Benedicto pone a san Buenaventura y a santo Tomás de Aquino como ejemplos del necesario diálogo entre la fe y la razón


Benedicto XVI una vez más esta mañana ha dedicado la catequesis de la audiencia general de hoy a San Buenaventura. El Papa ante más de once mil fieles y peregrinos, reunidos por primera vez este año en la plaza de san Pedro, en una jornada espléndida de sol, ha querido hablar, por tercer miércoles consecutivo, de algunos aspectos de la doctrina del santo franciscano, confrontándolos junto a los de otro gran pensador de su época, Santo Tomás de Aquino. “Los dos -ha dicho el Papa- escrutaron los misterios de la Revelación, poniendo de relieve los recursos de la razón humana y resaltando el fecundo diálogo entre fe y razón”, según ha informado Radio Vaticano.
Por su brillantez espiritual, san Buenaventura junto a santo Tomás de Aquino representan la cima del pensamiento cristiano en la Edad Media y del diálogo fecundo entre fe y razón. Ambos renovaron la Iglesia de su tiempo, sirviéndola con pasión y amor. En la diferencia de sus distintas aproximaciones filosóficas y teológicas, los dos santos, ha explicado el Pontífice, mostraron la originalidad y la profundidad de su pensamiento. La diversidad de acento de sus tradiciones y de su espiritualidad expresa la fecundidad de la fe, unida a la variedad de sus expresiones.
El acento específico de la teología de san Buenaventura se explica, ha afirmado el Papa, por el carisma de san Francisco que durante toda su vida mostró el primado del amor. Citando al gran teólogo franciscano de la época medieval, ha subrayado que “el amor se extiende más allá de la razón, ve más lejos. Donde la razón no alcanza a ver, ve el amor”. Para Benedicto XVI, tal conclusión “no es testimonio de una devoción sin contenido sino una expresión límpida y realista de la espiritualidad franciscana”

Pero para comprender la elaboración de este tema -ha dicho Benedicto XVI- es necesario hacer referencia a los escritos de Seudo-Dionisio, teólogo sirio de sexto siglo. Para San Buenaventura, en la noche obscura de la cruz aparece toda la grandeza del amor divino. “Esta teología de la Cruz, nacida del encuentro entre la teología de Seudo-Dionisio y la espiritualidad franciscana, no deben hacer olvidar que para Buenaventura como para Francisco, toda la creación habla de Dios, de Dios bueno y hermoso y de su amor” ¡Que todas nuestras vidas sean, como para San Buenaventura, una subida hacia Dios! Que nuestra oración nos ayude.

Este ha sido el resumen que de su catequesis ha hecho en español Benedicto XVI en español para los fieles de nuestra lengua reunidos en la plaza de san Pedro.

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera continuar reflexionando sobre algunos aspectos de la doctrina de San Buenaventura que, junto a Santo Tomás de Aquino, contemporáneo suyo, representan la cima del pensamiento cristiano en la Edad Media y su diálogo fecundo entre fe y razón. Para Santo Tomás, en la Teología prevalece el aspecto intelectual, pues al conocimiento de Dios sigue el obrar según su voluntad, hacer el bien. San Buenaventura, sin oponerse eso, al conocer y al obrar añade la contemplación, que es el afecto provocado al encontrar a quien amamos. Sin renunciar en teología al comprender con la mente, no se detiene en la simple satisfacción del saber, pues se busca siempre conocer mejor al amado y amarlo cada vez más. Así, el primado del amor es determinante, porque el último destino del hombre es, a fin de cuentas, amar a Dios. De este modo, San Buenaventura trata de convencer a sus coetáneos, no solamente con la palabra, sino con toda su vida, y prospecta un “itinerario de la mente hacia Dios” que supone el camino de la razón, pero la trasciende en el amor. Es un itinerario que no puede plasmarse en un ordenamiento jurídico, porque es siempre un don de Dios que ayuda al creyente a acercarse cada vez más a Él. Y, en este acercamiento, habrá un momento en que la mera razón ya no puede ver más, pero donde el amor sigue vivo, dando claridad ante el misterio insondable de Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Que el ejemplo y el mensaje de San Buenaventura ayude a todos a seguir con esperanza en el camino hacia el misterio de la Pascua del Señor. Muchas gracias.

Durante la audiencia el Papa ha bendecido también la llama de san Benito “por la paz”, proveniente de Colonia y que se dirige al santuario de Cassino para la celebraciones de este fin de semana dedicadas al co-patrón de Europa. La delegación de la procesión de antorchas benedictina venía guiada, esta mañana en la plaza de san Pedro, por el arzobispo de Nursia-Espoleto, Mons. Renato Boccardo, quien encabezaba la delegación de la diócesis estadounidense de Trenton, donde fue encendida la “llama benedictina por la paz”. Iniciativa de la que el Papa ha auspiciado que contribuya a la formación de una conciencia “atenta a la solidaridad y a la cultura de la paz, siguiendo el ejemplo de san Benito, apóstol infatigable entre los pueblos de Europa”.

Como siempre antes de terminar la audiencia general, el pensamiento del Papa se ha dirigido a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Queridos jóvenes encontraros es siempre para mí un motivo de consolación y de esperanza -ha dicho- porque vuestra edad es la primavera de la vida. Sed siempre fieles al amor que Dios tiene por vosotros. Dirijo un pensamiento afectuoso también a vosotros, queridos enfermos. Cuando se sufre, toda la realidad en nosotros y en torno a nosotros parece obscurecerse, pero, en la intimidad de nuestro corazón, esto no debe apagar la luz consoladora de la fe. Cristo con su cruz nos sostiene en la prueba. Y vosotros, queridos recién casados, que saludo cordialmente, sed gratos a Dios por el don de la familia. Contando siempre con su ayuda, haced de vuestra existencia una misión de amor fiel y generoso.

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37933 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).