"Anunciar a Jesucristo y pedir el Bautismo en Burgos, carta de Mons. Gil Hellín

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La experiencia de todos los días es que nuestra diócesis –como las del resto de España y Europa- ha sufrido un cambio profundo en lo relativo a la transmisión de la fe. Hasta hace unas décadas, los padres transmitían esa fe y enseñaban los criterios fundamentales de la vida cristiana con la misma naturalidad que el agua mana de la fuente. Una consecuencia importante era que todos llevaban a bautizar a sus hijos al poco de nacer y, en consecuencia, no existían niños en edad escolar que no estuviesen bautizados.
Hoy nos encontramos con una realidad muy diferente y ya no es infrecuente que los padres no lleven a bautizar a los hijos al poco de nacer, como requiere la fe en Cristo y exige la Iglesia. La consecuencia es que existe en nuestra diócesis un porcentaje relativamente alto de niños en edad escolar y no pocos jóvenes que no están bautizados. Hay que añadir los emigrantes. Una parte nada desdeñable de los cinco millones que conviven con nosotros no es cristiana. Esto explica que el mapa bautismal haya sufrido un cambio tan importante, que apenas habrá alguna parroquia de relieve en la que no existan niños en edad escolar y jóvenes nativos y emigrantes adultos no cristianos.
En algunos casos, los niños, al ver que sus compañeros de colegio van a la catequesis parroquial, se preparan para recibir la Primera Comunión y piden el bautismo al párroco. En otros, son los padres quienes toman la iniciativa. En el supuesto de los adultos, emigrantes o no, son ellos los que piden el bautismo, porque quieren contraer matrimonio católico o por otros motivos. Aunque no tenemos estadísticas científicas, existe la convicción de que hay muchos niños en edad escolar y no pocos adultos que no están bautizados.
Estos hechos nos sitúan ante una pregunta ineludible: ¿qué espera Dios de nosotros? La respuesta es que nadie puede encogerse de hombros, ya que todos tenemos una responsabilidad. Ante todo, los mismos no bautizados y sus padres. Pero también los sacerdotes y los demás fieles. Especial responsabilidad corresponde al obispo, en cuanto pastor supremo de la diócesis y responsable último de que Jesucristo sea anunciado como Salvador a todos y así todos puedan acogerlo por la fe y recibir el bautismo.
La Cuaresma ha sido siempre el tiempo más adecuado para prepararse a recibir el bautismo y los demás sacramentos de la Iniciación Cristiana. Por eso, desde aquí hago una llamada general a cuantos no estén bautizados para que se acerquen a sus parroquias y lo pidan. Allí les acogerán con delicadeza y cordialidad y les indicarán lo que deben hacer. Igualmente, invito a todos los sacerdotes de las parroquias importantes de Burgos y provincia a que realicen la misma llamada e insten a los fieles a actuar con la máxima responsabilidad y disponibilidad.
Por otra parte, a los bautizados que se han alejado de la práctica religiosa y hasta de la misma fe cristiana, pero que están repensando recomenzar con más hondura y compromiso, deseo manifestarles que la Iglesia está dispuesta no sólo a acogerlos como una buena Madre, sino que anhela compartir con ellos el gozo del retorno. La Cuaresma que estrenamos el pasado miércoles es una ocasión muy propicia para este recomienzo y para redescubrir la belleza del proyecto cristiano sobre los temas fundamentales de la existencia humana: la dignidad de toda persona, el valor de la vida, el amor y respeto a los padres y los hijos, la ley de la caridad para con todos, especialmente con los más necesitados, el sentido de la actividad humana, el más allá de la muerte, etcétera.
Como repetía el Venerable Juan Pablo II, nos encontramos en un momento apasionante para la evangelización; y la primavera de la Iglesia estará más cerca, si los cristianos somos capaces de realizarla con gozo y responsabilidad.

+ Mons. Francisco Gil Hellín,
Arzobispo de Burgos

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