"¿Sacerdotes? ¡Los necesitamos!", carta del obispo de Girona


Mejor dicho, Cristo los necesita para llegar hasta cada uno de nosotros, ciertamente los necesitamos. Quizá no somos conscientes de ello hasta que no podemos contar con ellos.
Cristo los necesita para entregarse: “Tomad y comed; esto es mi cuerpo”, para insertarnos en la vida de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo: “Yo te bautizo…”. Para expresar las palabras que nos ofrecen el perdón y la paz: “Yo te absuelvo de tus pecados”. Para orar y bendecir a quienes se comprometen a amarse toda la vida en el matrimonio, convirtiéndose en sacramento o signo visible y eficaz del amor de Dios entre los suyos y entre los demás compañeros de camino. Cristo, Palabra Viva de Dios, necesita voces que se hagan eco permanente de su palabra, y no sólo voces, sino vidas que sean más elocuentes, si es preciso, que las palabras. Además, se debe guiar al rebaño, sea grande o pequeño, de las parroquias; organizar, acompañar y formar a todos cuantos sirven a los hermanos, especialmente a los más necesitados, reconociendo en ellos el verdaderos rostro de Cristo.
Además, hay que ir construyendo la Iglesia como comunidad misionera o evangelizadora, acogedora y samaritana en medio de nuestra sociedad. Esta Iglesia que debe hacerse vecina de todos y compartir, como lo hizo Jesús, penas y alegrías. Naturalmente que hay que contar para ello con los laicos y los religiosos, pero ¿quién los ayudará a descubrir su misión? ¿Quién los acompañará y los apoyará? ¿Quién los formará? ¿Quién hará posible que mantengan la esperanza y la ilusión cuando el escaso éxito –según la visión del mundo- los desanime y agobie? El presbítero, el sacerdote, el párroco, el vicario.
Cuando desde las parroquias, a mi o a quien sea obispo de Girona en aquel momento, se nos pida un sacerdote: “¡Mándenos un párroco!”, ¿Quién podrá ir? ¿De quien dispondrá el obispo para poder enviar?
Jóvenes, Cristo os necesita; yo y los fieles cristianos os necesitamos, la Iglesia diocesana os necesita, la sociedad también.

¿Qué os puedo ofrecer?
Primero lo que Jesús os ofrece: “El ciento por uno de casas, padre y madre, hermanos y hermanas, y también persecuciones”.
Segundo, la certeza de que vuestra vida tendrá un sentido total, que la habréis aprovechado completamente. Económicamente seréis poco retribuidos, muy poco, pero seréis los más ricos del mundo al poder ofrecer el mejor de los tesoros, el único que no se deteriora, que permanece para siempre.
Y por encima de todo, seréis un nuevo Cristo que se ofrece al poder decir: “Yo te bautizo… yo te perdono… este es mi cuerpo, esta es mi sangre…”. Nada más grande se puede desear en este mundo.
También sé que humanamente es difícil ser sacerdote, porque es como navegar en un barquichuelo y hacerlo contracorriente, río arriba, ante muchos espectadores que contemplan cual espectáculo como el sacerdote saca fuerzas de flaqueza para seguir remando, siempre hacia arriba… Y otros que aguardan hasta que deje de remar y, si esto se produce, lo señalan como “culpable…”.

Pero también es muy bonito, porque es convertirse en guitarra con el canta, pañuelo para el que llora, pan para quien tiene hambre, esperanza para quien la ha perdido, consuelo de los que lloran, anciano con los ancianos, payaso y caramelo para los niños, manta para los que pasan frío, cepillo para limpiar el fango y el polvo del camino, amor que alcanza a todos. Ministro del Señor Jesús.
En el presente curso, en nuestro Seminario, hay ocho jóvenes que se preparan para ser vuestros futuros presbíteros. Valoremos como se merece su decisión, animémosles, oremos por ellos, y contribuyamos con nuestro dinero a su formación.
En este año sacerdotal, al hacer memoria del santo Cura de Ars, san Juan María Vianney, procuremos todos vivir a fondo nuestra fe, avivemos la vida de las parroquias, manifestemos, los presbíteros, la alegría de serlo, y el Señor nos bendecirá con más vocaciones.

+ Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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