Contra el hambre defiende la tierra

Arzobispado de Barcelona – http://www.arqbcn.org – Cartas dominicales, “Palabra y vida”

Un año más, Manos Unidas pone de relieve una realidad dolorosa y vergonzante, presente en nuestro mundo del siglo XXI: el hambre. La campaña de este año tiene por lema: Contra el hambre, defiende la tierra. Dios ha creado el universo para que esté al servicio de toda la humanidad y para que todos los miembros de la humanidad de todas las generaciones puedan vivir como personas. El Creador ha puesto a nuestra disposición todo lo necesario para poder poner una mesa con un plato para todos, sin ninguna distinción. Sin embargo estamos lejos de realizar este plan de Dios, por una injusta distribución de la riqueza y por un abuso en el modo de utilizar los bienes de la creación. Por eso es muy cierto que si quieres luchar contra el hambre has de defender la tierra. Hoy podemos afirmar que existe unanimidad en la conciencia de que estamos haciendo un mal uso de los recursos del planeta, lo que afecta gravemente al equilibrio y la estabilidad del ecosistema global y del clima. De seguir así, estamos minando los fundamentos de nuestra propia casa con todos nosotros dentro de ella. La doctrina social de la Iglesia ofrece unos criterios que conviene tener muy presentes y seguirlos para valorar como es debido nuestro universo. El ser humano no ha de disponer arbitrariamente de la tierra, sometiéndola sin reserva a su voluntad. Un comportamiento como éste, significa que el hombre no se siente colaborador de Dios en la obra de la creación, sino amo de la creación, suplantando a Dios, y con ello provoca la rebelión de la naturaleza. La programación del desarrollo económico ha de considerar muy en serio la necesidad de respetar la integridad y los ritmos de la naturaleza, porque los recursos son limitados y algunos no son renovables. Hemos de tener muy presente que la responsabilidad de salvaguardar el medio ambiente, patrimonio del género humano, se extiende no sólo a las exigencias del presente, sino también a las del futuro. Por eso, los graves problemas ecológicos requieren un cambio de mentalidad que mueva a los individuos, colectivos y administraciones a adoptar nuevos estilos de vida. Una vez más, es necesario poner de relieve que las personas son el centro de las preocupaciones del desarrollo sostenible y del cambio climático. Hemos de superar la visión de la naturaleza como objeto de provecho y de interés para el hombre, visión que, hasta ahora, ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias y violencia para una mayoría de la humanidad. Se ha de ver en el universo una unidad de las relaciones entre todo lo que lo compone, incluida la persona humana. El hombre y la mujer, desde este punto de vista, tienen una responsabilidad primordial que se traduce en proseguir la tarea del Creador. Esta responsabilidad se expresa en un auténtico compromiso por la justicia. Ante el drama del hambre y de la inseguridad alimentaria, Benedicto XVI, en su encíclica Caritas in veritate, propone que hemos de recorrer un camino que contemple el futuro, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres por medio de inversiones en infraestructuras rurales. Para luchar contra el hambre se ha de defender la tierra para que pueda dar todo aquello que, de ser respetada, puede ofrecer a todas las generaciones.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona
Agencia SIC
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