Benedicto XVI: “La oración de Jesús nos garantiza que el anuncio de los apóstoles continuará siempre en la historia”


Benedicto XVI presidió, a las cinco y media de este Jueves Santo, la capilla papal en la Archibasílica de San Juan de Letrán, Catedral de Roma. El Pontífice, con la celebración de la Santa Misa “in Cena Domini”, ha dado comienzo al Triduo Pascual. Como cada año, según informa Radio Vaticano, el obispo de Roma lavó los pies a doce presbíteros, cumpliendo de esta forma el “mandato” pedido por Cristo de estar al servicio de los hermanos. Cada cristiano ha sido invitado a realizar un gesto, que manifieste la caridad fraterna del discípulo del Señor. Los donativos de la colecta serán destinados a la reconstrucción del Seminario de Puerto Príncipe, capital de Haití.

En su homilía, el Santo Padre se ha centrado en la oración sacerdotal, donde se hace visible de forma particular el misterio permanente del Jueves Santo: el nuevo sacerdocio de Cristo y su continuación en la consagración de los apóstoles, en la participación de los discípulos en el sacerdocio del Señor. De este texto inagotable, el Pontífice ha escogido tres palabras de Jesús para introducirnos más profundamente en el misterio del Jueves Santo.

La primera de ellas es ‘vida eterna’, y en este contexto Benedicto CVI ha explicado que “todo ser humano quiere vivir. Desea una vida verdadera, llena, una vida que valga la pena, que sea gozosa. Al deseo de vivir, se une al mismo tiempo, la resistencia a la muerte que, no obstante, es ineludible. Cuando Jesús habla de la vida eterna, entiende la vida auténtica, verdadera, que merece ser vivida. No se refiere simplemente a la vida que viene después de la muerte. Piensa en el modo auténtico de la vida, una vida que es plenamente vida y por esto no está sometida a la muerte, pero que de hecho puede comenzar ya en este mundo, más aún, debe comenzar aquí: sólo si aprendemos desde ahora a vivir de forma auténtica, si conocemos la vida que la muerte no puede arrebatar, tiene sentido la promesa de la eternidad.

Otros dos términos que el Papa ha reclacionado ha sido conocimiento y vida como relación porque “Nadie recibe la vida de sí mismo ni sólo para sí mismo. La recibimos de otro, en la relación con otro. Si es una relación en la verdad y en el amor, un dar y recibir, entonces da plenitud a la vida, la hace bella. Precisamente por esto, la destrucción de la relación que causa la muerte puede ser particularmente dolorosa, puede cuestionar la vida misma”.

Y retomando el argumento de la vida eterna, que en palabras de Jesús es “que te conozcan a ti a tu enviado” el Santo Padre ha explicado que “el conocimiento de Dios se convierte en vida eterna”. De hecho “conocer a Dios, conocer a Cristo, siempre significa también amarlo, llega a ser de algún modo una sola cosa con él en virtud del conocer y el amor”.

El Pontífice ha exhortado a vivir en diálogo con Jesús porque “entonces seremos personas que aman y actúan de modo justo…, viviremos de verdad”.

Importante ha sido la atención dedicada por Benedicto XVI la petición más conocida de la oración sacerdotal: la petición por la unidad de sus discípulos, los de entonces y los que vendrán. El Señor en el Cenáculo –recordó el Papa- “reza por los discípulos de aquel tiempo y de todos los tiempos venideros. Mira hacia delante en la amplitud de la historia futura. Ve sus peligros y encomienda esta comunidad al corazón del Padre. Pide al Padre la Iglesia y su unidad”. De hecho, ésta oración es un acto fundacional de la Iglesia.

“La oración de Jesús nos garantiza que el anuncio de los apóstoles continuará siempre en la historia; que siempre suscitará la fe y congregará a los hombres en unidad, en una unidad que se convierte en testimonio de la misión de Jesucristo. Pero esta oración es siempre también un examen de conciencia para nosotros”.

“Haber visto y ver todo lo que amenaza y destruye la unidad, – ha finalizado el Santo Padre- ha sido un elemento de la pasión histórica de Jesús, y sigue siendo parte de su pasión que se prolonga en la historia. Cuando meditamos la pasión del Señor, debemos también percibir el dolor de Jesús porque estamos en contraste con su oración; porque nos resistimos a su amor; porque nos oponemos a la unidad, que debe ser para el mundo testimonio de su misión”.

Tras la comunión el Santo Padre llevó la Eucaristía, al altar del monumento. Los fieles a lo largo de la noche acudirán a las iglesias para adorar la presencia permanente del Señor en el Sacramento Eucarístico, escuchar su palabra y unirse a su oración.

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