Benedicto XVI a los obispos italianos: «No podemos ceder al desaliento y a la resignación»


Benedicto XVI recibio ayer a los participantes en la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana. Cita anual, ha señalado el Papa – Obispo de Roma – reiterando su alegría al poder compartir los temas de la misión pastoral de los obispos de esta nación.
«El Espíritu Santo guía a la Iglesia en el mundo y en la historia». Destacando la importancia de la comunión eclesial, el Santo Padre ha agradecido las palabras del arzobispo de Génova y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana:
«Agradezco al cardenal Angelo Bagnasco por las amables e intensas palabras que me ha dirigido, haciéndose intérprete de vuestros sentimientos: el Papa sabe que puede contar siempre con los Obispos italianos. En vosotros saludo a las comunidades diocesanas encomendadas a vuestros cuidados, al tiempo que extiendo mi pensamiento y cercanía espiritual a todo el pueblo italiano».
Reflexionando sobre el tema de la educación, elegido por los obispos de Italia para sus caminos pastorales de los próximos diez años –Benedicto XVI ha invitado a los prelados italianos, a los padres de familia, a los profesores, maestros, catequistas y sacerdotes a no desalentarse ante las dificultades del momento presente. Ante el ritmo de vida cada vez más apremiante y un contexto cultural que, a menudo llega a poner en tela de juicio, incluso, la dignidad de la persona y el significado de la verdad y del bien.
«No podemos ceder al desaliento y a la resignación», ha afirmado el Papa, recordando que «educar nunca fue algo fácil» y que «la sed que los jóvenes llevan en el corazón es un pedido de significado y de relaciones humanas auténticas, que los ayude a no sentirse solos ante los desafíos de la vida:
«Es anhelo de un futuro, hecho menos incierto por una compañía segura y de fiar, que se acerca a cada uno con delicadeza y respeto, proponiendo valores firmes, a partir de los cuales crecer hacia metas altas, pero alcanzables. Nuestra respuesta es el anuncio del Dios amigo del hombre, que en Jesús se hizo prójimo a cada uno».
«La transmisión de la fe es parte irrenunciable de la formación integral de la persona, porque en Jesucristo se realiza el proyecto de una vida lograda: como enseña el Concilio Vaticano II, ‘El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre’ (Gaudieum et spes, 41)». Una vez más, Benedicto XVI ha hecho hincapié en que «el encuentro personal con Jesús es la clave para percibir la importancia de Dios en la existencia cotidiana, el secreto para consumirla en la caridad fraterna, la condición para volverse a levantar siempre de las caídas y estar impulsados constantemente a la conversión».
Sin olvidar que la tarea educativa requiere ‘lugares creíbles: en primer lugar la familia, con su papel peculiar e irrenunciable. La escuela, horizonte común más allá de las pertenencias religiosas y de las opciones ideológicas. La parroquia, lugar de experiencia que conduce a la fe, en el tejido de las relaciones cotidianas», el Papa ha subrayado que en cada uno de estos ambientes «es decisiva la calidad del testimonio, camino privilegiado de la misión eclesial». Estamos llamados a reimpulsar la evangelización, ha reiterado Benedicto XVI, destacando la importancia de la purificación y la justicia:
«La voluntad de promover una renovada estación de evangelización no esconde las heridas que han marcado a la comunidad eclesial, por la debilidad y el pecado de algunos de sus miembros. Esta humilde y dolorosa admisión no debe, sin embargo, hacer olvidar el servicio gratuito y apasionado de tantos creyentes, a partir de los sacerdotes. El año especial ha querido constituir una oportunidad para promover su renovación interior, como condición para un compromiso evangélico y ministerial más incisivo. Al mismo tiempo, nos ayuda también a reconocer el testimonio de santidad de cuantos, con el ejemplo del Cura de Ars – se entregan sin reservas para educar a la esperanza, a la fe y a la caridad. En esta perspectiva, lo que es motivo de escándalo, debe volverse para nosotros un llamado a ‘una profunda necesidad de volver a aprender la penitencia, aceptar la purificación, aprender, por una parte el perdón, por otra la necesidad de la justicia’ (Carta para la proclamación del Año Sacerdotal, 16 de junio de 2009).
Exhortando a los obispos italianos a perseverar en el compromiso educativo, con la ayuda del Espíritu Santo y confiando siempre en la juventud – saliendo al encuentro de los jóvenes, también en lo que respecta a las nuevas tecnologías de la comunicación – el Papa ha señalado, también hoy, que «no se trata de adecuar el Evangelio al mundo, sino de tomar del mismo Evangelio aquella perenne novedad, que consiente en todo tiempo poder encontrar las formas adecuadas para anunciar la Palabra que no pasa, fecundando y sirviendo a la existencia humana».
«Volvamos, pues, a proponer a los jóvenes la medida elevada y trascendente de la vida, entendida como vocación: llamados a la vida consagrada al sacerdocio, al matrimonio, que sepan responder con generosidad a la llamada del Señor, porque sólo así sabrán comprender lo que es verdaderamente esencial para cada uno», ha invitado Benedicto XVI, recordando luego que la formación de las nuevas generaciones interpela a todos los hombres de buena voluntad y a toda la sociedad:
«También en Italia, el presente está marcado por una incertidumbre de valores, evidente en la fatiga de tantos adultos de mantener los compromisos asumidos: ello es índice de una crisis cultural y espiritual, tan seria como la económica. Sería ilusorio pensar en contrastar una, ignorando la otra. Por esta razón, al tiempo que renuevo mi llamamiento a los responsables de la cosa pública y a los empresarios a hacer cuanto está en sus posibilidades para aliviar los efectos de la crisis de puestos de empleo, exhorto a todos a reflexionar sobre los presupuestos de una vida buena y significativa, que fundamentan la autoridad que educa».
«La Iglesia lleva en su corazón el bien común, que nos lleva a compartir recursos económicos e intelectuales, morales y espirituales, aprendiendo a afrontar juntos en un contexto de reciprocidad, los problemas y los desafíos», ha afirmado nuevamente el Papa refiriéndose a la celebración de la próxima Semana social de los católicos italianos. Benedicto XVI, Pastor universal y de la Ciudad Eterna, ha sellado su denso discurso recordando su oración a los pies de la Virgen de Fátima, por toda la familia humana:

«Llamado por gracia a ser Pastor de la Iglesia universal y de la espléndida Ciudad de Roma, llevo constantemente conmigo vuestras preocupaciones y vuestras expectativas, que en días pasados he colocado – junto con las de toda la humanidad – a los pies de la Virgen de Fátima. A Ella va nuestra oración: ¡Virgen Madre de Dios y Madre nuestra queridísima, que tu presencia haga volver a florecer el desierto de nuestras soledades y brillar el sol sobre nuestras oscuridades, que haga volver la calma después de la tempestad, para que cada hombre vea la salvación del Señor, que tiene el nombre y el rostro de Jesús, reflejado en nuestros corazones, por siempre unidos al tuyo! ¡Así sea! (Fátima 12 de mayo de 2010) Os agradezco y bendigo de todo corazón».

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