Benedicto XVI: “El mundo se mejora comenzando por uno mismo, cambiando, con la gracia de Dios, lo que no va bien”

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El rito de las cenizas celebrado el pasado miércoles, dio paso al inicio de la Cuaresma, tiempo de renovación espiritual que prepara a la celebración de la Pascua. El Santo Padre Benedicto XVI ha iniciado su alocución previa al rezo mariano del Ángelus respondiendo, según informa Radio Vaticano, a la pregunta de qué significa éste itinerario cuaresmal. Pregunta a la que precisamente responde el evangelio del primer domingo de Cuaresma, con la narración de las tres tentaciones de Jesús en el desierto.
El Pontífice ha explicado a los cientos de fieles congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, que esas tentaciones no fueron un simple incidente en el recorrido de Jesús, sino que fueron “la consecuencia de la elección de Jesús de seguir la misión que el Padre le confió, de vivir hasta el final su realidad como Hijo amado, que confía plenamente en Él”. “Cristo vino al mundo para liberarnos del pecado y de la fascinación ambigua de proyectar nuestra vida prescindiendo de Dios (…) Éste ejemplo vale para todos: el mundo se mejora comenzando por uno mismo, cambiando, con la gracia de Dios, lo que no va en nuestra vida”.
Analizando las tres tentaciones a las que fue sometido Jesús, el Papa ha recordado que representan la necesidad material –el hambre-, el engaño del poder –la promesa de todos los reinos-, y la obediencia a Dios, que nunca hay que poner a la prueba. “Ésta es una enseñanza fundamental para nosotros: si llevamos en la mente y en el corazón la Palabra de Dios, si ésta entra en nuestra vida, si confiamos en Dios, podemos rechazar todo tipo de engaño del Tentador”.
En este sentido, la Cuaresma se convierte en un lugar de “retiro” durante el que cada uno de nosotros entra en uno mismo y escucha la voz de Dios, para vencer las tentaciones del maligno y encontrar la verdad. “Un tiempo, podemos decir, de ‘entrenamiento’ espiritual para vivir junto a Jesús, no con orgullo y presunción, sino usando las armas de la fe, es decir, la oración y la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia. De este modo podremos celebrar la Pascua en verdad, preparados a renovar las promesas de nuestro Bautismo”.
Por último Benedicto XVI ha invocado a la Virgen María para que ayude a cada uno a vivir con felicidad este tiempo de gracia, y para que interceda en particular por él y por sus colaboradores en la Curia Romana que hoy inician sus ejercicios espirituales.
Y tras el rezo mariano del Ángelus y el responso por los fieles difuntos, el Pontífice ha saludado como es tradicional, en varias lenguas, éstas han sido sus palabras en español: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. En este inicio del itinerario cuaresmal, la liturgia nos va introduciendo poco a poco en un clima de mayor austeridad y recogimiento para propiciar en los fieles una reflexión profunda sobre el fin último de nuestra existencia y su dimensión eminentemente sobrenatural. Es Cristo el que se nos ofrece como única riqueza que perdura, como el verdadero alimento de vida eterna y la plenitud para nuestras almas. Confiemos a las manos maternas de María Santísima la vivencia humilde y fructífera de este tiempo de preparación para la Pascua. Muchas gracias y feliz domingo”.

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