El cardenal Rouco invita “a convertir nuestra sociedad en el espacio acogedor en el que se reconozca la dignidad de los trabajadores extranjeros”

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Con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de las Migraciones, el domingo 17 de enero, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha hecho pública una carta titulada “Los emigrantes y los refugiados menores de edad”. En ella, señala que “los trabajadores inmigrantes y los refugiados, al establecerse quizá definitivamente entre nosotros, reagrupando a sus familias o formando nuevos hogares, han alcanzado una significativa presencia. Nuestra Iglesia, que vive y obra profundamente inserta en la sociedad madrileña y solidaria con sus aspiraciones y sus dramas, se sabe especialmente llamada a convertir nuestra sociedad en el espacio acogedor en el que se reconozca la dignidad de los trabajadores extranjeros”.
Por eso, se dirige a cuantos constituyen “la Iglesia Católica en Madrid -comunidades parroquiales, movimientos, comunidades educativas, familias inmigrantes y madrileñas en general- y a todos los hombres de buena voluntad, amantes de la justicia y de la paz” y les invita a “asumir con generosidad la acogida y el servicio no sólo de los hombres y mujeres inmigrantes y refugiados, sino también, y en especial, de sus hijos menores, sin olvidar a los menores no acompañados. Nuestra comunidad eclesial ha de poder ser estimada, con toda verdad, como casa común y escuela de comunión, en la que cada persona es valorada y promovida por su condición de hija de Dios, que constituye su cualidad más excelente y más real”.
Les invita a luchar “contra la rémora de la mentalidad, los prejuicios y los hábitos contrarios a esta ley de la acogida del hermano; a ejercitar el diálogo y la comprensión”, afirmando que “los pastores y educadores cristianos particularmente deben empeñarse en ello”, sin desfallecer. “Creemos y desarrollemos una cultura madura de la acogida, que facilite procesos de auténtica integración de los menores inmigrantes y refugiados y sus familias, acogidos legítimamente en el tejido social y cultural de nuestro pueblo, y que nos estimule a contemplar con más hondura a la persona humana, salvaguardando la dignidad del hombre en las relaciones sociales, laborales y económicas”.

Recuerda que “en España todos los menores, con independencia de su origen e incluso de su situación legal, tienen garantizados los derechos fundamentales de la educación, sanidad, ayudas, formación profesional… Pero hemos de ir más lejos. Asumamos plenamente nuestro compromiso de comunión, de justicia, de solidaridad y de paz…, expresado en gestos concretos, sencillos y constantes. Es el camino para que todos y cada uno de nosotros, y de modo especial los menores inmigrantes y refugiados podamos crecer con equilibrio humano y espiritual”.
Dirige esta invitación de una manera especial a los jóvenes, a quienes invita a crear “espacios de encuentro en orden al reconocimiento y enriquecimiento mutuos en la familia, en la comunidad cristiana, en la escuela, entre los amigos, en el trabajo, en el deporte, en el tiempo de ocio. Estáis llamados a ser hombres y mujeres fraternos y solidarios, pacificadores, amantes de la vida, respetuosos con todos. Haced que caigan las barreras de la desconfianza, de los prejuicios y de los miedos que por desgracia existen”. Les recuerda que son “la juventud de nuestro pueblo y de nuestras comunidades cristianas”, por lo que les exhorta a dejar “una estela digna de ser imitada. Dentro de pocos años, los jóvenes de hoy seréis los responsables de la vida familiar y de la convivencia en la ciudad. Con vuestra manera de vivir tenéis que manifestar claramente vuestra fe: creados a imagen y semejanza de Dios para amar, sólo nos realizamos plenamente cuando nos entregamos sinceramente a los demás. Confiamos en vosotros”.
Invita “a las familias -inmigrantes y madrileñas- y especialmente a los padres y las madres” a trabajar “incansablemente en la educación de vuestros hijos”, sin darse por vencidos. “La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir. Si la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada gratuitamente y que hay una fraternidad universal entre todos los seres humanos. De este modo, juntos podremos hacer frente a los desafíos que nos plantea esta sociedad plural, urbana, compleja y cambiante”.
Exhorta a las familias inmigrantes a encarar “el reto del desarraigo social y cultural. Vuestros hijos, reagrupados o nacidos aquí, serán ellos mismos y superarán también esa difícil situación culturalmente tan compleja con la que se encuentran, que a veces les lleva a no reconocerse -como algunos han expresado- ni en nuestra sociedad, ni en nuestras escuelas, ni en la comunidad cristiana, con un sufrimiento más doloroso que el que padecen los adultos, y que se hace especialmente hiriente en el ámbito escolar”.
También se dirige a los educadores, a quienes invita a trabajar “para que la escuela sea verdaderamente el ámbito en el que todos los alumnos, con independencia de sus orígenes, crezcan día a día en el aprecio de sus compañeros, aprendan a convivir en la diversidad cultural y a respetarla. Ayudadles a abrir sus grupos, demasiado cerrados a veces sobre sí mismos. Enseñad a los jóvenes y adolescentes, vuestros alumnos, a superar las actitudes de mera tolerancia y valorar el auténtico respeto y la amistad, para que pueda crecer en ellos la estima de los valores culturales y religiosos del otro y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Y en cuanto a las familias inmigrantes que tienen hijos en edad escolar, facilitadles la necesaria información sobre los programas de escolarización, procurad el acercamiento efectivo de la escuela a sus expectativas respecto a la educación de los hijos, a sus problemas, a sus valores y no olvidéis ofrecerles la clase de religión y moral católica prevista en la programación escolar. Es vital para facilitar su incorporación y participación en la escuela y en las asociaciones de padres”.
Concluye pidiendo a la Virgen que “vele maternalmente sobre nosotros y nos ayude a permanecer en nuestra vocación y compromiso y a comprender las dificultades de quienes están lejos de su patria”.

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