Carta Pastoral del arzobispo de Santiago para la XVII Jornada Interparroquial de solidaridad con los Parados


Dada la coyuntura económica en la que nos encontramos, esta Jornada Interparroquial de Solidaridad con los Parados adquiere un relieve especial. Se nos llama a compartir la situación, a veces dramática, en que se encuentran muchas personas y consiguientemente familias que están sufriendo las consecuencias de la falta de trabajo. Una vez más percibimos que para el buen funcionamiento de la sociedad es prioritaria la promoción de un trabajo digno para todos.
La carencia de trabajo genera pobreza y disgregación social y ofende la dignidad de la persona humana. Caritas, de manera especial, es testigo de esta situación.
En la preocupación de promover una sensibilización social ante este reto, nos preocupa a dónde nos llevarán las actuales desventuras financieras, que están repercutiendo evidentemente en la oferta de trabajo o en la pérdida de empleo. El papa Benedicto XVI acaba de decirnos sobre la situación financiera mundial, que “cuando el afán del lucro y la acción especulativa sin límites se imponen en los mercados, la persona humana está construyendo su casa sobre arena”.
Las personas, sobre todo los jóvenes en busca del primer empleo, “descubren significado y confianza en el futuro cuando encuentran un trabajo de larga duración con la oportunidad de una merecida promoción”. Es urgente responder en las circunstancias que vivimos, a las necesidades de quienes buscan un empleo digno y oportunidades para salir de la pobreza y
evitar la marginación y la explotación. La generación de un trabajo digno es una acción prioritaria, “un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer: un trabajo libremente elegido, que asocie efectivamente a los trabajadores, hombres y mujeres, al desarrollo de la comunidad; un trabajo que de este modo
haga que los trabajadores sean respetados, evitando toda discriminación; un trabajo que permita satisfacer las necesidades de las familias y escolarizar a los hijos sin que se vean obligados a trabajar; un trabajo que consienta a los trabajadores organizarse libremente y hacer oír su voz; un trabajo que deje espacio para reencontrarse adecuadamente con las propias raíces en el ámbito personal, familiar y espiritual; un trabajo que asegure una condición digna a los trabajadores que llegan a la jubilación” (Caritas in veritate, 63).
En este perspectiva, es necesaria la solidaridad, “elemento fundamental de la visión humanizadora del trabajo, en la que la capacidad de construir y de actuar afronta las situaciones de precariedad o incluso de emergencia, para buscar responsablemente un posible remedio”. Es precisa la subsidiaridad, “gracias a la cual es posible estimular el espíritu de
iniciativa, base fundamental de todo desarrollo socioeconómico”, sin olvidar que “sin justicia social no puede existir democracia integral”. Y, además, es imprescindible la mirada de la
caridad, esencial para la vida del cristiano, que nos permite comprender más exactamente la realidad social. Como nos recuerda Benedicto XVI, “para ello se necesitan unos ojos nuevos y un corazón nuevo, que superen la visión materialista de los acontecimientos humanos y que vislumbren en el desarrollo ese algo más que la técnica no puede ofrecer” (Deus caritas est, 31).
No olvidemos las palabras de Pablo a la comunidad de Éfeso: “En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hech 20,35).
Con todo agradecimiento, os saluda y bendice en el Señor,

+Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela

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