Benedicto XVI:r “Rezad para que los sacerdotes sean siempre pastores, según el corazón de Dios”


Benedicto XVI, en su catequesis de la Audiencia General de esta mañana en la plaza de san Pedro, ha vuelto a insistir, por segundo miércoles consecutivo, sobre el tema de la misión sacerdotal. Si en la pasada audiencia pidió a los fieles que recen para que los sacerdotes “continúen entregándose con alegría y fidelidad” a la misión “que se les ha confiado”, hoy ha hablado de “la gracia del sacramento del sacerdocio”, según ha informado Radio Vaticano.
Aludiendo a su visita al Santo Sudario en Turín, el Papa ha explicado que la Sábana Santa delante de la cual estuvo rezando el pasado domingo, nos ayuda a contemplar al Resucitado en la misión redentora, que hoy prosigue en el ministerio sacerdotal. El sacerdote ha recibido la misión de santificar a los hombres, sobre todo con los sacramentos y a través del culto de la Iglesia.
Santificar a una persona significa ponerla en contacto con Dios, con su ser de luz, de verdad y de puro amor. Y este contacto transforma a las personas, ha afirmado el Pontífice. Los sacerdotes deben de ser como puentes que favorezcan el encuentro con Dios. Deben ser disponibles, generosos y atentos en ofrecer a sus hermanos los tesoros de la gracia de Dios, de los que ellos no son los propietarios, sino los guardianes y los administradores.
El Papa ha recordado que el anuncio misionero y el culto son inseparables, y que el sacerdote, como el Cura de Ars, debe tener el primado del munus sanctificandi. “Que vosotros, queridos sacerdotes podáis vivir con alegría y con amor la liturgia y el culto. Podáis hacer también del confesionario el lugar de la Reconciliación y estar más presentes. Podáis finalmente celebrar y vivir con intensidad la Eucaristía, que es el centro de la misión de santificación. Y en cuanto a vosotros queridos fieles, rezad -ha pedido el Santo Padre- para que los sacerdotes sean siempre pastores, según el corazón de Dios.
Benedicto XVI ha culminado su audiencia general de hoy con un nuevo llamamiento para que se impulse un desarme progresivo que lleve a la eliminación de las armas nucleares en todo el mundo. El Papa se ha referido concretamente a los trabajos de la octava Conferencia que está revisando en Nueva York el Tratado de No Proliferación de las armas nucleares:
«El proceso hacia un desarme nuclear concertado y seguro se enlaza estrechamente con el cumplimiento pleno y solícito de los compromisos internacionales relativos. La paz, en efecto, reposa sobre la confianza y sobre le respeto de las obligaciones asumidas. Y no solamente sobre el equilibrio de las fuerzas. Con tal espíritu, aliento las iniciativas que persiguen un desarme progresivo y la creación de zonas libres de armas nucleares, en perspectiva de su completa eliminación en todo el planeta. Exhorto asimismo a todos los participantes en la reunión de Nueva York a superar los condicionamientos de la historia y a tejer pacientemente el entramado político y económico de la paz, para ayudar el desarrollo humano integral y las auténticas aspiraciones de los Pueblos».

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho en español Benedicto XVI para los fieles de nuestra lengua presentes en la Plaza de San Pedro:
Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera hablar hoy de la misión de santificar de los sacerdotes. Santificar una persona significa ponerla en contacto con Dios, con el ser de Dios que es verdad absoluta, bondad, amor y belleza. Esto no puede venir como fruto del esfuerzo del hombre, sino que es Dios mismo quien lo realiza. Parte esencial de la gracia del sacerdocio es el don y la misión de crear este contacto, que se realiza en el anuncio de la palabra de Dios y, de un modo particularmente denso, en los sacramentos. En efecto, la salvación sólo la podemos recibir de Dios, que nos atrae y obra en nosotros por medio de realidades materiales, que Él mismo ha escogido. Es preciso, pues, que los sacerdotes se dediquen con generosidad a la administración de los sacramentos, a dar a sus hermanos el tesoro de gracia que Dios ha puesto en sus manos, no como dueños, sino como servidores. Y, junto a esto, ayudar a los fieles a vivir plenamente la liturgia, el culto y los sacramentos como don divino gratuito y eficaz para la salvación.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España, República Dominicana, Costa Rica, Argentina, México, Ecuador y otros países latinoamericanos. Invito a todos a acompañar con vuestra plegaria y afecto a los sacerdotes, por medio de los cuales Cristo se hace verdaderamente presente y nos salva. Muchas gracias.

Faltando ya pocos días para emprender el XV viaje apostólico internacional de su Pontificado – del 11 al 14 de mayo – a Portugal, Benedicto XVI ha saludado a todos los portugueses, destacando su alegría por la peregrinación que le llevará al Santuario de la Virgen de Fátima:
«Aprovecho este momento para enviar un saludo particular al querido pueblo de Portugal, país con una historia muy ligada al Papa, obispo de Roma. Empezaré mi viaje el próximo martes, aceptando la invitación del presidente de la República y de la Conferencia Episcopal Portuguesa. Me siento muy feliz al poder visitar las ‘Tierras de Santa María’, en el décimo aniversario de la beatificación de los pastorcillos de Fátima, Francisco y Jacinta Marto. Saludo cordialmente a todos, sin excepción ¡Nos vemos pronto en Lisboa, Fátima y Oporto!
En sus saludos en inglés, el Santo Padre se ha dirigido de forma muy cordial a todos los que participarán en el Congreso sobre la Familia en Jönköping, Suecia, a finales de este mes. El Papa ha destacado que «su mensaje al mundo es realmente un mensaje de alegría, porque el don de Dios que nos de la vida matrimonial y familiar nos permite experimentar algo del amor infinito que une a las tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo».
Benedicto XVI ha recordado que «los seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, están hechos para el amor, de hecho anhelamos amar y ser amados».
«Sólo el amor de Dios puede satisfacer plenamente nuestras necesidades más profundas y, a través del amor de marido y mujer, el amor de padres e hijos, el amor de los hermanos unos a otros, se nos ofrece un anticipo del amor sin límites que nos espera en la vida futura», ha reiterado Benedicto XVI, haciendo hincapié en la importancia del matrimonio para toda la familia humana:
«El matrimonio es un verdadero instrumento de salvación, no sólo para los casados, sino para el conjunto de la sociedad. Al igual que cualquier objetivo verdaderamente importante, nos plantea requisitos, nos interpela, nos llama a estar dispuestos a sacrificar nuestros propios intereses por el bien del otro. Nos obliga a la tolerancia a ejercitar y ofrecer el perdón. Se nos invita a cuidar y proteger el don de la vida. Los que hemos tenido la suerte de nacer en una familia estable, hemos podido descubrir en ella la primera y fundamental escuela de la vida en la virtud y las cualidades de ser buenos ciudadanos. Os animo a todos en vuestros esfuerzos para promover una adecuada comprensión y aprecio del bien inestimable que el matrimonio y la vida familiar ofrecen a la sociedad humana. Que Dios os bendiga a todos».
Finalmente, como ya es habitual, el Santo Padre ha finalizado la audiencia general dirigiéndose a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Queridos jóvenes, especialmente vosotros estudiantes de Palermo, con vuestra presencia testimoniáis la fe en Jesucristo que os llama a edificar junto con vuestros pastores su Iglesia, cada uno con su propia responsabilidad. Corresponded con generosidad a su invitación”.
“Queridos enfermos, también vosotros -ha proseguido el Papa- estáis hoy aquí para cumplir un acto de fe y de comunión eclesial. El peso cotidiano de vuestros sufrimientos, si lo ofrecéis a Jesucristo Crucificado, os da la posibilidad de cooperar en vuestra salvación y la del mundo”. “Y también vosotros, queridos recién casados, con vuestra unión estáis llamados a ser expresión del amor que une Cristo a la Iglesia. Sed siempre conscientes de la alta misión a la que os compromete el Sacramento que habéis recibido.

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