Benedicto XVI afirma que el desarrollo integral de los pueblos no se alcanza sólo con bienes materiales


Benedicto XVI ha recordado a los participantes en el Encuentro de estudio de la Fundación Centesimus Annus – Pro Pontifice, que «la visión cristiana del desarrollo, del progreso y del bien común, como emerge en la Doctrina Social de la Iglesia, responde a las expectativas más profundas del hombre» y ha agradecido a estos queridos amigos por su compromiso en profundizar en ella y por difundirla, pues es un válido aporte para edificar la ‘civilización del amor’. El Papa, según Radio Vaticano, ha destacado su gran aprecio por la reflexión centrada en la ‘relación entre desarrollo, progreso y bien común’:
En efecto, hoy más que nunca, la familia humana puede crecer como sociedad libre de pueblos libres, cuando la globalización es guiada por la solidaridad y por el bien común, así como por la relativa justicia social, que encuentran en el mensaje de Cristo y de la Iglesia un manantial precioso

Haciendo hincapié en que en la actualidad, la crisis y las dificultades que sufren las relaciones internacionales, los estados, la sociedad y la economía se deben en gran medida a la carencia de confianza y de una inspiración solidaria adecuada, creativa y dinámica, que tenga como meta el bien común y que conduzca a relaciones auténticamente humanas y de amistad, de solidaridad y de reciprocidad – también en el marco de la actividad económica – el Santo Padre ha evocado su Encíclica Caritas in veritate:

Uno de los mayores riesgos en el mundo actual es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponda con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano (n. 9) Dicha interacción, por ejemplo, parece ser demasiado débil en aquellos gobernantes que, ante renovados episodios de especulaciones irresponsable en relación de los países más débiles, no reaccionan con adecuadas decisiones de gobierno de la finanza. La política debe tener la primacía sobre la finanza y la ética debe oriental toda actividad

Una vez más, Benedicto XVI ha alentado a asegurar que el orden económico y productivo sea socialmente responsable y con una dimensión humana, con una acción conjunta y unitaria en varios ámbitos, también en el internacional. Así como a sostener la consolidación de sistemas constitucionales jurídicos y administrativos en los países que todavía no cuentan con ello plenamente.

En una sociedad en vías de globalización, el bien común y el esfuerzo por él, han de abarcar necesariamente a toda la familia humana, es decir, a la comunidad de los pueblos y naciones. dando así forma de unidad y de paz a la ciudad del hombre, y haciéndola en cierta medida una anticipación que prefigura la ciudad de Dios sin barreras.

Sin olvidar que «las ayudas económicas deberían ir acompañadas de aquellas medidas destinadas a reforzar las garantías propias de un Estado de derecho, un sistema de orden público y de prisiones respetuoso de los derechos humanos y a consolidar instituciones verdaderamente democráticas», ( cfr 41) el Santo Padre ha puesto de relieve la importancia – fundamental y prioritaria en vista del desarrollo de toda la familia de los pueblos – de establecer una ‘verdadera escala de bienes y valores’:

El desarrollo integral de los pueblos, objetivo central del bien común universal, no se alcanza sólo con la difusión empresarial, de los bienes materiales y cognoscitivos, como la vivienda y la instrucción. Se logra en especial con el incremento de opciones buenas que son posibles cuando existe la noción de un bien humano integral

En una sociedad mundial, integrada por muchos pueblos y religiones distintas, el bien común y el desarrollo integral se alcanzan con la contribución de todos, ha dicho también Benedicto XVI:

En ello, las religiones son decisivas, en especial cunado enseñan la fraternidad y la paz, porque educan a dar espacio a Dios y a estar abiertos a lo trascendente, en nuestras sociedades marcadas por la secularización. La exclusión de las religiones en ámbito público, así como – en otro orden de cosas – el fundamentalismo religioso, impiden el encuentro entre las personas y su colaboración en favor del progreso de la humanidad; la vida de la sociedad se empobrece de motivaciones y la política asume un rostro opresor y agresivo

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