Carta de Mons. José Sánchez para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones


En esta IV Domingo de Pascua, conocido como “El Domingo del Buen Pastor”, por la lectura del Evangelio de la Misa, se celebra en toda la Iglesia una jornada especial de oración por las vocaciones. La de este año hace ya el número cuarentaisiete.
Al promover la oración por las vocaciones, no sólo en este Domingo, sino siempre, se nos está indicando que la vocación es un don de Dios, un regalo que Él concede libremente a quienes Él quiere y elige para una misión de mayor responsabilidad y de más generosa entrega al servicio a Dios y a los hermanos, en el seguimiento del Señor, el Buen Pastor. Por eso la primera acción a favor de las vocaciones es la oración – personal, comunitaria, constante y perseverante – pidiendo a Dios, como el mismo Señor nos recomendó, que envíe trabajadores a su heredad.

Si siempre es necesaria y nos está mandada la oración por las vocaciones, se impone como una obligación ineludible y urgente en situaciones como la que actualmente vive nuestra diócesis, con un alarmante descenso en el número de sacerdotes y de seminaristas, tanto en el Seminario diocesano como en los noviciados de los Institutos de la Vida Consagrada.

Estamos convencidos de que Dios sigue llamando de entre el pueblo cristiano a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para que le sigan más de cerca, estén más con Él y para enviarlos a proclamar el Evangelio y dar testimonio de Él. Pero parece que atravesamos un momento, en que, o no se oye su llamada, o no se le sigue, en la proporción en que Él sigue llamando, con la radicalidad y generosidad que exige la vida del ministerio del sacerdote o la Vida Consagrada.

Lo primero que hemos de preguntarnos es si no será porque no rezamos o rezamos poco y mal. Y no es que necesite el Señor, para darnos el regalo de los sacerdotes, de nuestras oraciones, pero quiere que se lo pidamos y así nos lo ha mandado.

También es cierto que, además de la oración, hacen falta más cosas para que surjan las vocaciones y para fomentarlas, formarlas y mantenerlas fieles. De ahí que la oración por las vocaciones ha de ir siempre acompañada por el cultivo de una vida cristiana, personalmente, en familia, en las parroquias y en las comunidades cristianas, en la oración y la vida espiritual, en la actitud de servicio y de entrega a los demás, en la generosidad, la fidelidad, la preocupación por los demás, especialmente por los más necesitados de bienes materiales, espirituales y de Dios por encima del afán de tener cosas, de disfrutar de esta vida, de adquirir poder o fama.

También es un factor importante para suscitar vocaciones el testimonio de los que hemos sido llamados y somos necesariamente referencia para un niño, un adolescente, un joven o un adulto al que se le plantee una posible vocación. Por eso el Santo Padre, en su Mensaje para la Jornada de este año nos ofrece el lema: “El testimonio suscita vocaciones”. Efectivamente, así fue en el Antiguo Testamento por el testimonio de los profetas. Así fue en tiempos de Jesús, por el de Juan el Bautista y, sobre todo, por su propio testimonio y después por el de los Apóstoles.

Así será hoy también en la medida en que a los sacerdotes y a las personas consagradas se nos vea con una vida entregada al servicio de Dios y de los hermanos, con una vida espiritual, como “hombres y mujeres de Dios”, como “hombres y mujeres de comunión”. Es una llamada especialmente dirigida a los sacerdotes en este Año Jubilar Sacerdotal, a aproximarnos a la persona y a la vida del Santo Cura de Ars, al celebrar el 150º Aniversario de su muerte.

Os saluda y bendice vuestro Obispo,

+José Sánchez González
Obispo de Sigüenza- Guadalajara

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