paz y la solidaridad. A los enfermos les recomendó que unan sus sufrimientos al infinito amor del Corazón de Cristo para la salvación de la humanidad, mientras a los recién casados les encomendó que sepan progresar cada vez más por el camino del amor y del respeto recíproco.

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