El santuario de Nuestra Señora de Guadalupe

Hablar de Guadalupe es hablar de esperanza, pues ella nos dice junto a toda la humanidad: “No temas nada, hijo mío. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegria?”  (versículo 119 Nican Mopohua).

Nuestra Señora de Guadalupe ha querido manifestarse a la humanidad a través de un pobre indio, Juan Diego Cuahtlatoatzlin, canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002. 

Conocida como “la Morenita”, (La Virgen morena), Ella se apareció en diciembre de 1531 a Juan Diego en el cerro del Tepeyac, en el corazón de México. Un hecho testificado no sólo por la tradición popular, sino también por un documento histórico escrito en lengua náhuatl, la lengua azteca, y titulado “Nican Mopohua”.

El “Nican Mopohua”, que significa “Aquí se narra…”, describe las 5 apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego y la milagrosa estampación en la tilma, una manta de calidad modesta,  de fibras de agave.

Durante una aparición, la Virgen solicitó a Juan Diego que fuera con el obispo de México, Juan de Zumárraga y pidiera que le construyeran un templo en su honor en la cima de la colina. Escéptico, el obispo reclamó una señal para testificar la veracidad del pedido de María a través de su humilde mensajero.
Juan Diego vio otra vez a la Santa Virgen y le comentó la petición  del obispo. Ella le dijo: “Bien hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido”. Así, la Virgen pidió a Juan Diego que vaya a la cima de la colina de Tepeyac, que recoja allí unas flores y se las lleve.
Tepeyac está cerca de la ciudad de México, a 2500 metros de altitud. Aquel día era un 11 de diciembre, en pleno invierno. Sin embargo, donde antes sólo había cardos y espinas, Juan Diego descubrió las magníficas flores de la región de Castilla, especialmente las rosas que brillan bajo las gotas del rocío. Cogió el ramo de flores, lo puso en su poncho y luego bajó donde estaba la Virgen.
La Dama cogió las flores, las acomodó en la túnica de Juan Diego y precisó: “Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de flores es la prueba y señal que llevarás al obispo”.
El indio regresó entonces al palacio del obispo. Le dijo que la Santa Virgen le había pedido que  fuera a recoger las flores para darle la señal que él quería, y desenvolvió su túnica delante de él: las flores cayeron y sobre la manta se imprimió el retrato de la Virgen.
Ella tiene las manos juntas, la mirada baja y está revestida con un velo salpicado de 46 estrellas doradas. Embarazada, tiene el rostro muy dulce y radiante, la mirada tierna y pura, tan humana y  sobrenatural, que al verla, el obispo y los que lo rodeaban, se sorprendieron y se arrodillaron.

El obispo Zumárraga pidió perdón a la Santísima Virgen por no haber realizado inmediatamente su voluntad, y ordenó muy pronto la construción del santuario que  conserva el retrato de Nuestra Señora de Guadalupe.

La imagen impresa en el manto de Juan Diego se conserva inexplicablemente en su estado original, luego de más de 470 años en un tejido que usualmente se deteriora en una veintena de años. Este milagro ha sido confirmado por diversos estudios científicos y reconfirmado por la Iglesia Católica con la canonización de San Juan Diego. 

En el Santuario de Guadalupe, conocido como “La Villa”, los fieles veneran la imagen conservada intacta, impresa sobre las dos caras del tejido de fibra vegetal.  Los colores no provienen de ningun pigmento conocido sobre la tierra y la imagen está pintada en 4 técnicas diferentes sin ningún rastro de pincel.

La Virgen tiene las manos juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. Su rostro es mestizo. Una flor de 4 petálos que simboliza la divinidad y evoca la espera de Jesucristo está colocada sobre su vientre desde donde emana una luz intensa que forma una halo luminoso.

“La Villa” recibe alrededor de 19 millones de peregrinos al año. Y el 12 de diciembre, día de la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, alrededor de 95 mil personas de todo el mundo visitan el santuario.

La “Morenita” ha sido declarada “Patrona de América” por el Papa Pio XII y  “Emperatriz de América” por el Papa Juan Pablo II. Desde 1531 se le confió la evangelización de América.

Oración:

Hermosa Virgen de Guadalupe,
te pido en nombre de todos mis hermanos del mundo
que nos bendigas y nos protejas.
Danos una prueba de tu amor y bondad
y recibe nuestras plegarias y oraciones.

Virgen de Guadalupe,
que en tus apariciones celestiales de la colina del Tepeyac,
aseguraste mostrar tu amor,
compasión y auxilio
a los que te amaran y acudieran a ti
en sus necesidades y afflicciones;
y también nos prometiste escuchar y remediar
nuestras meserias, penas y dolores.
Amen.

http://www.mariedenazareth.com
http://www.sancta.org

Hablar de Guadalupe es hablar de esperanza, pues ella nos dice junto a toda la humanidad: “No temas nada, hijo mío. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegria?”  (versículo 119 Nican Mopohua).

Nuestra Señora de Guadalupe ha querido manifestarse a la humanidad a través de un pobre indio, Juan Diego Cuahtlatoatzlin, canonizado por el Papa Juan Pablo II el 31 de julio de 2002. 

Conocida como “la Morenita”, (La Virgen morena), Ella se apareció en diciembre de 1531 a Juan Diego en el cerro del Tepeyac, en el corazón de México. Un hecho testificado no sólo por la tradición popular, sino también por un documento histórico escrito en lengua náhuatl, la lengua azteca, y titulado “Nican Mopohua”.

El “Nican Mopohua”, que significa “Aquí se narra…”, describe las 5 apariciones de la Virgen de Guadalupe a San Juan Diego y la milagrosa estampación en la tilma, una manta de calidad modesta,  de fibras de agave.

Durante una aparición, la Virgen solicitó a Juan Diego que fuera con el obispo de México, Juan de Zumárraga y pidiera que le construyeran un templo en su honor en la cima de la colina. Escéptico, el obispo reclamó una señal para testificar la veracidad del pedido de María a través de su humilde mensajero.
Juan Diego vio otra vez a la Santa Virgen y le comentó la petición  del obispo. Ella le dijo: “Bien hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al obispo la señal que te ha pedido”. Así, la Virgen pidió a Juan Diego que vaya a la cima de la colina de Tepeyac, que recoja allí unas flores y se las lleve.
Tepeyac está cerca de la ciudad de México, a 2500 metros de altitud. Aquel día era un 11 de diciembre, en pleno invierno. Sin embargo, donde antes sólo había cardos y espinas, Juan Diego descubrió las magníficas flores de la región de Castilla, especialmente las rosas que brillan bajo las gotas del rocío. Cogió el ramo de flores, lo puso en su poncho y luego bajó donde estaba la Virgen.
La Dama cogió las flores, las acomodó en la túnica de Juan Diego y precisó: “Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de flores es la prueba y señal que llevarás al obispo”.
El indio regresó entonces al palacio del obispo. Le dijo que la Santa Virgen le había pedido que  fuera a recoger las flores para darle la señal que él quería, y desenvolvió su túnica delante de él: las flores cayeron y sobre la manta se imprimió el retrato de la Virgen.
Ella tiene las manos juntas, la mirada baja y está revestida con un velo salpicado de 46 estrellas doradas. Embarazada, tiene el rostro muy dulce y radiante, la mirada tierna y pura, tan humana y  sobrenatural, que al verla, el obispo y los que lo rodeaban, se sorprendieron y se arrodillaron.

El obispo Zumárraga pidió perdón a la Santísima Virgen por no haber realizado inmediatamente su voluntad, y ordenó muy pronto la construción del santuario que  conserva el retrato de Nuestra Señora de Guadalupe.

La imagen impresa en el manto de Juan Diego se conserva inexplicablemente en su estado original, luego de más de 470 años en un tejido que usualmente se deteriora en una veintena de años. Este milagro ha sido confirmado por diversos estudios científicos y reconfirmado por la Iglesia Católica con la canonización de San Juan Diego. 

En el Santuario de Guadalupe, conocido como “La Villa”, los fieles veneran la imagen conservada intacta, impresa sobre las dos caras del tejido de fibra vegetal.  Los colores no provienen de ningun pigmento conocido sobre la tierra y la imagen está pintada en 4 técnicas diferentes sin ningún rastro de pincel.

La Virgen tiene las manos juntas en señal de recogimiento, en profunda oración. Su rostro es mestizo. Una flor de 4 petálos que simboliza la divinidad y evoca la espera de Jesucristo está colocada sobre su vientre desde donde emana una luz intensa que forma una halo luminoso.

“La Villa” recibe alrededor de 19 millones de peregrinos al año. Y el 12 de diciembre, día de la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, alrededor de 95 mil personas de todo el mundo visitan el santuario.

La “Morenita” ha sido declarada “Patrona de América” por el Papa Pio XII y  “Emperatriz de América” por el Papa Juan Pablo II. Desde 1531 se le confió la evangelización de América.

Oración:

Hermosa Virgen de Guadalupe,
te pido en nombre de todos mis hermanos del mundo
que nos bendigas y nos protejas.
Danos una prueba de tu amor y bondad
y recibe nuestras plegarias y oraciones.

Virgen de Guadalupe,
que en tus apariciones celestiales de la colina del Tepeyac,
aseguraste mostrar tu amor,
compasión y auxilio
a los que te amaran y acudieran a ti
en sus necesidades y afflicciones;
y también nos prometiste escuchar y remediar
nuestras meserias, penas y dolores.
Amen.

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Acerca de Agencia SIC 37592 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).