El Papa Benedicto XVI invita a rezar este Jueves Santo por todos los sacerdotes


En la plaza de San Pedro, ante cerca de treinta mil fieles y peregrinos de todo el mundo, el Santo Padre ha centrado su catequesis de ayer, Miércoles Santo, según ha informado Radio Vaticano, en el camino litúrgico de esta Semana Santa, que revela el amor de Jesús. Amor infinito que es capaz de habilitar al hombre a la comunión con Dios, así como de dar la verdadera libertad. En su alocución central en italiano, Benedicto XVI ha invitado a vivir intensamente estos días santos, meditando en el fulcro de todo el año litúrgico, con el anhelo de que orienten decididamente la vida de cada uno hacia la adhesión generosa y convencida a Cristo, muerto y resucitado por nosotros.

Empezando por la Santa Misa Crismal, ‘preludio matutino del Jueves Santo’, el Papa ha hecho hincapié en la tradicional renovación de las promesas sacerdotales. Gesto que este año asume un relieve especial, por ser el Año Sacerdotal, que el mismo Benedicto XVI ha proclamado para conmemorar el 150 aniversario del Santo Cura de Ars.

En su evocación del Triduo Pascual, el Papa ha recordado la institución de la Eucaristía y la constitución de los ministros de este Sacramento, que Cristo entrega a su Iglesia como prueba suprema de su amor. Con una nueva exhortación a «impulsar el encuentro íntimo con el Señor en la oración, a reconocer a Jesús entre aquellos que están solos, a velar con él y a saber proclamarlo como luz de nuestra propia vida», el Santo Padre se ha referido al Viernes Santo.

Cuando haremos memoria de la pasión y de la muerte del Señor, proclamando la victoria del amor. Jesús ha querido ofrecer su vida por la remisión de los pecados de la humanidad, eligiendo la muerte más cruel y humillante: la crucifixión. Clave para comprender la Última Cena, que es anticipación de la transformación de la muerte violenta en sacrificio voluntario. Acto de amor que redime y salva al mundo.

El Sábado Santo invita a los creyentes a la oración, a la reflexión, a la conversión, también a través del sacramento de la reconciliación, para poder participar, íntimamente renovados, en la celebración de la Pascua. La noche del mismo Sábado Santo – ha reiterado Benedicto XVI – durante la solemne Vigilia Pascual el silencio quedará roto por el canto del Aleluya. Himno de júbilo que anuncia la resurrección de Cristo y proclama la victoria de la luz sobre las tinieblas, de la vida sobre la muerte.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho Benedicto XVI en español para los fieles de nuestra lengua presentes en la Plaza de San Pedro:

Queridos hermanos y hermanas:

En la Semana Santa se nos invita a meditar los acontecimientos centrales de nuestra redención, el núcleo esencial de nuestra fe. Mañana inicia el Triduo Santo, en el que estamos llamados al silencio y a la oración, para contemplar con devoción el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Como observa san Atanasio en una de sus cartas pascuales, estos días nos introducen en “aquel tiempo en que todo vuelve a comenzar, a saber, el anuncio de la Pascua venerable, en la que el Señor fue inmolado”. Os exhorto, pues, a vivir intensamente estos días, para orientar decididamente vuestra propia vida hacia Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Nos acompaña en este itinerario espiritual la Santísima Virgen. A Ella, que siguió a Jesús en su pasión y estuvo presente junto a la cruz, le suplicamos que nos ayude a experimentar la alegría y la paz del Resucitado.

También este año – como viene siendo desde 1968 – miles de jóvenes estudiantes y profesores universitarios se han dado cita para pasar la Semana Santa con el Papa en Roma. A lo largo de estos días, se organizan encuentros culturales, congresos, conferencias, muestras y conciertos que ofrecen a los participantes la ocasión de profundizar en las temáticas específicas del mundo universitario, con una particular atención al espíritu de servicio hacia los más necesitados. Benedicto XVI los ha saludado en varias lenguas, éstas eran sus palabras de aliento en español, que ha extendido también a todos los peregrinos de nuestra lengua:

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, de modo particular a los numerosos jóvenes que participan en el encuentro universitario internacional UNIV dos mil diez, al grupo de consagrados de la Obra de la Iglesia, así como a los fieles venidos de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Os invito a todos a que tengáis muy presentes en vuestras oraciones a los sacerdotes que mañana, en la Misa Crismal, renovarán sus promesas sacerdotales junto a sus Obispos. Pidamos para que creciendo cada día más en fidelidad y amor a Cristo, sean en medio de sus hermanos mensajeros de esperanza, reconciliación y paz. A todos os deseo una santa y feliz Pascua de Resurrección. Muchas gracias por vuestra visita.

Luego, dirigiéndose, también en italiano, a los participantes en el UNIV – cuyos primeros encuentros fueron organizados gracias al impulso y a la iniciativa de San José María Escrivá, – Benedicto XVI ha invitado a estos queridos amigos a reflexionar sobre el anhelo del fundador del Opus Dei, invitándolos a testimoniar a Cristo en todo lugar:

Al dirigir un cordial saludo de bienvenida a los peregrinos de lengua italiana, saludo a los universitarios, provenientes de diversos Países, que participan en el Congreso internacional promovido por la Prelatura del Opus Dei. Queridos amigos, habéis venido a Roma en ocasión de la Semana Santa para una experiencia de fe, de amistad y de enriquecimiento espiritual. Os invito a reflexionar sobre la importancia de los estudios universitarios para formar aquella “mentalidad católica universal” que san José María describía así: “la amplitud de horizonte es la vigorosa profundización de aquello que está perennemente vivo en la ortodoxia católica”. Que crezca en cada uno el deseo de encontrar personalmente a Jesucristo, para testimoniarle con alegría en todos los ambientes.

Como siempre el Santo Padre ha finalizado la audiencia general dirigiéndose a los jóvenes a los enfermos y a los recién casados. Que la contemplación de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, queridos jóvenes, os haga cada vez más fuertes en el testimonio cristiano. A vosotros, queridos enfermos, extraed de la Cruz de Cristo el sostén cotidiano para superar los momentos de prueba y de consuelo. A vosotros, queridos recién casados, que del misterio pascual que en estos días contemplamos, brote una valentía para hacer de vuestra familia un lugar de amor fiel y fecundo.

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