Carta de Mons. Antonio Ceballo con motivo de la Jornada "Pro Orantibus"


¡Venid adoradores!
En la Jornada Pro Orantibus 2010.

Mis queridos diocesanos:

El próximo domingo 30 de mayo, Solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos en todas las Diócesis de España la Jornada Pro Orantibus, con el lema: “¡Venid adoradores!”, motivado por el Congreso Eucarístico Nacional que se celebrará en Toledo. En esta Jornada recordamos de un modo particular a las mujeres y hombres que dedican su vida a seguir más de cerca a Cristo, cuando se retiraba al monte a orar en la soledad de la noche, como expresión de su amor al Padre y para interceder en favor de toda la familia humana.

1. ¡Oh Dios mío, Trinidad que yo adoro!

Este Domingo de la Santísima Trinidad es un domingo de amorosa contemplación, gratitud y alabanza. La Iglesia hunde sus raíces en el misterio trinitario. La Iglesia es un misterio de comunión y misión, que sólo se puede entender desde la Trinidad.

Nuestro Dios trinitario no es, pues, una divinidad como la pensó el deísmo, que haya creado el mundo para después desinteresarse de él y abandonarle a su suerte dejándole regirse por sus propias leyes. Es un Dios que ha actuado y sigue actuando en la historia por la misión del Hijo y del Espíritu Santo, que se interesa por nosotros, tiene solicitud por los hombres y nos ama: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca, ninguno de los que creen en Él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3, 16).

Por esto, la contemplación del Dios trino no nos puede aislar de las necesidades de los hombres, sino que nos lleva a interesarnos por ellos. Ante un Dios que ha amado de tal modo al mundo que ha entregado a su Hijo hasta la muerte y muerte de cruz, el Espíritu que actúa en nosotros, nos arrastra a participar de esa inmensa corriente de amor hacia los hombres, a pedir que su voluntad se cumpla en todos, su nombre sea santificado por todos, su Reino venga a todos.

2. Asidua oración y contemplación
Por mucho que urja la necesidad del apostolado activo, estos hombres y mujeres, que se consagran a Dios en soledad y silencio, en asidua oración y contemplación, ocupan siempre un puesto preeminente en el Cuerpo místico de Cristo, son honra de la Iglesia y hontanar de gracias celestes (cf. Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis 7). Han buscado el retiro y la soledad no por comodidad, sino para participar de modo más universal de los trabajos, sufrimientos y esperanzas de todos los hombres. Ellos están como en el corazón del mundo, viven dentro del corazón de la Iglesia.

3. Ocho monasterios femeninos de clausura
Por todo ello, el recuerdo de los ocho monasterios femeninos de nuestra Diócesis de Cádiz y Ceuta, debe estar saturado de simpatía y agradecimiento. Se convierte, además, en plegaria por todas ellas, para que el Señor les conceda la fidelidad y perseverancia en su vocación y la perfección de la caridad en el crecer constante en Cristo.

Al rogar con gratitud por todas ellas, nos sentimos también estimulados por su ejemplo para vivir la dimensión contemplativa de nuestro ser cristiano. La vida contemplativa tiene, en efecto, un valor de signo y de testimonio. Nos recuerda a los que vivimos inmersos en nuestras actividades que “sólo hay una cosa necesaria” (Lc 10, 42): la escucha de la Palabra de Dios. Si se quiere vivir una vida cristiana auténtica es necesaria la oración y la contemplación.

4. ¡Venid adoradores!
¡Venid adoradores!, la vida contemplativa es un cenáculo eucarístico. Con nuestros contemplativos en sus cenáculos seamos verdaderos adoradores. La contemplación de María de Betania es tan fecunda para el crecimiento de la Iglesia como la actividad de Marta. La Iglesia que escucha la Palabra y la Iglesia que anuncia la Palabra son dos aspectos de la misma Iglesia, que se influyen mutuamente. El teólogo Urs von Balthasar, a quien debemos tan bellas y profundas páginas sobre la estructura trinitaria de la oración cristiana y su inseparable dimensión eclesial, opinaba que debíamos a Santa a Teresa de Lisieux el “descubrimiento” de la fecundidad evangelizadora de la contemplación; aún pensando que ya Santa Teresa, la grande, tenía la misma intuición de servicio a la Iglesia al fundar los carmelos teresianos (cf. Camino de perfección, cap. 1-3). No podemos dejar de reconocer el papel providencial en este sentido de la “pequeña Teresa” que ha sido reconocido por la Iglesia.

El Papa Benedicto XVI expresa “admiración y apoyo a los Institutos de vida consagrada cuyos miembros dedican una parte importante de su tiempo a la adoración eucarística. De este modo ofrecen a todos el ejemplo de personas que se dejan plasmar por la presencia real del Señor” (Exhortación apostólica postsinodal Sacramentum caritatis, 67). La vida litúrgica, y en concreto, la adoración eucarística, es respuesta amorosa a la sentencia de Cristo: “el Padre busca adoradores en espíritu y en verdad” (cf. Jn 4, 23).

5. La vida contemplativa es insustituible
El servicio que la vida contemplativa presta a la Iglesia en orden a la evangelización es insustituible: “Sin la oración y contemplación, nuestro esfuerzo sería vano y nuestra esperanza sin fundamento” (Juan Pablo II, Mensaje a las religiosas contemplativas de América Latina, 1989). Esta es la razón por la que recurro a vosotras, queridas religiosas contemplativas, porque sé que vivís en verdaderos cenáculos contemplativos y estáis abiertas a ayudar a otros. Estoy dispuesto a abrir un monasterio de clausura en el Campo de Gibraltar y otro en Ceuta.

Que la Virgen Santísima, Madre y modelo de la vida consagrada y mujer eucarística, bendiga vuestros monasterios con abundantes vocaciones y les obtenga la fidelidad en su santa vocación, para gloria de Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza
Obispo de Cádiz y Ceuta

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