El director de "Alfa y Omega" recuerda en la verdadera misión de los medios de comunicación al servicio de la verdad

velasco
Palabras de agradecimiento de Miguel Ángel Velasco, director del Semanario “ALFA y OMEGA” en nombre de los premiados:
“Te corresponde dirigir a los presentes en dicho acto de entrega unas palabras, en nombre de los premiados”: así me lo hacía saber José María Gil, al comunicarme oficialmente, en nombre de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, -leo textualmente-, que “el semanario Alfa y Omega, de la Archidiócesis de Madrid, ha sido galardonado con el Premio “¡Bravo!” de Prensa 2009, por su tarea constante en el difícil ámbito de la información religiosa especializada, consiguiendo por medio de su encarte en uno de los periódicos de mayor tirada nacional, un gran servicio eclesial, al llegar a todos los rincones de España, y convertirse en una referencia obligada de este tipo de información realizada con profundidad”.

Son palabras mayores, señores e amigos. Son palabras que requieren la debida gratitud y que
comprometen, estimulan y exigen mucho.

En realidad, a quien, por derecho propio, bien ganado, le correspondería dirigirles estas palabras, sería a nuestro José María Javierre, “Premio Bravo Especial” de este año. Más especial no ha podido ser, porque sin duda alguna, el mismo Señor en persona se lo quiso conceder llamándole junto a Él, en vísperas de la Navidad. Según establecen las normas por las que se rigen, estos Premios “pretenden reconocer, por parte de la Iglesia, la labor meritoria de todos aquellos profesionales de la comunicación en los diversos medios, que se hayan distinguido por el servicio a la dignidad del hombre y de los valores evangélicos”.

Si había un profesional del periodismo en nuestra Iglesia, con una labor meritoria en grado sumo, al servicio del Evangelio y del hombre, a lo largo y ancho y profundo de sus ochenta y cinco años, era José María: don José María Javierre Ortas, sacerdote, escritor y periodista, Operario Diocesano, doctor en Teología e Historia de la Iglesia, corresponsal de YA en Roma, director de El Correo de Andalucía, subdirector de Ecclesia, animador de PPC y Vida Nueva, Rector del Colegio Español en Munich, responsable de la versión española de la monumental Historia de la Iglesia, de Fliche-Martin, director de programas religiosos en televisión, -Ultimas Preguntas en TVE, por el que obtuvo el Bravo de Televisión en 1992, Testigos de hoy, en Canal Sur-, apasionado autor de más de una treintena de biografías de santos, – “No se pueden escribir enseñaba, si uno no se enamora del biografiado”-, hasta canónigo del Cabildo de la catedral de Sevilla… Sin discusión posible, uno de los más destacados comunicadores cristianos del último medio siglo, en España y fuera de España… y amigo entrañable e inolvidable.

Afable, cordial, de palabra fascinante hablada y escrita, enamorado de la Palabra, con mayúscula y también con minúscula, convencido hasta los tuétanos, desde sus escarceos líricos juveniles en “Estría”, hasta sus últimas confidencias eclesiales a los amigos, de que si algo es Dios es comunicación, comunicación de amor, y si algo es el Evangelio, es buena noticia. Y, cómo él solía repetir en sus charlas y conversaciones, las noticias son para darlas, no para quedarse uno con ellas; y las buenas, más aún. Bueno, pues a eso, tan sencillo y elemental como
endiabladamente complicado a veces, que es comunicar la Buena Noticia -la Verdad molesta, y decirla sin molestar, o molestando lo menos posible es tarea ardua- dedicó su vida, sus afanes, sus ilusiones, su inmenso talento, su prodigiosa lucidez, su creatividad desbordante José María, el “cura Javierre”. Nadie, señores e amigos, da lo que no tiene, y José María dio mucho y bien.

Y a muchos. “De la abundancia del corazón habla la boca”, reza la vieja sabiduría del refranero castellano.

En esa clamorosa y humanísima sección periodística que son las Necrológicas ha habido – ocurre siempre en esa sección – quien ha aprovechado para arrimar el ascua a su escuálida sardina, pero hemos podido leer todos lo que se ha escrito sobre él, con motivo de su paso a la vida eterna: le han llamado informador seductor, que calzaba sandalias de esperanza, le han proclamado defensor de las libertades y divulgador de la Iglesia, vitalista enfermizo y demócrata convencido, han reconocido que sin su nombre no se puede escribir la historia del periodismo católico del siglo XX. ¡Cómo se lo deben estar pasando allá arriba, desde que ha llegado el cura Javierre, Descalzo, Cabodevilla, don Lamberto, Pérez Lozano, Lolo, Laín, Zubiri, Tarancón… ¿Se imaginan la sorna aragonesa, injertada en Sevilla, con que José María les habrá comentado las noticias de última hora, en la España de su alma? Ahora mismo, cuando ya ha recibido de las manos misericordiosas de Dios, nuestro Padre, el “Bravo” definitivo, me gustaría poder ver por un agujerito la sonrisa comprensiva de José María siguiendo este acto en el que, sin estar, está tanto. Siempre el Jurado de los Premios Bravo raya a gran altura, especialmente en sus Premios especiales, pero este año no han podido acertar más, les ha salido redondo, al proclamarle “urbi et orbi” “maestro de comunicadores y pionero de formatos que han creado escuela periodística”. ¡Enhorabuena, querido José María!

El Premio ¡Bravo! de Radio ha sido concedido a Radio 5 Todo Noticias, en el 15 aniversario ya de su creación en España, por su especial dedicación y aportación a la actividad informativa radiofónica como servicio público imprescindible en la vida ciudadana, en la que también ha integrado, con profesionalidad, y en coherencia con el derecho a la libertad religiosa, algunos contenidos de este tipo de programación. Con la que está cayendo en este momento en España, lograr, queridos compañeros de Radio 5 Todo Noticias ser un auténtico servicio público imprescindible para los ciudadanos es verdaderamente admirable y muy de agradecer. No habrá seguramente ciudadano alguno que desee estar bien informado, y, desde luego, ningún profesional del periodismo digno de tal nombre, que no haya recurrido o recurra a lo que hacéis vosotros, si quiere saber lo ultimísimo sobre cómo está el patio, a cualquier hora del día o de la noche.

El Premio ¡Bravo! de Televisión ha sido, este año, para el programa “Madrid opina”, emitido semanalmente por TeleMadrid, “por ser un ejemplo de espacio de debate que combina la información, la opinión y el análisis de la actualidad, dirigido con rigor y sobriedad por Ernesto Sáez de Buruaga y en el que caben diferentes intervenciones, siempre respetuosas, de expertos en la materia y de los mejores periodistas del panorama nacional”. Tan a menudo que, lamentablemente, casi es considerado normal, las llamadas tertulias televisadas no son otra cosa que una serie de monólogos sucesivos en los que cada tertuliano expone sus tópicos, sin apearse de sus prejuicios políticos o ideológicos, más o menos sectarios, más o menos tercamente sostenidos, contra viento y marea. Las más de las veces, no se trata de buscar el bien común, de compartir la verdad, sino de tener razón, a toda costa. Hasta tal punto es así, que el espectador medianamente informado y con algunas horas de vuelo sabe de antemano lo que, sobre tal o cual tema, va a decir tal o cual tertuliano, y rarísimas veces de la discusión sale la luz, como debería ser, sino todo lo contrario: una mayor confusión. Ernesto Sáez de Buruaga, que, a pesar de sus horas de vuelo, sigue pensando que vivir la adrenalina de ser periodista es lo más bonito que hay en la vida, y su equipo son, a Dios gracias, la grata excepción que confirma la regla.

Todo no da igual, todo no vale lo mismo, porque si todo valiera lo mismo, entonces nada valdría un pimiento. Confundir el respeto a la opinión de los demás y a su libertad de expresión con el respeto a lo que dicen y hacen no es de recibo. Las personas siempre son respetables. Todas, sin excepción alguna; sus ideas y sus comportamientos, unas veces son respetables, otras son menos respetables y otras muchas no son respetables en absoluto. Y lo mejor que, desde una visión verdaderamente cristiana de la vida, se puede hacer es hacérselo ver, porque, como constantemente enseña Benedicto XVI, la auténtica caridad consiste en decir siempre la verdad, cueste lo que cueste. Ese sí que es el verdadero y auténtico respeto a cada persona.

El Premio Bravo de cine ha sido otorgado al programa “Pantalla Grande”, de Popular TV, que presentan Juan Orellana y José Jerónimo Martín, por haberse convertido en uno de los pocos programas de la televisión nacional que, en un formato atractivo, presenta la actualidad de la cartelera cinematográfica y el análisis, a la vez erudito y divulgativo, de las películas que interesan al espectador. El programa es, para muchos católicos, por su criterio e indicaciones, un manual de consulta obligada, antes de ir al cine, o de elegir una película para utilizarla en la actividad pastoral. Como la televisión y como Internet, el cine es hijo de la luz. Juan Orellana y Jerónimo Martín, hace mucho que, gracias a Dios, con buen gusto, con amenidad, sin dar la lata con autosuficiencias de todo a cien, ponen esa luz, evangélicamente, no bajo el celemín, sino en el candelero de la tele, de modo que alumbre a todos los de la casa; por lo menos, a todos los que quieran dejarse alumbrar. Llevan casi una década haciendo inteligentemente visible y culturalmente rentable la racionalidad de la fe, de la verdad, de la belleza del séptimo arte.

El Premio ¡Bravo! de Música 2009, ha sido concedido a la directora de orquesta Inma Shara, la única mujer que desempeña, al más alto nivel, esta disciplina en España y una de las pocas que lo hacen en todo el mundo. Se le otorga este reconocimiento “por su brillante carrera musical, que la ha llevado a dirigir las más prestigiosas orquestas del mundo y a actuar ante el Papa Benedicto XVI, haciendo, en medio del complejo mundo artístico, confesión pública de su fe, para afirmar que todo lo que hace no es mérito suyo, sino don de Dios, y que la música es un medio privilegiado para expresar la grandeza del Creador”. Dominadora sutil de la técnica musical, esta alavesa, Inmaculada Sarachaga, enamorada de la música y de África, sabe someter a su magistral batuta tanto las grandes sinfonías clásicas como la música de vanguardia. Verla dirigir una orquesta emociona a jóvenes y mayores. Consigue transmitir y contagiar sus vibrantes emociones y sentimientos. ¿No consiste en eso el arte?

El Premio ¡Bravo! de Publicidad ha sido concedido, este año, a la campaña “Metro de Madrid”, por el anuncio “Madrileños”, elaborado por la agencia McCann Erickson, en el que la protagonista es una mujer que está a punto de dar a luz y que es ayudada, con entusiasmo y generosidad, por los usuarios de la red pública del Metro. El spot es un canto sencillo a la vida y a lo mejor del ser humano, expresado en los viajeros del Metro que forman, durante unos segundos, una auténtica comunidad de personas. Sin duda, todos lo habéis visto y apreciado más de una vez. Por mucho que se repita el anuncio, no es como tantos y tantos otros que aburren y hasta molestan. En éste, el primer gemido y lloriqueo de un nuevo ser humano consigue la atención, el interés, la solidaridad conmovida, la humanísima emoción del telespectador. Nadie se queda indiferente ante ese gemido primero, ante tan gozoso estreno de vida humana. En un momento verdaderamente letal para la vida humana en España, en el que legalmente, pero nunca legítimamente ni mucho menos lícita moralmente, no sólo se niega el derecho inalienable
y fundamental a nacer, sino que insensata, suicida y bárbaramente se reconoce como supuesto derecho un delito criminal, un exterminio, este spot publicitario es una bocanada de humanidad, de oxígeno moral puro, de auténtica dignidad humana.

El Premio ¡Bravo! de Nuevas Tecnologías ha sido para la web www.clerus.org, portal de la Congregación del Clero, por su trabajo al servicio de la Palabra de Dios, en especial la Sagrada Escritura, por su interpretación a la luz de la Tradición y del Magisterio, con comentarios teológicos y exegéticos, pensado todo ello desde la perspectiva del usuario de las nuevas tecnologías, ofreciendo un material riquísimo para el ejercicio del ministerio sacerdotal. Es bonito, muy bonito, que en un Año Sacerdotal, como el que estamos celebrando en la Iglesia, los sacerdotes no pierdan el tren de las nuevas tecnologías. Los medios, tal vez conviene recordarlo una vez más, son nada más que medios, no fines; pero nada menos que medios, sin los cuales se hace más difícil conectar y entenderse en la sociedad actual. Es hermoso que la Iglesia sea capaz de estar a la altura de lo que se le exige, también en este ámbito. En el mundo actual no se puede evangelizar –no se empeñen en lo contrario- sin medios de comunicación.

El Papa, en su mensaje de la Jornada de Medios de este año, habla de la necesidad de que la Palabra navegue mar adentro en la tupida red del ciberespacio. El premio ¡Bravo! al trabajo diocesano en medios de comunicación ha sido otorgado a la Delegación de Medios de Comunicación social de la diócesis de Córdoba, por su trabajo eficaz en la atención a los medios, que, en los últimos años, ha sido constantemente mejorado con nuevas iniciativas, por ejemplo el Canal Diócesis TV, de televisión por Internet, para hacer llegar a todos la información de la vida diocesana. Monseñor Asenjo, arzobispo de Sevilla y todavía Administrador apostólico de Córdoba, escribía en “Iglesia en Córdoba”: “Los medios de Córdoba han dado cabida a la información que genera la Iglesia, que ordinariamente es mucho más rica y fecunda de lo que en muchas ocasiones otros medios reflejan sobre ella. Ello se ha debido, en buena medida, a la buena sintonía de la Delegación, que dirige José Juan Jiménez Güeto, con los profesionales cordobeses, y a su disponibilidad para servirles en todo aquello que es compatible con la caridad, la justicia y el bien común”. No se puede decir más ni mejor.

Y el premio ¡Bravo! de Prensa ha sido concedido a Alfa y Omega, con la motivación a la que ya me he referido. Este es el momento de dar las gracias más sinceras: en primer lugar, a Dios Nuestro Señor, cuya Providencia rige nuestras vidas y obras; a la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social y a todos y cada uno de los miembros del Jurado de estos Premios; al señor cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de la diócesis de Madrid que no regatea esfuerzos ni sacrificios, desde hace ya quince años, para que Alfa y Omega pueda estar en todos los kioscos de España, los jueves , con ABC; a Prensa Española, sin cuya sensibilidad, esta interesante fórmula de edición y de distribución no habría sido posible; al ya casi centenar de profesionales que han hecho posible Alfa y Omega en estos quince años y, en especial, al entusiasta y joven equipo que lo hace posible hoy.

En la primera portada de Alfa y Omega campeaba esta pregunta clave: “Y vosotros ¿quién decís que soy Yo?” A esa pregunta radical tratamos de responder desde Alfa y Omega, semana tras semana, desde hace ya más de 670, que son muchas semanas, señores e amigos. Son muchos los millones de lectores, en España, y también en todo el mundo de habla castellana, a través de Internet, a los que intentamos hacer llegar el esplendor de la Verdad.

Queremos contar la Iglesia al mundo y el mundo a la Iglesia, convencidos de que el Señor no hizo un referéndum
para ver qué era eso de la verdad, que le preguntaba el Pilatos cantamañanas de turno, y que tantos cantamañanas de todos los tiempos han seguido y siguen preguntando, sin darse cuenta de que la tienen delante. El Señor no hizo un referéndum; no. Sencillamente dijo: “Yo soy la verdad”. Yo no sé qué tendrá que responder a esa pregunta un budista o un masón, o un agnóstico, Sí sé lo que tiene que responder un cristiano, y no digamos un periodista cristiano. O nos lo creemos, o no nos lo creemos; pero, si nos lo creemos, y nosotros nos lo creemos,
tenemos que actuar en consecuencia. Sin alharacas, que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Queremos ser bosque que crece. Sin dar demasiadas voces, ya digo, pero también sin complejo alguno de nada, ni en la vida privada ni en la vida pública. Los derechos de Dios están tan vigentes en la una como en la otra. Queremos servir a la gente que piensa en el bien común y que ese pensar, suyo y nuestro, se haga vida de cada día. Iniciaba mis palabras con un recuerdo emocionado a José María Javierre que aquí está, sin estar. Quiero terminar, no podía ser de otro modo, evocando a otro periodista católico español que está a punto de conseguir el supremo Premio ¡Bravo! de la Iglesia universal: la beatificación. Era, es, uno de los nuestros: escribía y hablaba de política, economía, cultura, nacional, internacional, sucesos, cine, religión, fútbol, en fin, de la vida. Igual que nosotros, sólo que mejor. Atado a la columna de su silla de ruedas durante 30 años, nos demostró que se puede
ser periodista, el mejor periodista, y santo, porque se es capaz de vivir la fe, la esperanza y la caridad de manera sublime y ejemplar, sin músicas celestiales ni angelitos tocando el arpa, siendo santo de andar por casa, pero un santazo como la copa de un pino. Cronista del amor, lo llamó Tico Medina. Sabéis que “los monseñores de Roma”, como decía Javierre, piden un texto del Evangelio para iniciar la documentación del proceso de beatificación. En el caso de Lolo, el decreto de su Causa comienza con las palabras de Jesucristo: “Vuestro gozo no os lo quitará nadie”. Así que los monseñores de Roma han reconocido en Lolo muchas cosas que vosotros sabéis igual o mejor que yo; pero, sobre todo, el perfume de su alegría cristiana, desde su silla de ruedas. A ver si conseguimos que se nos contagie.

Con mi reiterada gratitud, de corazón, mi más alegre y efusiva enhorabuena a todos.
Miguel Ángel Velasco

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37878 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).