El cardenal Cañizares ha clausurado en la Universidad Católica de Murcia el Congreso Mundial dedicado a Juan Pablo II


“De Cristo tenemos necesidad todas las gentes, los pueblos y las naciones del mundo”. Así de rotundo se ha mostrado el prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, cardenal Antonio Cañizares, que ha clausurado esta tarde en la UCAM el Congreso Mundial Universitario Juan
Pablo II Magno, con una conferencia titulada `De Juan Pablo II a Benedicto XVI: retos para la Iglesia hoy ´. Cañizares ha destacado la continuidad de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, que se mueven en la misma senda por la que Dios nos dice que hay que caminar si queremos responder a sus llamadas y atender a las necesidades de la Iglesia y del hombre, ha recalcado el papel fundamental de la Eucaristía como centro de la vida cristiana y ha
subrayado la santidad y la necesidad de vivir unidos a Dios, como reto y prioridad fundamental para ambos pontífices.
El cardenal Cañizares ha explicado que Jesucristo fue la gran pasión de Juan Pablo II. “Un enamorado de Jesucristo, para quien Cristo mismo ha sido su vida y todo en su vida. Unido a Cristo, identificado con Él, lo que Juan Pablo II dijo y mostró, es un testimonio vivo de Jesucristo, por eso cuando me piden que resuma en dos palabras su figura, siempre doy la misma respuesta: “testigo de Jesucristo y testigo de Esperanza”.
Cañizares lo ha definido como “el Papa de los derechos fundamentales e
inalienables del hombre, paladín y constructor de la paz, defensor como nadie de la dignidad de la persona humana, luchador infatigable en pro de la vida, impulsor y promotor de una nueva cultura de la solidaridad, de la vida y de una nueva civilización del amor, hombre del diálogo y del encuentro entre las religiones, protector y padre de los pobres, defensor de los oprimidos, hombre libre como pocos, amante de la libertad, evangelizador y misionero incansable, profeta de la familia y en definitiva, hombre de Dios apasionado por el hombre y por su verdad”.

El cardenal Cañizares ha destacado como retos, necesidades, desafíos y
preocupaciones de la Iglesia hoy, el alejamiento y el olvido de Dios, la apostasía silenciosa de occidente, la secularización, la laicización de nuestra sociedad, la profunda quiebra moral y humana que aqueja a la humanidad, la pérdida del sentido de la verdad y la implantación de una cultura imperante dominada por el relativismo
que suscita entre otras cosas, una cultura de la muerte, los ataques permanentes a la vida y al derecho inalienable a la vida que todo ser humano tiene a la vida desde su concepción hasta su muerte natural, el aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones, los totalitarismos, la violencia, el hambre, las guerras, la crisis de la familia y de la educación, los niños, los jóvenes y la falta de esperanza. El purpurado ha destacado la apuesta de Benedicto XVI por un Evangelio de la Vida.

El Papa de la familia

Cañizares ha resaltado que la familia fue para Juan Pablo II una prioridad pastoral destacada, e inseparable del reto de la educación. “Consciente de lo que aquí se juega, Juan Pablo II sobresale como el Papa una proclamación clara, inequívoca y constante del Evangelio de la familia y de su verdad. Santuario de la vida y sede firme de la esperanza, fundada en el amor y abierta al don de la vida, la familia lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad y del hombre”.
Durante la tarde han intervenido también la presidenta de la Red Europea del Instituto de Política Familiar, Dolores Verlarde Catolfi-Salvoni, que ha disertado sobre la mujer en la Iglesia y la sociedad en el pensamiento de Juan Pablo II y el subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos, Guzmán Carriquiry que ha pronunciado la conferencia “Juan Pablo II y los jóvenes”. Dolores Velarde ha explicado que para Juan Pablo II la aportación de la mujer es “ante todo de naturaleza espiritual y cultural, pero también socio-política y económica y que será preciosa una mayor presencia social de la mujer, porque contribuirá a manifestar las contradicciones de una sociedad organizada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y obligará
a replantear los sistemas a favor de los procesos de humanización que configuran la civilización del amor. Por su parte, Guzmán Carriqury, ha destacado el intenso despliegue misionero que caracterizó el pontificado del Papa polaco, que convocó de forma reiterada y urgida a una Nueva Evangelización, de la que los jóvenes fueron sujetos y destinatarios preferenciales. “En el programa de cada viaje apostólico y de
cada visita pastoral a las parroquias, hubo reservado siempre un espacio para mantener encuentros con los jóvenes. Su pontificado estuvo surcado por un itinerario ininterrumpido de encuentros y diálogos. En el marco de ese itinerario, tuvieron una importancia capital las sucesivas realizaciones de la Jornada Mundial de la Juventud, sobre todo en sus convocatorias mundiales presididas por el Papa en diversas diócesis
de la catolicidad y ciudades del mundo”, afirmó.

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