Emergencia educativa litúrgica

Benedicto16misa
Por José María Gil Tamayo /

A pesar del aviso fugaz de algún analista eclesial y de alguna que otra breve referencia en portales informativos en Internet, apenas se ha acusado recibo –y, menos todavía se ha dado nadie por aludido- de un magnífico y extenso artículo del cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicado el 25 de diciembre pasado en la edición española semanal de L´Osservatore Romano, y de sus declaraciones posteriores en el diario italiano Il Foglio.
Con un evidente respaldo de Benedicto XVI, que le ha puesto al frente del “ministerio” vaticano de Liturgia, el purpurado español hace toda una declaración programática de su dicasterio para el futuro inmediato, con un claro objetivo: “Reavivar el sentido litúrgico en la vida de la Iglesia”, que así titula el escrito. Lo que supone que esta dimensión esencial de la vida del Pueblo de Dios está debilitada en unos sitios o moribunda en otros e incluso -¿por qué no decirlo?- muerta en no pocos por extraña al genuino sentir católico, a fuerza de experimentos en esta materia o por las inclemencias exteriores del secularismo y del materialismo reinantes, que rechazan toda dimensión sobrenatural de la existencia personal o colectiva.

Anemia litúrgica
Sin dejar de reconocer los innegables logros que en el aspecto litúrgico se han producido tras el Concilio Vaticano II, el hasta hace no hace mucho Primado de España señala que la causa de la patología litúrgica a la que se ha llegado en muchos ambientes “se debe al hecho de que frecuentemente en el centro no está Dios y la adoración de Él, sino los hombres y su capacidad `hacedora´… Cuando esto sucede los fieles y las comunidades se secan, se debilitan, y hasta languidecen sin vida”. Como dice Joseph Ratzinger, se ha prescindido de lo esencial: “el primado fundamental de Dios y de la adoración”.
Para llegar a esta situación de anemia litúrgica muchos han operado en una clave de ruptura, de hacer todo “ex novo”, y no como un desarrollo orgánico de la Tradición de la Iglesia, con lo que ha habido un “desarraigo” celebrativo, parejo o coadyuvante al de la propia identidad o pertenencia cristiana.
Han contribuido a ello, además del activismo mencionado, una formación doctrinal deficiente y la pérdida de interioridad, a las que no ha sido extraña la ausencia de un ambiente espiritual adecuado en las familias, en la catequesis y en no pocas comunidades cristianas, invadido además por la superficialidad del ruido mediático actual en el que no hay apenas espacio para el silencio, e incluso para la oración. Se ha minusvalorado, en una palabra, la dimensión espiritual de la vida cristiana, muchas veces enfrascados en estériles acentos de líneas o de sensibilidades pastorales, cuando no, incluso, en una extraña admiración por orientalismos de moda. Sin espiritualidad no puede haber vida litúrgica y viceversa.

Hermenéutica de la continuidad
Para el cardenal Cañizares ha llegado el tiempo de poner remedio y en su plan de revitalización litúrgica tiene –como no podría ser de otro modo- un inspirador y un modelo inmediato: Joseph Ratzinger, tanto en su enseñanza magisterial y en su praxis ceremonial de Romano Pontífice, como en su anterior producción teológica, que ha encontrado siempre en la Liturgia uno de sus temas preferidos para el estudio y la espiritualidad personal.
Y como aviso a quienes no albergaban otra cosa que la idea de una vuelta atrás, a antes del Concilio, el antiguo arzobispo de Toledo deja claro que el referente principal de la revitalización litúrgica proyectada no va ser otro que la Constitución Sacrosanctum Concilium del Vaticano II, entendida y profundizada, eso sí, en una “hermenéutica de la continuidad” con la Tradición de la Iglesia, y que el cardenal prefecto considera que “todavía no ha entrado plenamente en el corazón del pueblo cristiano, sobre todo el llamado `espíritu’ de la Liturgia”.
Como medio para comenzar la revitalización el cardenal Cañizares propone la puesta en marcha urgente, como si se tratara de una emergencia educativa, de un verdadero plan formativo que incluye “una auténtica mistagogía litúrgica”, de profundización en el sentido y espíritu de la Liturgia, lejos todo ello tanto de la innovación arbitraria como del extrensicismo rubricista.
Los libros de textos básicos para este empeño no serán otros que la citada constitución conciliar, el Magisterio pontificio, el Catecismo de la Iglesia y los propios libros litúrgicos.
Se trata, en definitiva, de recuperar el verdadero espíritu de la Liturgia y con él la vuelta a lo esencial: la primacía de Dios y la salvación de los hombres. “Lex orandi, lex credendi”.

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37816 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).