El Papa Benedicto XVI recuerda la enseñanza de su encíclica “Deus caritas est” y señala que la caridad es la síntesis de la vida cristiana

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El Papa Benedicto XVI se ha asomado a la ventana del palacio Apostólico del Vaticano para rezar el Ángelus con los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro procedentes de todo el mundo. El Santo Padre ha reflexionado sobre los textos bíblicos de la misa del IV Domingo del Tiempo Ordinario, entre ellos el conocido “Himno a la caridad” de san Pablo en su Primera carta a los Corintios e el que S. Pablo enseña, ha dicho el Santo Padre, el “camino” de la perfección, según ha difundido Radio Vaticano.
“Ésta –ha señalado el Papa– no consiste en tener cualidades excepcionales: hablar lenguas nuevas, conocer todos los misterios, tener una fe prodigiosa o cumplir actos heroicos. Consiste sin embargo en la caridad –ágape– es decir en el amor auténtico, aquel que Dios nos ha revelado en Jesucristo. La caridad es el don ‘más grande’, que da valor a todos los demás, y sin embargo, ‘no presume, ni se enorgullece’, es más, ‘goza de la verdad’ y del bien de los demás”. Quién ama verdaderamente “no busca el propio interés”, “no lleva cuentas del mal recibido”, “disculpa sin limites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites” (Cfr 1 Cor 13, 4-7). Al final cuando nos encontremos cara a cara con Dios, ha recordado Benedicto XVI, todos los demás dones quedarán atrás; el único que quedará eternamente será la caridad, porque Dios es amor y nosotros seremos semejantes a Él, en comunión perfecta con Él.
“Por ahora, mientras estamos en este mundo, la caridad es el distintivo del cristiano. Es la síntesis de toda su vida: de aquello que cree y de aquello que hace. Por esto al comienzo de mi pontificado, he querido dedicar mi primera encíclica precisamente al tema del amor: Deus caritas est”.
El Pontífice ha recordado que ésta, su primera encíclica, está compuesta por dos partes, que corresponden a dos aspectos de la caridad: a su significado, y por lo tanto a su actuación práctica. “El amor es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre. Y, al mismo tiempo, el amor es, por decirlo de alguna forma, el ‘estilo’ de Dios y del hombre creyente, es el comportamiento de quién, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo. En Jesucristo estos dos aspectos forman una perfecta unidad: Él es el Amor encarnado. Este Amor nos ha sido revelado en Cristo crucificado”.
Benedicto XVI, en su breve alocución antes del Ángelus, ha aludido a los Santos donde reconocemos la variedad de sus dones espirituales y sus características humanas. Pero que la vida de cada uno de ellos es un himno a la caridad, un cántico viviente al amor de Dios. Hoy, 31 de enero, recordamos en particular a san Juan Bosco, fundador de la Familia Salesiana y patrono de los jóvenes.
“En este año Sacerdotal quiero invocar su intercesión para que los sacerdotes sean cada vez más educadores y padres de los jóvenes; y, para que experimentando esta caridad pastoral, tantos jóvenes acojan la llamada a dar la vida por Cristo y por el Evangelio: María Auxiliadora, modelo de caridad, nos obtenga estas gracias.
Tras el rezo del Ángelus y del responso por los fieles difuntos Benedicto XVI ha recordado que este último domingo de enero, se celebra la Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra. En este sentido ha recordado la figura del Padre Damián de Veuster, que dio la vida por estos hermanos y hermanas, y al que el pasado mes octubre proclamó santo confiandole a todas las personas que todavía hoy sufren esta enfermedad así como a los agentes sanitarios y voluntarios que se prodigan para que exista un mundo sin lepra, saludando además, a la Asociación Italiana de Amigos de Raoul Follereau.
También el Pontífice ha recordado que hoy se celebra la segunda Jornada de Intercesión por la Paz en Tierra Santa. “En comunión con el Patriarca Latino de Jerusalén y el Custodio de Tierra Santa -ha dicho-, me uno espiritualmente a la oración de tantos cristianos de todas las partes del mundo”.

La crisis económica asimismo ha sido abordada por el Santo Padre que ha recordado que está causando la pérdida de numerosos puestos de trabajo, por lo que esta situación requiere gran sentido de responsabilidad por parte de todos: empresarios, trabajadores, gobernantes. En este sentido el Papa ha aludido a algunas realidades italianas como, el cierre de las fábricas en Termini Imerese (Sicilia) y Portovesme (Cerdeña). “Me uno por lo tanto -ha manifestado Benedicto XVI-, al llamamiento de la Conferencia Episcopal Italiana, que ha animado a hacer todo lo posible para tutelar y hacer crecer la ocupación, asegurando un trabajo digno y adecuado para el mantenimiento de las familias”.
Casi al final, el Papa ha dado las gracias a los muchachos de la Acción Católica de Roma que le han leído un mensaje de paz y que han acompañado al Santo Padre desde la ventana del palacio Apostólico con motivo de la “Caravana de la paz” desde donde han soltado dos palomas como señal de esperanza. Los demás muchachos estaban en la plaza de San Pedro acompañados por el cardenal vicario.
Y éste ha sido el saludo de Benedicto XVI en español dirigido a los peregrinos de nuestra lengua que han participado en la plegaria mariana: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a las Comunidades parroquiales venidas de San Sebastián de los Reyes, el Puerto de Santa María, Arcos de la Frontera, San Fernando y Madrid, así como a los grupos de estudiantes y profesores de Valdelacalzada, Talavera La Real y del Colegio San Atón, de Badajoz. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que, como nos exhorta san Pablo en la liturgia de ese domingo, sepamos vivir una vida de auténtico amor. De un amor que se alimenta del encuentro con Cristo en la Eucaristía y se manifiesta en gestos concretos de atención y caridad hacia el prójimo. Feliz domingo”.

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