Beatificado en Valladolid el jesuita P. Bernardo de Hoyos


El arzobispo Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió ayer en Valladolid ante unas 20.000 personas la beatificación del jesuita P. Bernardo de Hoyos, fallecido con tan solo 24 años en el siglo XVIII. La celebración se conviertió asimismo en el primer acto de monseñor Ricardo Blázquez como arzobispo de Valladolid tras su toma de posesión ayer. Bernardo Francisco de Hoyos, jesuita natural de la localidad vallisoletana de Torrelobatón, cuyo día se celebrará a partir de ahora el 29 de noviembre de cada año.
La ceremonia empezó en torno a las 10.30 horas aunque desde primera hora de la mañana miles de fieles esperaban para acceder al recinto situado en la Acera de Recoletos, donde se instaló un altar de finales del siglo XIX, guardado especialmente para este día.
De esta manera, la misa comenzó con una reseña a la biografía del Padre Hoyos, quien nació en 1711 en la villa de Torrelobatón y “sintió la vocación de entregarse a Dios en la Compañía de Jesús”. “Parece que los buenos ejemplos de los novicios influyeron en la decisión del Siervo de Dios. Pero no fue fácil”, incidió el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, encargado de narrar la vida del jesuita.
El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. Angelo Amato, destacóen su homilía el significado de la beatificación del Padre Hoyos, que, a su juicio, es un “preclaro testimonio de la presencia en la Iglesia de sacerdotes santos”.
En este sentido, durante la homilía de beatificación del jesuita Bernardo Francisco de Hoyos, natural de la localidad vallisoletana de Torrelobatón, Amato recordó que todos los bautizados están “llamados a la santidad” que, a su juicio, “no debe ser exclusiva de los sacerdotes y de los consagrados”.
Además invitó a los jóvenes cristianos a “permanecer firmes en sus buenos propósitos” mientras que destacó que el Padre Hoyos, como religioso, exhortó a sus hermanos a “vivir una existencia virtuosa, sólo posible como fruto de la gracia que proviene de los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía”.
Mons. Amato, frente a un altar de finales del siglo XIX guardado especialmente para la ocasión, también destacó la capacidad del Padre Hoyos de “acoger en armonía con la mística ignaciana la devoción del Sagrado Corazón de Jesús” e incidió en que fue el primero en considerar la “importancia de esta devoción” como un “instrumento de santificación y de eficaz apostolado”.
De este modo, el representante del Papa Benedicto XVI en la beatificación criticó el “sentimentalismo superficial” y, por contra, defendió “la auténtica vivencia de caridad”. En concreto, Amato incidió en que el beato ofrece un “extraordinario mensaje de bondad y caridad”.
Además, Amato aseveró que la espiritualidad de Bernardo Francisco de Hoyos fue “fuente de una cuádruple experiencia” de “transfiguración”, pues fue un “apóstol inflamado de caridad”; de “aceptación interior del sacrificio”; de “oración continua y de diálogo de amor”, y de santificación, pues “buscó en el corazón de Cristo el alimento para su fe, la ayuda para su fidelidad sacerdotal, la creatividad para su apostolado y la alegría de su vida de gracia”.
Asimismo, señaló que la beatificación es un “gran honor” mientras que incidió en que “su fama de santidad ha sobrevivido” al paso del tiempo y a los “años difíciles” de la supresión de la compañía jesuita. “Fue un enamorado del Corazón de Jesús”, añadió.

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