El obispo castrense de Colombia en el funeral por John Felipe Romero: “Aunque nuestros corazones estén doloridos, no debemos perder la calma, ni abdicar de los grandes ideales castrenses”

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El príncipe de Asturias y diferentes autoridades civiles y militares han participado esta mañana en Barcelona en el funeral por el soldado John Felipe Romero, de 21 años, fallecido en atentado en Afganistán el pasado día 1. La ceremonia ha sido presidida por el obispo castrense de Colombia, Mons. Fabio Suescun, a quien han acompañado en el altar Mons. Juan del Río, arzobispo Castrense de España, y Mons. Sebastián Taltavull, obispo auxiliar de Barceloina. Mons. Suercun, que se encontraba en España participando en la Conferencia Internacional de Jefes de Capellanes Militares, se ha unido al dolor de las familias que sufren el “terrorismo inhumano” y ha ofrecido en su homilía el consuelo de la fe a quienes sufren el dolor de la pérdida de un hijo al servicio de la paz. Ofrecemos a continuación el texto completo de la homilía del obispo castrense de Colombia.
Homilía de Mons. Fabio Suescún Mutis, Ordinario Militar de Colombia, en el funeral por el soldado John Felipe Romero Meneses, celebradoi hoy en Barcelona.

1. JOHN FELIPE ROMERO MENESES, vino a España procedente de mi país Colombia, se alistó en el glorioso y valiente Ejercito Español. Con su juventud recién estrenada, quiso dar lo mejor de sí por los demás. Encontró la muerte cuando acompañaba a una caravana del Programa Mundial de Alimentos en Afganistán. Ante estos hechos surgen muchos interrogantes: ¿Por qué cuando se busca la paz no falta la violencia de aquellos que han hecho del terror su forma de vida? ¿Por qué cuando se apoya acciones humanitarias de dar de comer al hambriento se muerde la mano de aquel que te da de comer? Parece como si el oprobio de la guerra fuera a triunfar frente a los anhelos de paz entre los pueblos. Hoy, vosotros militares españoles junto con esta familia colombiana sufrís en primera persona las consecuencias de estas acciones de fanáticos terroristas. Aunque nuestros corazones estén doloridos, no debemos perder la calma, ni abdicar de los grandes ideales castrenses, como tan poco abandonar a la primera de cambio, y así los enemigos de la paz y la seguridad internacional capeen por “sus anchas”. Sabemos que es muy duro comprender que la libertad y seguridad de nuestras fronteras nos la jugamos a muchos kilómetros de aquí, pero en la actualidad el concepto de defensa ha cambiado para todos.

2. “El Señor aniquilará la muerte para siempre” (Is 25,6) En medio del dolor os traigo el bálsamo de la Palabra de Dios que en esta mañana enjuga las lagrimas de nuestros rostros y nos abre a la esperanza. Porque ciertamente, encontrar sentido a la muerte y más en este caso no es nada fácil. La tentación a la desesperación se puede hacer presente pero es un camino que no conduce a nada. En cambio cuando nos abrimos al misterio que hay en nosotros mismos, nos encontramos que todos anhelamos un deseo de eternidad y hay un presentimiento de que la vida humana no puede terminar en la pura descomposición de nuestro cuerpo mortal. La respuesta definitiva la encontramos en el Dios de la Vida que nos ha creado para que vivamos eternamente con Él. Esa propuesta de salvación nos ha llegado por la fe en su Hijo Jesucristo que con su muerte y resurrección nos ha librado de la muerte eterna. Todos aquellos que comen el pan de la Eucaristía están llamados a la resurrección final. En este sentido lo mejor que podemos hacer por nuestro hermano John Felipe es ofrecer esta Santa Misa que es prenda y seguridad que nuestro hermano resucitará. A la vez pedimos para que el Gran Sanador que es el Señor Jesús cure pronto las heridas de aquellos soldados que han sufrido también las consecuencias de este atentado. Desde aquí una vez más, junto con todos los obispos españoles, condenamos este hecho.

3. “Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida”. Vinisteis querida familia colombiana a este gran país que es España, tan conocido entre nosotros como “la madre patria”, ella os recibió con un corazón generoso y aquí en la prospera y acogedora Cataluña habéis puesto vuestra morada. Vuestro hijo un día partió hacia las peligrosas tierras de Afganistán, pero no había completado el viaje de su vida, e inesperadamente desde allí partió hacia la Casa del Padre, donde ya no hay muerte, ni guerra, ni dolor, sino gozo y paz eternamente (cf. Ap 21,4). Por eso os invito a la confianza en Dios que cura toda dolencia. Recordar siempre las palabras del Salmo que acabamos de escuchar: “¡Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor!” ASÍ SEA.

†Fabio Suescún Mutis, Ordinario Militar de Colombia.

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