Benedicto XVI subraya la urgencia de anunciar el Evangelio y testimoniarlo con la verdad del Amor


Benedicto XVI, que desde el pasado domingo de Resurrección se encuentra en Castel Gandolfo ha dirigido este domingo a las 12 la antífona mariana pascual de Regina Caeli ante unos dos mil fieles congregados en el patio del palacio apostólico de esta pequeña ciudad a treinta kilómetros de Roma, según ha difundido Radio Vaticano.
Este domingo, ha dicho Benedicto XVI, en su breve alocución previa a la oración mariana, concluye la Octava de Pascua, como único día hecho por el Señor marcado con el distintivo de la Resurrección y del gozo de los discípulos al ver a Jesús. Desde la antigüedad, este domingo ha sido llamado “in albis”, del nombre latin “alba”, dado a la túnica blanca que los neófitos vestían en el Bautismo la noche de Pascua y deponían después de ocho días. El Venerable Juan Pablo II dedicó este mismo domingo a la Divina Misericordia con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska, el 30 de abril del 2000.
Seguidamente el Papa ha aludido al texto del Evangelio de hoy haciendo hincapié en la misericordia y la bondad que este pasaje encierra:
“De misericordia y de bondad divina es rica la página del Evangelio de san Juan (20,19-31) de este Domingo que nos narra que Jesús, después de la Resurrección, visitó a sus discípulos, atravesando las puertas cerradas del Cenáculo. San Agustín explica que “las puertas cerradas no impidieron la entrada de aquel cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de la madre, pudo entrar en el Cenáculo a puertas cerradas. Y San Gregorio Magno añade que nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria”
Jesús, ha recordado el Papa, muestra los signos de la pasión, hasta conceder al incrédulo Tomás de tocarlos. ¿Como es posible, sin embargo, que un discípulo pueda dudar? En realidad, la condescendencia divina nos permite sacar provecho también de la incredulidad de Tomás además de la de los discípulos creyentes. En efecto, tocando las heridas del Señor, el discípulo que dudaba alivia así no solamente su propia desconfianza sino también la nuestra.
La visita del Resucitado no se limita al espacio del Cenáculo sino que va más allá, para que todos puedan recibir el don de la paz y de la vida con el “soplo del creador”. En efecto, dos veces Jesús les dice a los discípulos: “La paz con vosotros”, y añade: “Como el Padre me envió, también yo os envío. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
“Es esta la misión de la Iglesia perennemente asistida por el Paráclito: llevar a todos el feliz anuncio, la gozosa realidad del Amor misericordioso de Dios, para que, -como dice san Juan “creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (20,31). A la luz de esta palabra, aliento, en particular a todos los Pastores a seguir el ejemplo del santo Cura de Ars, que, “consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor” (Benedicto XVI, Carta a los sacerdotes al comenzar el Año Sacerdotal)
De este modo, ha asegurado el Santo Padre, haremos cada vez más familiar y cercano a Aquel que nuestros ojos no han visto, pero de cuya infinita Misericordia tenemos absoluta certeza. A la Virgen María, Reina de los Apóstoles le pedimos que sostenga la misión de la Iglesia, y La invocamos exultantes de gozo con el Regina Caeli.

Texto completo de las palabras del Papa

Queridos Hermanos y hermanas:

Este domingo concluye la Octava de Pascua, como único día “hecho por el Señor” marcado con el distintivo de la Resurrección y del gozo de los discípulos al ver a Jesús. Desde la antigüedad, este domingo ha sido llamado “in albis”, del nombre latín “alba”, dado a la túnica blanca que los neófitos vestían en el Bautismo la noche de Pascua y deponían después de ocho días.
El Venerable Juan Pablo II dedicó este mismo domingo a la Divina Misericordia con ocasión de la canonización de sor María Faustina Kowalska, el 30 de abril del 2000.
De misericordia y de bondad divina es rica la página del Evangelio de san Juan (20,19-31) de este domingo que nos narra que Jesús, después de la Resurrección, visitó a sus discípulos, atravesando las puertas cerradas del Cenáculo. San Agustín explica que “las puertas cerradas no impidieron la entrada de aquel cuerpo en el que habitaba la divinidad. Aquel que naciendo había dejado intacta la virginidad de la madre, pudo entrar en el Cenáculo a puertas cerradas. Y San Gregorio Magno añade que nuestro Redentor se presentó, después de su Resurrección, con un cuerpo de naturaleza incorruptible y palpable, pero en un estado de gloria. Jesús muestra los signos de la pasión, hasta conceder al incrédulo Tomás de tocarlos. ¿Cómo es posible, sin embargo, que un discípulo pueda dudar? En realidad, la condescendencia divina nos permite sacar provecho también de la incredulidad de Tomás además de la de los discípulos creyentes. En efecto, tocando las heridas del Señor, el discípulo que dudaba alivia así no solamente su propia desconfianza sino también la nuestra.
La visita del Resucitado no se limita al espacio del Cenáculo sino que va más allá, para que todos puedan recibir el don de la paz y de la vida con el “soplo del creador”. En efecto, dos veces Jesús les dice a los discípulos: “La paz con vosotros”, y añade: “Como el Padre me envió, también yo os envío. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Es esta la misión de la Iglesia perennemente asistida por el Paráclito: llevar a todos el feliz anuncio, la gozosa realidad del Amor misericordioso de Dios, para que, -como dice san Juan “creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre” (20,31).
A la luz de esta palabra, aliento, en particular a todos los Pastores a seguir el ejemplo del santo Cura de Ars, que, “consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerles sentir el amor misericordioso del Señor. Urge también en nuestro tiempo un anuncio y un testimonio similar de la verdad del Amor” (Benedicto XVI, Carta a los sacerdotes al comenzar el Año Sacerdotal). De este modo haremos cada vez más familia y cercano a Aquel que nuestros ojos no han visto, pero de cuya infinita Misericordia tenemos absoluta certeza. A la Virgen María, Reina de los Apóstoles le pedimos que sostenga la misión de la Iglesia, y La invocamos exultantes de gozo con el Regina Caeli.

Recuerdo especial para con las víctimas del trágico accidente aéreo en Smolensk y la ostensión de la Sábana Santa de Turín

Tras el rezo del Regina Caeli y del responso por los fieles difuntos el Papa ha expresado su profundo pésame por las víctimas del trágico accidente aéreo ocurrido ayer en Smolensk:

“Como sabemos todos, ayer ocurrido el trágico accidente aéreo en Smolensk en el que fallecieron el Presidente de Polonia, Señor Lech Kaczynski, la esposa, varias Autoridades del Estado polaco y todo el séquito, incluido el arzobispo Ordinario Militar. Al expresar mi profundo pésame, aseguro de corazón la oración de sufragio por las víctimas y el sostén por la amada nación polaca”
También el Santo Padre ha tenido unas palabras de aliento con motivo de la ostensión de la Sábana Santa de Turín que desde ayer se puede venerar:
Ayer comenzó en Turín la solemne ostensión de la Sábana Santa. También yo, SI Dios quiere, iré a venerarla el próximo 2 de mayo. Me alegro por este evento, que una vez más está suscitando un vasto movimiento de peregrinos, también estudios, reflexiones y sobre todo un extraordinario reclamo hacia el misterio del sufrimiento de Cristo. Deseo que este acto de veneración ayude a todos a buscar el Rostro de Dios, que fue la íntima aspiración de los Apóstoles, como también la nuestra”
Benedicto XVI ha tenido un saludo especial para los peregrinos presentes en Roma con motivo de este Domingo de la Divina Misericordia. Bendigo a todos de corazón, en particular a los agentes de pastoral del Centro de Espiritualidad de santo Spiritu in Sassia: ¡Que la imagen de Jesús Misericordioso, queridos amigos, resplandezca en vosotros, en vuestra vida!

Este ha sido el saludo de Benedicto XVI en español para los fieles y peregrinos presentes en el patio Gregorio XIV del palacio Apostólico de Castel Gandolfo:

Saludo con afecto a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos de la Parroquia de La Purísima Concepción, de Los Molinos. En este segundo domingo de Pascua, dedicado a la Divina Misericordia, invoquemos a la Santísima Virgen María, para que nos alcance la gracia de experimentar la presencia de Cristo Resucitado en la Iglesia, que sigue actuando su amor para con el hombre, a través de la fuerza renovadora de los sacramentos, especialmente en el de la Reconciliación y en la Eucaristía. ¡Feliz Pascua y Feliz Domingo!
El Santo Padre al saludar en polaco se ha detenido, aludiendo al dolor que está viviendo esta Nación tras el accidente aéreo ocurrido ayer:

Saludo cordialmente a los polacos. Con profundo dolor he recibido la noticia de la trágica muerte del señor Lech Kaczynski, Presidente de Polonia, de la esposa y de las personas que les acompañaban. Han fallecido en el viaje a katyn, el lugar de suplicio de miles de oficiales militares polacos asesinados hace setenta años. Encomiendo a todos al misericordioso Señor de la vida. Lo hago uniéndome con los peregrinos reunidos en el Santuario de Lagiewniki y con todos los devotos de la Misericordia de Dios en el mundo”
Benedicto XVI finalmente ha saludado con afecto a los peregrinos de lengua italiana, presentes tanto en Castel Gandolfo como en la Plaza de San Pedro: a los numerosos jóvenes de la UNITALSI, animándoles en su obra de voluntariado; a la Unión del apostolado católico, fundada por el gran sacerdote romano, San Vicenzo Pallotti. Benedicto ha dado las gracias al Movimiento del Amor Familiar, cuyos miembros esta noche han celebrado una vigilia de oración por el Papa y la Iglesia y a las Misericordias de Italia, que traducen la misericordia evangélica en servicio social.

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