Benedicto XVI manifiesta ante el Presidente de Portugal la disposición de la Iglesia a colaborar con quienes “no marginan, ni privatizan la esencial consideración del sentido humano de la vida”


Benedicto XVI ha llegado a Lisboa, primer destino de su decimoquinto viaje apostólico internacional, y ha manifestado la disposición de la Iglesia a colaborar con quienes que no marginan, ni privatizan la esencial consideración del sentido humano de la vida. El Papa ha llegado a mediodía a la capital portuguesa donde ha sido recibido por el presidente de la República, Anibal Cavaco Silva y el patriarca de Lisboa, cardenal José da Cruz Policarpo, así como numerosas autoridades civiles y algunos obispos portugueses.
Según ha difundido Radio Vaticano, nn su discurso el Santo Padre ha señalado en primer lugar que sólo ahora había podido acoger la “amable invitación del presidente y de los obispos para visitar esta querida y antigua nación, que este año celebra el centenario de su República”. ”Me siento honrado y agradecido por la amable acogida que he recibido” ha dicho el Santo Padre. “Vengo como un peregrino de la Virgen de Fátima, para confirmar a mis hermanos que avanzan en su peregrinación en el camino hacia el Cielo”. El Pontífice ha recordado que ya desde sus albores, el pueblo portugués solicitó el arbitraje del Sucesor de Pedro para que fuese reconocida su misma existencia como nación. Luego, ha aludido a las apariciones de Fátima.
“Después de eso, hace 93 años, el cielo se abrió en Portugal -como una ventana de esperanza, que Dios abre, cuando el hombre le cierra la puerta- reanudándose dentro de la familia humana, los lazos de hermandad y solidaridad que se apoyan en el reconocimiento mutuo del solo y único Padre. Se trata de un diseño del amor de Dios; no depende del Papa ni de cualquier otra autoridad eclesial: «No fue la Iglesia la que impuso Fátima -diría el cardenal Manuel Cerejeira, de venerada memoria- sino que fue Fátima que se impuso a la Iglesia “.
Benedicto XVI ha explicado que “la Virgen María vino del Cielo para recordarnos las verdades del Evangelio que constituyen para la humanidad, fría de amor y sin esperanza en la salvación, una fuente de esperanza. Por supuesto, esta esperanza tiene como primera y radical dimensión, no la relación horizontal, sino la vertical y trascendente. La relación con Dios es constitutiva del ser humano: éste fue creado y ordenado hacia Dios. La conciencia es cristiana en la medida en que se abre a la plenitud de la vida y de la sabiduría, que tenemos en Jesucristo. La visita, que ahora inicio bajo el signo de la esperanza, pretende ser una propuesta de sabiduría y de misión.
“Integrada en la historia, la Iglesia está abierta a colaborar con quienes no marginan, ni privatizan la esencial consideración del sentido humano de la vida. No se trata de una confrontación ética entre un sistema laico y un sistema religioso, sino de una cuestión de sentido a la que se confía la propia libertad. Lo que lo distingue es el valor dado a la problemática del sentido y su implicación en la vida pública”.

El Santo Padre ha recordado el viraje republicano, operado hace cien años e Portugal con la separación entre Iglesia y Estado y como éste abrió un nuevo espacio de libertad a la Iglesia, que los dos Concordatos de 1940 y 2004 han ido moldeando, en contextos culturales y perspectivas eclesiales muy marcadas por los rápidos cambios. El sufrimiento causado por las transformaciones generalmente se ha afrontado con valor. “Vivir en la pluralidad de sistemas de valores y marcos éticos requiere un viaje hacia el interior de uno mismo y al núcleo del cristianismo para reforzar la calidad de testimonio hasta la santidad y encontrar senderos de misión hasta la radicalidad del martirio”.
El Papa ha encomendado a todos los habitantes de esta noble y querida nación, a la Virgen de Fátima, la imagen sublime del amor de Dios que abraza a todos como hijos.

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