Carta del obispo de Córdoba con motivo del X Congreso Eucarístico Nacional en Toledo


Dios es la alegría de mi juventud

Queridos hermanos y hermanas:
Del 27 al 30 de mayo se celebra en Toledo el X Congreso Eucarístico Nacional con el lema: “Me acercaré al altar de Dios, la alegría de mi juventud”. Es una ocasión preciosa para reunirnos en torno al altar, donde está presente Jesús sacramentado. Él es nuestra alegría.
La Conferencia Episcopal Española, siguiendo el itinerario marcado por su Plan Pastoral 2006-2010, cuyo título es precisamente “Yo soy el pan de vida” (Jn. 6, 35), convoca este Congreso Eucarístico para ayudar a los católicos españoles a vivir la Eucaristía que nos dejó el Señor, con una mayor intensidad. De este modo, la contemplación, la evangelización que transmite la fe, la vivencia de la esperanza y el servicio de la caridad se fortalecerán en el pueblo cristiano.

Acudirán muchas personas de toda España: obispos, sacerdotes, consagrados, fieles laicos. Preside incluso un Legado Pontificio, el cardenal Sodano, que nos hará presente al Sucesor de Pedro. Pero serán muchísimos más los que no puedan acudir personalmente a este acontecimiento. Os invito a todos a uniros espiritualmente desde vuestras comunidades y parroquias, teniendo incluso algún acto eucarístico de adoración del Santísimo Sacramento en estos días señalados, que por otra parte nos preparan a la fiesta del Corpus Christi.

¿Para qué sirve un Congreso Eucarístico convocado para toda España? Quiere ser una llamada de atención a todos los católicos españoles para que valoremos más y más el sacramento de la Eucaristía, el tesoro más importante que tiene la Iglesia de todos los tiempos. Instituido por Jesucristo en la última Cena, el sacramento de la Eucaristía contiene al mismo Jesús, que murió por nosotros y vive resucitado y glorioso junto al Padre. El está junto a nosotros “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20), como nos ha prometido.

La Eucaristía es el sacramento del amor de Cristo a los hombres, que alimenta el amor cristiano en todos los que se acercan a él: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15, 13). Comer a Cristo en la Eucaristía es comulgar con su actitud generosa de entrega al Padre y a los hombres. Él nos comunica el Espíritu Santo para transmitirnos sus mismas actitudes. Toda la vida de Cristo ha sido un culto de adoración al Padre y de entrega a los hombres. El que comulga prolonga estas actitudes en su propia vida para el mundo de hoy.

La Eucaristía perpetúa el único sacrificio redentor de Cristo, que fue ofrecido en la Cruz por todos los hombres, para el perdón de los pecados y para abrirnos de par en par las puertas del cielo: “Yo por ellos me ofrezco en sacrifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19). Toda la caridad cristiana tiene su fuente y su alimento continuo en este sacramento.

La Eucaristía es alimento de vida eterna, que anticipa en nosotros la inmortalidad: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6, 54). Jesús en la Eucaristía es amigo, compañero de camino, confidente. Es nuestro consuelo y nuestra alegría.

Que el Congreso Eucarístico Nacional de Toledo avive en nosotros el aprecio a este Santísimo Sacramento. Con mi afecto y bendición.

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

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