Mons. Juan del Río: “La Iglesia saldrá fortalecida de la prueba, como ocurre ya de hecho”


“La gran alternativa cultural al mundo que se plantea la Iglesia es la santidad”, afirmó el obispo castrense, monseñor Juan del Río en un encuentro con empresarios e intelectuales organizado por la asociación para el Estudio de Doctrina Social de la Iglesia, del que da cuenta el periodista y analista político Manuel Cruz en Análisis Digital. A este propósito, el prelado castrense, que fue presidente de la Comisión de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal y ahora pertenece a la cúpula del Episcopado como miembro del Comité Ejecutivo, se mostró convencido de que el drama principal de la Iglesia española en concreto es la secularización de algunos sectores de la comunidad católica, influidos por la corriente cultural de la “revolución del 68” y las interpretaciones corrosivas del Concilio Vaticano II.
A partir de este esquema, monseñor del Río analizó las complejas relaciones de la Iglesia con los medios de comunicación que parten de unas circunstancias muy concretas, como la distorsión que se hace en esos medios de la naturaleza y misión de la Iglesia, la escasa formación de los fieles y de los propios sacerdotes, la apatía de los católicos que se muestran indiferentes ante los ataques contra la jerarquía y, sobre todo, la animosidad de historiadores y periodistas motivada por sus prejuicios culturales. A ello se agregan las opiniones de católicos desafectos a la Iglesia, de la que muestran un claro distanciamiento moral y religioso mientras simpatizan con el laicismo beligerante que caracteriza a la posmodernidad. “Si la Iglesia fuese una simple ONG, no habría ninguna animosidad contra ella”, añadió.

Razones de los ataques contra Benedicto XVI

Una de las consecuencias de esta situación es el continuo ataque de que es objeto Benedicto XVI, un Papa al que no se le perdona que haya puesto el acento en lo esencial de la Iglesia, es decir, los sacramentos, la liturgia y, en definitiva, la santidad. Así, mientras ese gran gigante de la comunicación que fue Juan Pablo II contribuyó con la fortaleza de su fe a derribar el muro de Berlín, Benedicto XVI ha asumido la tarea de echar abajo un muro acaso más difícil por su sutileza: el muro de los mitos de la posmodernidad deshumanizadora.
Benedicto XVI, que tanto trabajó con Juan Pablo II para clarificar la teología de la liberación, por la recuperación del diálogo fe–razón, por una presencia de la Iglesia en el mundo centrada en la defensa de la verdad del hombre y, en fin, por tantas aportaciones, está siendo objeto, desde primer momento de su pontificado, de una continua agresión dentro y fuera de la Iglesia porque ha asumido sin complejos la doctrina del Concilio Vaticano II frente a las falsas interpretaciones que se han hecho a lo largo de las décadas siguientes a su finalización. “Se le ataca por lo que es, por lo que dice, por lo que hace”, añadió. Destacó seguidamente la altura de su pensamiento y su capacidad divulgadora, que hace que su mensaje sea asequible a toda clase de público, siendo como es uno de los principales intelectuales que tiene hoy el mundo. “Pero, sobre todo, se le ataca -subrayó- porque, con sus encíclicas, su catequesis, los sínodos convocados, el ecumenismo y el calado de sus discursos, ha venido a recuperar la esencia de la fe cristiana: el amor de Jesucristo resucitado que se celebra en el esplendor del misterio de la liturgia”.

El calvario de los abusos

En este contexto ha surgido el calvario que el Papa tiene que soportar de un tiempo a esta parte, con los escándalos de los abusos a menores y que han brindado la ocasión para que las críticas se exacerben en un intento de minar la autoridad moral de la Iglesia, la única institución en todo el mundo que no ha podido ser controlada por los poderes civiles y que mantiene viva la defensa de la vida y la dignidad humanas. A este propósito, monseñor Del Río puso de manifiesto cómo “Benedicto XVI ha reaccionado con prontitud, realismo, humildad y valentía ante los abusos de menores por parte de clérigos y ha querido tomar enérgicas medidas precautorias para evitarlos”.
Ciertamente que tenemos con él una gran deuda de gratitud por haber introducido la “tolerancia cero” ante hechos totalmente repudiables y que son un pecado gravísimo y delito; de ahí que los culpables hayan que responder ante Dios y los hombres. “Ahora bien, cuando la Iglesia es humillada de ésta o de otra manera, la lectura que debemos hacer los cristianos es que algo quiere decirnos Dios. En la medida que le sepamos ver, la Iglesia saldrá fortalecida de la prueba, como de hecho ocurre ya”. En este contexto, don Juan del Rio rindió homenaje a la humildad y fortaleza del Papa cuya figura no cesa de agigantarse. “Nunca como ahora ha habido un movimiento más unánime y solidario con el primado de Pedro”, afirmó.
En un animado coloquio que siguió a la intervención del prelado, se puso de manifiesto la necesidad de profundizar en las capacidades de comunicación de la Iglesia, de formar buenos comunicadores, de enseñar la castidad frente a la agresividad de la enseñanza sectaria de la sexualidad, de no caer en falsas ingenuidades que propicien las injusticias, de denunciar la “caza de brujas” que se está fomentando desde diversos ámbitos laicistas y, sobre todo, de dar la batalla por la verdad. En un momento dado intervino un buen conocedor de Benedicto XVI, monseñor Estepa, presente en la comida, para afirmar que el Papa ha sido muy consciente, desde primer momento, de todo lo que se iba a venir encima y que su aceptación del Papado, hace cinco años, la hizo a sabiendas del sufrimiento que tendría que soportar. Como conclusión, en el ambiente afloró la confianza de los presentes en el Papa, en la Iglesia y en sus pastores. En definitiva, como dijo monseñor Del Río, la Iglesia es la luz del mundo y maestra de humanidad…

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