Cardenal Rouco: “Queremos unirnos a Benedicto XVI y expresarle nuestra adhesión incondicional y entrañable afecto”


El cardenal Rouco Varela,presidente de la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Madrid, ha presidido ayer tarde una solemne Eucaristía de Acción de Gracias con motivo del V aniversario del Pontificado de Benedicto XVI. La Misa, que se ha celebrado en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, ha sido concelebrada por el Nuncio de Su Santidad en España y medio centenar de obispos españoles, además del Deán y Cabildo Catedral, Vicarios y numerosos sacerdotes de la diócesis.
En su homilía, el Cardenal ha explicado que los obispos españoles se han reunido en esa celebración “como signo de comunión con quien es principio de unidad de toda la Iglesia y en señal de gratitud por su generosa e infatigable entrega a la Iglesia. Con esta celebración eucarística queremos unirnos a él, junto con nuestras respectivas iglesias, y expresarle nuestra adhesión incondicional y nuestro filial y entrañable afecto”.

Desde que comenzó el Pontificado de Benedicto XVI “hemos sido testigos del amor de quien se definió a sí mismo como humilde trabajador de la viña del Señor. También él, al término de un fecundo y trabajoso ministerio, fue ceñido para ser conducido al oficio que reclama dar totalmente la vida por Cristo y por su Iglesia: el oficio del amor. En ese oficio no ha dejado de ser el humilde trabajador de la viña de Cristo: en sus viajes apostólicos, en su fecundo magisterio, en la entrega sin reservas a los reclamos de la Iglesia universal. Humilde trabajador también en el momento de acoger la cruz con mansedumbre y serenidad en momentos difíciles de su ministerio”.

“Nuestro agradecimiento cobra mayor afecto e intensidad al contemplar que el poder del mal arrecia con inusitada fuerza contra su venerable persona, que representa a la Iglesia de Cristo. Donde está Pedro está la Iglesia. Los ataques a Pedro son también ataques a la Iglesia. Por ello, al mismo tiempo que agradecemos a Cristo su compasión por concedernos un pastor bueno y humilde, nos apiñamos en torno a él, para decirle: No estás sólo, Santo Padre, la Iglesia te sostiene”.

“Pedro es, ciertamente, el don del resucitado a la Iglesia para que se sienta acompañada, pastoreada, compadecida y alentada en su peregrinación. Para que fuera así, para que Pedro tuviera compasión con la Iglesia, hasta dar la vida por ella, Cristo se compadeció, en primer lugar, de él y le pidió que confesara su amor a quien, presumiendo amarle, le negó tres veces”. Por eso, añadió, “el amor que Pedro declara a Jesús, condición para recibir el mandato supremo de pastorear a la Iglesia, expresa la compasión con que es investido quien representa al Buen Pastor que ha dado la vida por sus ovejas”.

En relación a las lecturas del día, afirmó que “las proféticas palabras de Jesús a Pedro, indicando la muerte con que glorificaría a Dios, se cumplen en cierto sentido en cada sucesor de Pedro, llamado a expropiarse totalmente de sí para que aparezca y brille en su ministerio el amor que le constituye como Vicario de Cristo. En ese amor, el pueblo cristiano se siente acompañado y fortalecido y sabe que Cristo sigue presente en su Iglesia. Se comprende, pues, la corriente de sincero afecto y de oración que ha desencadenado en tantos hijos de la Iglesia los ataques de que ha sido objeto su Padre y Pastor universal. Es la respuesta de fe al misterio que encierra el sucesor de Pedro”.

Mostrar a los hombres el camino a Dios

Para el Cardenal, durante estos cinco años Benedicto XVI “no ha dejado de iluminar a los hombres mostrándoles el camino hacia Dios. Quizás aquí tengamos la clave de muchas de las incomprensiones, críticas y ataques a su persona por parte de quienes consideran que Dios no tiene lugar en la ciudad terrena, que es un objeto cultural de épocas pasadas, un resto que debe ser eliminado en aras de una autonomía del hombre que pretende bastarse a sí mismo y no encender otra luz que la que dimana de su propia autosuficiencia”. “En realidad, los ataques contra la roca de Pedro pretenden minar la estabilidad de la Iglesia”.

“Oremos, pues, por el Papa. Respondamos así a la petición que él mismo nos hizo cuando fue elegido para la sede de Pedro y sintió que el peso que Cristo ponía sobre sus hombres al encomendarle su Iglesia, el peso del amor, sólo podía ser aligerado con la oración de todos los cristianos”. Y citó las palabras del Papa: “Queridos amigos, en este momento sólo puedo decir: rogad por mí, para que aprenda a amar cada vez más al Señor. Rogad por mí, para que aprenda a querer cada vez más a su rebaño, a vosotros, a la Santa Iglesia, a cada uno de vosotros, tanto personal como comunitariamente. Rogad por mí, para que, por miedo, no huya ante los lobos. Roguemos unos por otros para que sea el Señor quien nos lleve y nosotros aprendamos a llevarnos unos a otros” .

Concluyó pidiendo “que la Madre de Cristo y Madre nuestra nos sostenga en la oración común y, como Madre sacerdotal, defienda de sus enemigos a quien es para todos nosotros ‘el dulce Cristo en la tierra’”.

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