"Dar buen consejo a quien lo necesita", carta del arzobispo de Pamplona


Dentro de las obras de caridad y de misericordia para con el prójimo hay una que se refiere a la ayuda a los demás, aconsejando bien y oportunamente. Dar un buen consejo es muy importante puesto que se puede llegar a hacer cambiar a una persona que hubiera cometido una equivocación o error y así puede tomar el camino justo; de lo contrario, tal decisión equivocada le hubiera pesado toda la vida. Quien es buen consejero sabe discernir las situaciones erróneas y es buen compañero de camino. Los tiempos actuales nos muestran la gran falta que existe en las relaciones humanas para saber aconsejar y ayudar a recapacitar sobre los comportamientos equivocados.

En el lenguaje coloquial se suele afirmar que cada uno se las “componga por sí mismo” y, en nombre de la libertad personal, se deja correr la suerte del otro. Nadie quiere interferir en la vida del otro puesto que, así se piensa, cada uno es dueño de hacer lo que quiera. Esto es cierto pero también, por un pudor y respeto mal orientados, podemos caer en no ayudar a quien necesita una mano amiga; a quien, gracias a un ‘buen consejo’, puede salir de la situación embarazosa y difícil.

El diccionario de la lengua española, en la sexta acepción, dice que ‘tutor’ es la caña o estaca que se clava al pie de una planta para mantenerla derecha en su crecimiento. La caña ayuda para que la planta no se desvíe y crezca convenientemente. Es decisiva en el proceso del futuro árbol puesto que le ayuda a crecer en armonía y en recta orientación. Yo se que hoy es muy difícil hacer comprender la importancia que tiene el ‘tutor’, el ‘director espiritual’, el ‘consejero’…, pero a la postre sabemos que quien ha tenido un buen consejo y a una persona que le ha sabido orientar rectamente su vida, ha conseguido hacerla más persona que si esto no se hubiera dado.

Cada uno es libre de sus actos, pero la vida se ha puesto tan complicada que necesitamos esa señal que nos sostenga en los momentos en los que corremos el peligro de desviarnos o en las circunstancias en las que el viento recio y fuerte amenace con romper y quebrar nuestro hermoso árbol. Nadie puede arrogarse, con altanería, el dicho de que cada uno se las vale por sí mismo. A la vuelta de la esquina menos pensada todos nos topamos con la realidad testaruda y todos necesitamos una mano amiga que nos escuche y nos aliente o nos corrija para que la vida se realice con madurez y rectitud.

Es muy común encontrarse con jóvenes que están preocupados por ser más libres y para ello luchan por desentenderse de sus padres. Ante sus propuestas de imaginarias fantasías donde no dejan a nadie intervenir, piensan que nadie puede fiscalizar sus decisiones; a ellos les advierto que hagan una reflexión sobre sus falaces aventuras y piensen que la mejor amistad es la de los suyos y la de aquellos que, con valentía y cariño, corrigen sus ilusiones, a veces peregrinas. Un buen consejo aceptado cambia el rumbo torcido enderezándolo y refuerza la justa orientación de la propia vida. Quien se apoya en un buen consejero se hará merecedor de un camino feliz en su vida.

Mons. Francisco Pérez González
Arzobispo de Pamplona-Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).