Benedicto XVI: “Entre fe y ciencia no existe oposición”


Benedicto XVI un miércoles más ha presidido ayer mañana en la plaza de san Pedro la Audiencia General cuya catequesis, según Radio Vaticano, ha dedicado “a uno de los más grandes maestros de la teología escolástica: San Alberto Magno”. El título de “grande” ‘magnus’ con el que ha pasado a la historia, ha explicado el Papa, “indica la vastedad y la profundidad de su doctrina, que asoció a la santidad de la vida”. Nacido en Alemania, al inicio del siglo XIII, se formó en la universidad de Padua.
Después de la ordenación sacerdotal y de haber entrado en la orden de los dominicos, sus superiores lo enviaron para que enseñara en varios centros teológicos anexos a los conventos de los Padres dominicos. Las brillantes cualidades intelectuales le permitieron perfeccionar sus estudios en la más célebre universidad de su época: París. De París pasó a Colonia, llevándose con él a un alumno excepcional: Tomás de Aquino. Entre los dos teólogos se instauró una relación de recíproca estima y amistad.
Sus dotes hicieron que el papa Alejandro IV llamara a Alberto a Roma durante un tiempo para valerse de sus consejos. El Pontífice lo nombró obispo de Ratisbona. En 1263, el papa Urbano IV lo envió de nuevo a predicar en Bohemia y luego a enseñar en Colonia. Siendo hombre de oración, enseñanza y caridad gozaba de gran estima, lo que hizo que interviniera en varias ocasiones como hombre de reconciliación en distintas disputas de la Iglesia con instituciones ciudadanas. Se prodigó también en el II Concilio de Lión, en 1274, convocado por el Papa Gregorio X, para favorecer la unión entre la Iglesia latina y la griega, tras el cisma de Oriente en 1054. Murió en su celda del convento de Santa Cruz en Colonia, en 1280.
San Alberto decía que “todo aquello que es racional es compatible con la fe revelada en las Sagradas Escrituras, puesto que entre fe y ciencia no existe oposición, al contrario, hay amistad, porque el mundo natural es un libro escrito por Dios”, ha afirmado Benedicto XVI. “Quien estudia las ciencias de la naturaleza -como hizo el mismo san Alberto en su juventud-, puede recorrer un verdadero camino de santidad”.
Benedicto XVI ha recordado en particular la valoración que hizo san Alberto del pensamiento de Aristóteles, demostrando una ”apertura mental” antes impensable, capaz de hacer suya una ”filosofía pagana y precristiana” hacia la cual muchos teólogos nutrían aversión. Fue una verdadera ”revolución cultural” -ha dicho el Pontífice- que ha demostrado como ”todo aquello que es realmente racional es compatible con lo que han revelado las Sagradas Escrituras”.

Este ha sido el resumen en español de la catequesis, hecho por el mismo Benedicto XVI.

Queridos hermanos y hermanas

San Alberto Magno, uno de los más grandes maestros de la Escolástica, nació en Alemania a comienzos del siglo trece, y profesó como dominico en Padua. Enseñó en la universidad de París y luego en Colonia, llevando consigo a Santo Tomás de Aquino. Por sus dotes y preparación, el Papa Alejandro IV lo quiso como consultor suyo por algún tiempo, y después lo nombró obispo de Ratisbona. Poco después se le concedió volver a su actividad docente y, en esta condición, contribuyó al desarrollo del segundo Concilio de Lyon, y también a la clarificación de la doctrina de Santo Tomás frente a algunas objeciones. Murió en Colonia, en olor de santidad, en mil doscientos ochenta. En el siglo pasado fue proclamado Doctor de la Iglesia y nombrado Patrón de los estudiosos de las ciencias naturales. Un título que destaca su prodigiosa cultura en muchos ámbitos del saber, desde la teología a las ciencias naturales. Pero que muestra también que no hay oposición entre fe y ciencia, y que estudiando las leyes de la materia se puede llegar, por analogía, al autor de la creación: la fe y la razón no se excluyen, sino que se armonizan y complementan.

En el marco de esta audiencia general, se ha vivido un momento de especial intensidad y emoción. Pues, como se había anunciado, Benedicto XVI ha bendecido una imagen de la Virgen del Carmen, que ha regalado a Chile por el Bicentenario de este país y con el fin de entregar consuelo, esperanza, fortaleza y como signo de afecto del Papa a los chilenos.

Recordamos que esta imagen de la Virgen del Carmen recorrerá todo el país, empezando su peregrinación por los lugares más afectados por el terremoto, junto con el Evangelio de Chile. Llevando la palabra escrita por miles de chilenos, como testimonio de fe y unidad con el mensaje de Cristo. Estas han sido las palabras del Papa, en sus saludos en español:

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa y al Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Alejandro Goić Karmelić, con la Delegación venida para recibir una imagen de la Virgen del Carmen, que bendeciré como signo de afecto a los hijos de ese País, que celebra su bicentenario, y los acompañará en estos momentos de dificultad tras el reciente terremoto sufrido. Saludo también a los grupos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Muchas gracias.

Saludando luego a los peregrinos de Polonia, Benedicto XVI ha recordado que mañana, solemnidad de la Anunciación del Señor, se celebra también en esta nación la Jornada de la Sacralidad de la Vida. Tras reiterar que el misterio de la Encarnación revela el particular valor y la dignidad de la vida humana, y haciendo hincapié en la necesidad de salvaguardar este don, «desde la concepción hasta la muerte natural», el Papa ha señalado que se une con todo su corazón a aquellos que emprenden diversas iniciativas en favor del respeto a la vida y en la promoción de una nueva sensibilidad social en este ámbito tan importante.

También en sus tradicionales palabras a los diversos grupos de jóvenes, enfermos y recién casados, Benedicto XVI ha recordado la solemnidad de la Anunciación del Señor, que celebraremos mañana. Con el anhelo de que sea para todos «una invitación a seguir el ejemplo de María Santísima», el Papa ha deseado a los queridos jóvenes que «se traduzca en pronta disponibilidad a la llamada del Padre», para que sean fermento evangélico en la sociedad.

A los queridos enfermos, el Santo Padre les ha deseado que sea impulso a renovar la aceptación serena y confiada de la voluntad divina y a transformar el sufrimiento en medio de redención de toda la humanidad. Y a los recién casados, que «el sí de María», suscite en ellos «un compromiso cada vez más generoso, para que puedan construir una familia fundada en el amor recíproco y en los perennes valores cristianos».

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