Una guardería junto al Muro

Una barrera de separación constituida por un muro de 8 metros de alto: por una parte Israel, por otra Cisjordania. Cerca del muro, en la parte de Belén, una guardería de niños. Estamos en el campo de refugiados de Aida, que visitó Benedicto XVI hace un año. Aquí viven aproximadamente 7.000 personas. Pero la guardería acogerá a pequeños invitados provenientes de Belén, Beit Jala y Bet Sahour.

«Porque cada hombre, cada pueblo pide espacio, pide camino para la vida…un corazón para amarnos, y si queremos, también una oración para involucrar a Dios, pero debemos estar de acuerdo y hacer la paz».

Es una iniciativa nacida de la colaboración entre las Hermanas Franciscanas Misioneras del Corazón Inmaculado de María y algunos benefactores de la provincia de Lodi, al norte de Italia. El objetivo es sacar a los niños de la calle.

«Porque cada vez que las personas van por ahí, encuentran sólo niños pequeños abandonados por las calles que juegan entre la basura, frente al muro. Una guardería como esta significa dar sentido, acoger y dar vida, el secreto de vivir. La casa existía antes como maternal. Después durante la Intifada fuimos obligados a cerrar porque el autobus que transportaba a los niños fue bombardeado. Gracias a Dios ninguno murió».

La casa fue inaugurada con una celebración eucarística y la bendición de la misma. Ahora todo está listo. Faltan solamente los niños.

«La puerta de la guardería está abierta a niños de 3 a 8 meses para arriba…la guardería está ya lista con las puertas abiertas de par en par para todos».

Las puertas están abiertas a todos. Los visitantes gozan de la calurosa estructura preparada con el corazón y con mucho afecto. También los adultos se unen a los juegos.

Una tarde de novedades que vuelve a los niños del campo de refugiados de Aida felices y curiosos.

Agencia SIC
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