"La justicia promueve la paz", carta del arzobispo de Tarragona en su comentario a las virtudes

pujol
Después de haberme referido a la virtud de la prudencia ahora quiero fijarme en la justicia. Las dos, así como la fortaleza y la templanza –de las que me ocuparé más adelante- configuran las virtudes humanas básicas. La Sagrada Escritura las loa en muchas ocasiones si bien, a veces, las denomina de manera diferente. Así en el libro de la Sabiduría leemos: “A quien ama la justicia, le da como fruto las virtudes, porque enseña templanza y prudencia, justicia y fortaleza (Sab 8,7)”.
La justicia es la virtud moral que consiste en la voluntad firme y constante de dar al prójimo aquello que le es debido. No es difícil observar la gran importancia que tiene esta virtud para salvaguardar la convivencia entre todos. Si algo es debido quiere decir que alguien tiene un “derecho”. Pensemos, por ejemplo, en los Derechos Humanos, aquellos que son debidos a cualquier persona, por el hecho de serlo. Si no tuviéramos este deseo de ser justos con los demás, aparte de que tampoco podríamos exigir nuestros derechos, nos abocaríamos no a una convivencia pacífica sino a ley del más fuerte, generando un cúmulo de injusticias sin fin. La justicia nos dispone a respetar los derechos de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad con referencia a las personas y al bien común. Por esto es tan importante que todos seamos justos en nuestros ámbitos, aunque nos parezcan muy corrientes y ordinarios.
La justicia no se ejercita solamente con los hombres sino también con Dios y en este caso recibe el nombre de virtud de la religión. Esta virtud nos dispone a los actos propios de la relación del hombre con su Creador; de hecho, esto quiere decir religión: ‘religar’, ‘relacionar’. Estos actos son la adoración, la alabanza, la plegaria, el sacrificio,…
Pero es necesario ir más allá de las meras relaciones de equidad si de verdad queremos ser justos. La justicia es una virtud y, por lo tanto, conviene que crezca siempre más. El hombre justo, a menudo evocado en los Libros sagrados, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y por la conducta recta hacia el prójimo. “”No procederás injustamente en los juicios; ni favorecerás al pobre, ni tendrás miramientos con el poderoso, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo” (Lv 19,15), leemos en el libro del Levítico. Y san Pablo, dirigiéndose a los de Colosas, les dice: “Amos, conceded a vuestros esclavos lo que es justo y equitativo, sabiendo que también vosotros tenéis un amo en el cielo” (Col 4,1). También leemos en la Escritura que la obra de la justicia es la paz. Dado que todos deseamos la paz, como uno de los bienes más preciados, promovamos la justicia en aquello que esté en nuestras manos, y construiremos un mundo más justo y más pacífico.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo de Tarragona

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