"¿Bautizar o esperar?", carta del obispo de Girona

Pardo
El ciclo navideño toca a su fin, tras la Navidad y la Epifanía-Fiesta de los Reyes Magos, que significa manifestación espléndida y gozosa, con la fiesta del bautismo de Jesús en el río Jordán, al inicio de su vida pública. También esta fiesta es una manifestación de quien es Jesús. El cielo abierto, expresión que significa que hay comunión entre Dios y el hombre, la presencia del Espíritu y la voz del Padre, testimonian quien es, en verdad, aquel joven galileo llamado Jesús.
Nosotros somos de Cristo, cristianos, de aquel mismo Jesús. Diciendo que somos de Él no solo afirmamos que aceptamos su palabra, sino que estamos unidos a Él para siempre, que su vida pasa por la nuestra, que existe esta comunicación. ¿Cuándo se inicia esta comunicación-unión vital? En nuestro bautismo y, posteriormente, por medio de los demás sacramentos.
De ahí el título de estas líneas. ¿Bautizar o esperar?
Se trata de una cuestión que nos han planteado en más de una ocasión. Unos padres que han dado vida a un hijo quieren ofrecerle todo lo que está en sus manos para que pueda sentirse amado y ayudarle en su desarrollo, y se preguntan si deben bautizarlo o esperar a que sea él quien decida. Se preguntan, en definitiva, si no bautizándolo será más libre para tomar una decisión… Otros ni siquiera se lo plantean, sencillamente lo rechazan o no piensan en ello.

Es frecuente, antes de celebrar la primera comunión, la práctica de bautizar a niños que no lo han sido de pequeños. Y actualmente está aumentando el número de adultos, jóvenes o no tan jóvenes, que se preparan para el bautismo por medio del catecumenado. Lo importante es recibir el bautismo y el momento dependerá de muchos factores. Pero quisiera responder a la pregunta de aquellos jóvenes padres que, al contemplar a su hijo recién nacido, se preguntan por su bautismo.
Un regalo o un don no sólo no es un obstáculo, al contrario, es una gran ayuda para vivir.
El bautismo es un don, y no un don o un regalo cualquiera, es el gran don de Dios que nos hace hijos suyos, unidos a Jesús, hermanos suyos, por la recepción del Espíritu Santo. “YO TE BAUTIZO EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO”. Al mismo tiempo nos hace miembros de una gran familia extendida por todo el mundo, la familia de Jesús, la Iglesia.

El bautismo ofrece el amor de Dios Padre, la comunión con Jesús y el don del Espíritu. No existe mejor regalo para vivir.
Los niños tienen que ser amados. Les daréis comida y vestido. Les ofreceréis una familia, irán a la escuela, aprenderán una lengua, incluso se aficionarán a un deporte, les llevaréis al médico… En todos estos casos no esperaréis a que sean más libres, a que lo puedan entender y decidir, sencillamente porque entonces ni podrían vivir ni tendrían capacidad para decidir nada. Gracias a todo lo que reciben gradualmente podrán ejercer su libertad.
Si queréis lo mejor para vuestros hijos, bautizadlos. Naturalmente, debéis creer que Jesús es el Salvador, que es la Vida; y debéis educar a vuestros hijos e hijas como cristianos.
A semejanza de Jesús, que crezcan en edad, bondad y la sabiduría de la fe ante Dios y ante los hombres.
Y no olvidéis de escoger unos padrinos, padrino y/o madrina, que os ayuden en esta misión, y no para darles una alegría, puesto que la alegría hay que ofrecerla al bautizado, sino para que velen con vosotros por su educación cristiana.

Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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