“Bienvenidos a este lugar de paz y encuentro”. Saludo en la apertura del Año Santo compostelano en Roncesvalles

perez_gonzalezAltezas,
Sra. Ministra,
Presidentes de las Comunidades autonómicas,
Cabildo de la Real Colegiata de Roncesvalles,
Autoridades
Amigos todos,

Sed bienvenidos a este lugar de paz, de encuentro, de honda y profunda historia. Roncesvalles simboliza la puerta de acogida de miles y miles de peregrinos que comienzan aquí su peregrinación con la esperanza de llegar al encuentro del apóstol Santiago. La Virgen de Roncesvalles les irá acompañando a lo largo de toda la travesía y ella será la compañera fiel en los días de esfuerzo y de superación de las dificultades que se irán presentando en cada jornada. Ponernos en camino es salir de nosotros para encontrarnos con la vida que brota en el corazón de tantas personas con las que nos encontramos y con tantas realidades que nos llevan a mirar nuestro modo de actuar y de pensar. Por naturaleza somos caminantes, nuestra existencia es necesariamente una andadura espiritual. La condición humana se plasma en la realidad profunda del camino por el que vamos articulando y orientando nuestra andadura vital.
El peregrino -siempre- camina hacía una meta, guiado por una fuerza interior que lo va conduciendo y le va señalando –en cada momento- aquello que es necesario, aquello que es imprescindible, aquello que le va ayudando a descubrir su propia experiencia como ser humano. En esta situación dinámica que es la vida misma, Cristo se ha hecho camino para todos los que creen en Él.
Los lugares de Tierra Santa, Roma y Santiago han sido los tres destinos a donde han caminado –a lo largo de la historia y de manera mayoritaria- los peregrinos cristianos, tres lugares señalados donde fortalecer la experiencia religiosa y sanar las heridas de los pecados producidas en el interior de los corazones. El Camino de Santiago está lleno de dimensiones que, en muchas ocasiones, se nos escapan y no somos capaces de verlas en su profundidad y en su dimensión. Los peregrinos que recorren el Camino, la gran mayoría de ellos con intenciones religiosas, demuestran que el ser humano continúa siendo un ser religioso, donde las experiencias y las vivencias más hondas le llevan a buscar en su interior la respuesta a todas aquellas cuestiones sobre su sentido y sobre su caminar en la vida. En este caminar, es donde el ser humano descubre la necesidad de encontrarse con un Dios generoso, cuidadoso de cada corazón y lleno de ternura y de profunda misericordia.
El Año Santo Compostelano, el segundo del Tercer Milenio, tras el celebrado el año 2004 comporta un año de gracia del Señor que supone cada Jubileo, en el que el peregrino de todas las épocas, y en especial el hombre de hoy, encuentra al final del Camino lo que más necesita: el don total de la misericordia de Dios, el encuentro con Cristo que cancela todos nuestros pecados. Este es el foco irresistible de atracción del Camino en el año Jubilar. No por menos el lema del Año Santo es: “Peregrinos hacia la Luz”.
Esa luz es Jesucristo que ilumina la experiencia de todo aquel que desea seguirle. Tras la puerta del perdón y el abrazo al Apóstol, los peregrinos salen transfigurados por el pórtico de la Gloria que es como el anticipo de la puerta del Cielo, de la vida plenamente bienaventurada. La experiencia religiosa hondamente vivida como experiencia de encuentro del hombre con su Dios, es siempre manantial de conocimiento y de avance de la civilización humana, porque fortalece interiormente la mente de los creyentes, sitúa la existencia en el contexto de la realidad, inspira y moviliza la creatividad del hombre, propone escalas de valores y formas y pautas de comportamiento.
La fe cristiana no solamente está en las raíces de Europa, sino que forma parte de su presente y de su futuro. Europa tendrá que volver a reconocerse cristiana o irá perdiendo, poco a poco, su propia identidad y sus adquisiciones más altas. Juan Pablo II el año 1982 dijo en Santiago de Compostela: “Europa vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes…Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo.”
Altezas, Señores Presidentes, Señora Ministra, amigos todos, agradecemos vuestra presencia y os deseamos una feliz estancia entre nosotros. Vuestra asistencia en esta etapa inicial del Camino de Santiago que es Roncesvalles, nos alegra a todos y nos llena de esperanza y fortalece nuestro espíritu, contamos con vuestro apoyo –demostrado en tantas ocasiones- para que la Ruta Jacobea siga siendo, ante todo, una ruta de profunda vivencia religiosa y una ruta espiritual hacia el encuentro personal de los peregrinos con el misterio de Dios presente en medio de nuestro mundo.

Mons. Francisco Pérez, arzobispo de Pamplona y Tudela

9 de febrero de 2010

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