Pentecostés en el Cenáculo

El domingo de Pentecostés, en Jerusalén, allá donde tuvo lugar la efusión del Espíritu Santo, los franciscanos dirigen la oración de las Vísperas en el Cenáculo, en el mismo lugar en que una fundada tradición identifica como aquello en donde ocurrió lo que cuentan los Hechos de los Apóstoles.

«Aquí en este mismo lugar, de repente, vino del cielo un sonido, como la irrupción de un viento impetuoso, que llenó la casa en que se encontraban».

Existen cristianos que viven en Jerusalén como peregrinos, una pequeña asamblea de diversa procedencia, que casi representa la univesalidad de la Iglesia dispersa en el mundo, que a partir de aquí inician su camino. Oración, recogimiento, y como aquel día, muchas lenguas diversas, cada uno reza en la suya el Padrenuestro.

Aquí en el Cenáculo, hoy como entonces, no es difícil advertir la presencia y la fuerza de aquél Espíritu, capaz todavía de guiar a la Iglesia de Cristo y su misión de testimonio en Jerusalén y en el mundo. Y este año, precisamente desde aquí retoma fuerza y un nuevo impulso una misión particular, la del sacerdote Pierbattista Pizzaballa, reconfirmado Custodio de Tierra Santa por otros tres años, como anuncia el sacerdote Francesco Bravi.

¿Cuál es el significado para el Custodio celebrar Pentecostés en el Cenáculo, al día siguiente de su reconfirmación?

«Quiere decir una vez más, si no hubiera quedado claro que debemos poner todo bajo la acción del Espíritu que mueve, actúa, opera en la Iglesia y que nos pide que lo escuchemos. El deseo que tengo es confiar siempre y mucho en la Providencia de Dios y menos en nuestras capacidades. Saber que todo es movido por su Providencia, que este edificio, esta tarea, esta Iglesia no nos pertenece, le pertenece a él, nosotros somos sus instrumentos, es decir, ponernos en esta perspectiva ayuda también a mirar con una perspectiva distinta nuestra vida, obra de Dios y también la realidad en la cual debemos actuar. Este es el deseo que nos hago, a los hermanos sobre todo, pero también a toda la Iglesia, como este día demuestra, y quizá es también simbólico y significativo trabajar más en la comunión que no significa uniformidad de ideas sino unidad de intenciones».

¿Cómo afrontar todas las dificultades de esta tierra?

«Son tantas las dificultades, somos pocos, pequeños como cristianos pero tenemos un gran y grave deber de testimonio delante de todas las realidades en las cuales nos encontramos y nuestro primer testimonio es la vida».

El Cenáculo y la Custodia de Tierra Santa son un binomio indisoluble que lleva directamente a lo primordial de la presencia franciscana en Tierra Santa. El Custodio, de hecho, lleva el título de Guardián del Monte Sion.

«El primer lugar en donde los franciscanos iniciaron su actividad fue precisamente en el Cenáculo, del que fuimos después excluidos en 1551, pero el título permaneció como también nuestro deseo de volver a este lugar en nombre de la Iglesia, pero sobre todo con el elemento que nos acompaña siempre, ser siempre movidos, en comunión con la Iglesia bajo la acción del Espíritu».

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