Saludo de bienvenida de Mons. Juan del Río a los participantes en la Conferencia Internacional de Jefes Capellanes Castrenses

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1.”Salud y Paz”. Con estas palabras deseo dar la más cordial bienvenida a todos los participantes en la XXI Conferencia Internacional de Jefes de Servicio de Asistencia Religiosa de la OTAN y su entorno, así como de los países hermanos de Latinoamérica presentes. De manera especial saludamos al Jefe del Servicio Religioso de los Estados Unidos para Europa con sede en Alemania (NATO/ USEUCOM). Agradecemos a sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias el haber aceptado la Presidencia de Honor de este encuentro. Os damos las gracias por haber escogido España como país anfitrión, en concreto la ciudad de Madrid donde se encuentra la sede de este Arzobispado Castrense. Los orígenes de éste se remontan a 1532, con la reorganización del Arma de Infantería de los Tercios españoles. Esta gratitud es un reconocimiento por vuestros sacrificios y amplitud de miras. Muchos habéis hecho un largo viaje y todos habéis tenido que renunciar a otras ocupaciones para haceros presentes en esta significativa iniciativa. Desde el principio queremos deciros que os acogemos como “verdaderos hermanos”, que os sintáis como en “vuestra casa”. Hemos preparado este evento con los medios materiales que tenemos a nuestro alcance y con la mejor voluntad del mundo. Si hubiera alguna deficiencia confiamos que la sepáis disculpar. Sea como fuere, es motivo de satisfacción el estar juntos y tener en común nuestra condición de CAPELLANES CASTRENSES, siendo tan diversas nuestras creencias, culturas y naciones. Demos gracias al Altísimo por este elocuente testimonio ante nuestra sociedad.

2. El tema elegido es de máxima actualidad para los diversos países, culturas y religiones presentes en esta Catedral de las Fuerzas Armadas Españolas. Así lo demuestra vuestra alta participación. Durante estos días de estudio, convivencia e intercambio de experiencias, abordaremos cómo la presencia de la Religión en la Milicia es algo que viene demandado por los Derechos Fundamentales del ser humano. No es una condescendencia del Estado o de un régimen político. No contradice la legítima separación, que actualmente se da en muchos países, entre religiones y Gobiernos. Las dificultades suelen surgir cuando no se respetan las peculiares condiciones de vida castrense y cuando se tienen prejuicios sobre el papel social de la Religión y por tanto del capellán. Sin embargo, encuentros como el que nos congrega estos días se convierten en plataformas para limar asperezas por desconocimientos mutuos, para saber responder a los nuevos retos que tienen nuestros militares y para construir puentes de entendimiento entre Religión, Cultura, Sociedad y Milicia, dentro del marco de la máxima libertad para todos y del respeto a la diversidad religiosa.

3. Las Religiones son muchas y variadas; reflejan el deseo de los hombres y las mujeres de todos los tiempos de entrar en relación con el Ser Absoluto. El Hecho Religioso es un elemento integrante de la conciencia de la persona, una categoría universal indispensable, ya que se presenta como un fenómeno característico de todas las sociedades y culturas. La existencia humana no se halla arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz a lo que constituye su fundamento de sentido: Dios. La dimensión religiosa de la persona no debe ser ni infravalorada, ni silenciada en la esfera pública. La historia demuestra que cuando esto sucede se termina arruinando la vida de los hombres y de las naciones. Por el contrario, el “genuino sentimiento religioso” es fuente inagotable de respeto mutuo y de armonía entre los pueblos. Más aún, en él se encuentra el principal antídoto frente a la violencia y el conflicto (cf. JUAN PABLO II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2002).

4. Numerosas voces han señalado a las Religiones como las causantes de las guerras y el terrorismo. El hombre ciertamente no acierta cuanto toma el nombre de Dios en vano, es decir, cuando se apropia de lo sagrado para sus propias conquistas y egoísmos. Lo mismo ocurre cuando los grandes valores son utilizados en beneficio de un determinado grupo político o ideológico; al final se termina justificando crímenes horrendos por todos conocidos. El problema no está en las realidades, sino en el uso que hacemos de ellas, trátese de Dios, patria, libertad, seguridad, igualdad, justicia… No deberíamos olvidar nunca que la verdad no se impone, sino que se propone. Pretender imponer a otros con la violencia lo que se considera como la verdad, significa violar la dignidad de la persona e instrumentalizar a Aquel que es el Inabarcable y Todopoderoso, que respeta siempre la libertad de sus criaturas. Como dijo Benedicto XVI: “a nadie le es lícito servirse de la diferencia religiosa como presupuesto o pretexto para una actitud beligerante hacia los demás seres humanos” (2.9.2006). Por tanto, la fe en Dios no es fuente de guerra, sino de paz. En cambio, los ídolos de moda, creados por las ideologías y la manipulación de la Religión, son los que siempre terminan enfrentando a las personas y a los pueblos.

5. El mal es una realidad innegable. El ser humano se siente continuamente tentado por él. En muchas ocasiones nuestra inteligencia no está al servicio del bien, sino de los egoísmos particulares, desde donde surgen las guerras y contiendas entre los hombres y pueblos. Las Fuerzas Armadas tienen como misión ser “guardianes de la paz” (Juan Pablo II) y no “señores de la guerra”. Los ejércitos constituyen un elemento indispensable para garantizar la independencia, la seguridad, la libertad y la paz de nuestros pueblos. La institución militar está formada por hombres y mujeres que, soportando de manera callada muchas y grandes privaciones, están motivados e ilusionados por los nobles ideales de servicio de los demás, en defensa de los grandes principios constitucionales de cada nación. Ellos hacen de alguna manera suya la máxima evangélica: “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.” (Jn. 15, 13).

6. En este contexto las prestaciones religiosas no sólo no son superfluas, sino que potencian los valores castrenses y facilitan a los ejércitos el desarrollo de los mismos. La atención integral a la persona requiere la solicitud religiosa a los soldados según las creencias de cada uno. Ello se ha de realizar tanto en tiempo de paz como de conflictos, ya que no es un añadido ni un adorno, sino una cuestión vital para su desarrollo profesional, humano, psicológico y espiritual. La presencia de los capellanes entre los militares cumple, por tanto, esta doble función: coadyuvar a mejorar su calidad humana en todas sus vertientes y, sobre todo, potenciar la realidad trascendente en todos y cada uno de sus miembros. La labor de los capellanes representa un “plus de humanidad” en la atención a nuestras tropas. Es una presencia sencilla, que acompaña y ayuda en cualquier situación, en particular, hoy en día, en las numerosas misiones de paz o de carácter humanitario que realizan muchos de nuestros ejércitos.

7. El mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz de este año lleva por lema: Si quieres promover la paz, protege la creación. Preservar el entorno natural para construir un mundo de paz es un deber de cada persona. Ciertamente, la paz es don de Dios, pero también es respuesta responsable del hombre, que ha de comenzar por el respeto a la creación y a sus semejantes. Por eso, esa tarea es sumamente delicada y ardua, a los viejos problemas se añaden otros nuevos. Así, por un lado tenemos que la no resolución de los problemas ecológicos amenaza a las futuras generaciones. Y en otro orden completamente distinto e incomparable, percibimos cómo en la hora presente se multiplican episodios de violencia de diverso género y etiología, que en ocasiones alcanzan límites inauditos. Éstos deterioran la paz fundada sobre la justicia y con frecuencia se radican falazmente en la defensa de los más pobres. Hoy más que nunca hay que unir fuerzas y voluntades para responder al mal con el bien, para tutelar la paz con sentido de responsabilidad y alto grado de humanidad. A este respecto, es elogiable el esfuerzo de muchas personas, instituciones y gobiernos por contribuir a una paz con base sólida en la equidad, la verdad, la justicia y la solidaridad.

8. Para nosotros los creyentes, la paz no es sólo el resultado de unos acuerdos, consensos, negociaciones y compromisos, sino que existe otra dimensión de la paz y otro camino para promoverla que es la oración. Creer en la fuerza de la oración, que hace posible lo imposible, conlleva que nuestra plegaria sea intensa, humilde y confiada. Esto requiere la conversión del corazón porque, si no hay paz en nosotros mismos, se hace muy difícil que seamos instrumento de paz para otros. En este sentido, a los que no se quedan en las palabras, sino que se comprometen de manera concreta en la noble obra de construir puentes y facilitar el entendimiento entre los hombres y los pueblos, se les podría aplicar las palabras evangélicas: “Bienaventurados los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).

9. Los Capellanes Castrenses, como servidores de los “guardianes de la paz”, que son los miembros de nuestras Fuerzas Armadas, tenemos siempre dos grandes intenciones en nuestras oraciones. Una es pedir sin cesar, todos los días, por los hombres y mujeres que dan sus vidas por la Patria. La otra es de carácter más universal, y nos hace sentirnos cercanos a toda desgracia humana que se dé en cualquier país de la tierra, sea natural, bélica o de otro tipo. De ahí que, en estos momentos, nuestros sentimientos de solidaridad y caridad vuelen hacia la amada nación haitiana, tan duramente castigada como consecuencia de los devastadores terremotos recientemente acaecidos en ella. Haití está sumido en la desolación por el gran número de víctimas y heridos y por la extrema y angustiosa pobreza en que se encuentran sus habitantes. Además, las últimas noticias recibidas nos informan de la complejidad de la situación que se ha creado en el país, y no sólo por la magnitud del seísmo, sino por los postreros acontecimientos de todos conocidos.

10. Allí está llegando de varios modos la ayuda humanitaria internacional. Para paliar el dolor y la penuria de los haitianos no podían faltar los hombres y mujeres pertenecientes a las Fuerzas Armadas de diversos países. Entre ellos, van también Capellanes Castrenses que, junto con instituciones religiosas y organizaciones no gubernamentales, están dando lo mejor de sí mismos para ser portadores de consuelo, asistencia y aliento. Éstos, y tantas personas anónimas que han acudido o están contribuyendo en ayuda de los damnificados haitianos, son un signo luminoso de esperanza de una humanidad más comprometida con la paz y, a la vez, representan el rostro solidario y benéfico de nuestras naciones.
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11. Sea ésta la ocasión para unirnos también desde aquí a tantos esfuerzos como la comunidad internacional está realizando próvidamente por Haití, redoblando nuestro recuerdo y socorro hacia esa querida nación. Pedimos que este caudal de solidaridad y oración de los primeros momentos no se agote, sino que continúe en ayuda para la reconstrucción del país, a fin de que los haitianos puedan vivir con dignidad. Imploramos a Dios desde lo más hondo de nuestro corazón, para que, en estas tristes circunstancias o en otros trágicos sucesos que se dan en diferentes partes del mundo, nadie permanezca indiferente ante el sufrimiento humano. Y que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación” (cf. Misal Romano, Plegaria Eucarística V/c).

Concluyo, dando las gracias a todos los que han hecho posible este Encuentro que hoy inauguramos, a las autoridades del Ministerio de Defensa, a los distintos Cuarteles Generales y a las empresas colaboradoras. Os reitero que venís a vuestra casa. Sed bienvenidos y que estos días produzcan copiosos frutos de paz y prosperidad a toda la familia militar a quienes servimos y a las naciones que representamos. Muchas gracias.

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