Benedicto XVI: “Nuestra esperanza está en Dios, no en el sentido de una genérica religiosidad, o de un fatalismo encubierto de fe”

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“¡En este Domingo –segundo después de Navidad y primero del año nuevo- estoy muy contento de renovar a cada uno mis deseos de todo bien en el Señor! Problemas no faltan ni en la Iglesia ni en el mundo, así como en la vida cotidiana de las familias. Pero, gracias a Dios, nuestra esperanza no tiene en cuenta sus improbables pronósticos ni tampoco, siendo importantes, las previsiones económicas”. Con estas palabras Benedicto XVI ha comenzado su breve alocución previa al rezo mariano del Ángelus ante miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de san Pedro del Vaticano, según ha informado Radio Vaticano.
“Nuestra esperanza está en Dios, no en el sentido de una genérica religiosidad, o de un fatalismo encubierto de fe. Nosotros confiamos en el Dios que en Jesucristo ha revelado de manera completa y definitiva su voluntad de estar con el hombre, de compartir su historia, para guiarnos a todos a su Reino de amor y de vida. Ésta es la gran esperanza que anima y a veces corrige nuestras esperanzas humanas”.
Y refiriéndose después a las tres lecturas bíblicas que la liturgia de este segundo domingo después de Navidad nos propone, Benedicto XVI ha subrayado que estos textos afirman que Dios no solamente es el creador del universo –aspecto común también para otras religiones- sino que es Padre, que “nos eligió antes de la creación del mundo … predestinándonos a ser hijos adoptivos suyos” (Ef 1,4-5) y que por esto ha llegado al punto inconcebible de hacerse hombre: “el Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros” (Jn 1,14). El misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios, ha proseguido el Papa, ha sido preparado en el Antiguo testamento, en particular allí donde la Sabiduría divina se identifica con la Ley mosaica.
“Queridos amigos, ésta es la verdadera razón de esperanza de la humanidad: la historia tiene un sentido, porque está ‘habitada’ por la Sabiduría de Dios. Y sin embargo, el designio divino no se cumple automáticamente, porque es un proyecto de amor, y el amor genera libertad y pide libertad. El Reino de Dios viene ciertamente, es más, ya está presente en la historia y gracias a la venida de Cristo, ha vencido ya la fuerza negativa del maligno. Pero cada hombre y mujer es responsable de acogerlo en la propia vida, día a día. Por esto, también el 2010 será más o menos ‘bueno’ en la medida en la que cada uno, según la propia responsabilidad, sabrá colaborar con la gracia de Dios”.
El Santo Padre ha pedido a todos los fieles, presentes en la Plaza de San Pedro que se dirijan a la Virgen María, para aprender de Ella este planteamiento espiritual. “El Hijo de Dios ha tomado carne de Ella con su consentimiento”. Por lo que cada vez que el Señor quiera dar un paso hacia adelante, con nosotros, hacia la “tierra prometida”, llama primero a nuestro corazón, espera, por decirlo de alguna forma, nuestro “sí”, en las cosas pequeñas y en las grandes opciones.
“¡Que María –ha exhortado el Papa- nos ayude a acoger siempre la voluntad de Dios, con humildad y valentía, para que también las pruebas y los sufrimientos de la vida cooperen a acelerar la venida de su Reino de justicia y de paz”.
Tras el rezo del Ángeles y el responso por los fieles difuntos Benedicto XVI ha saludado en varias lenguas. Éstas han sido sus palabras en español: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. El Evangelio de hoy nos recuerda el grandioso acontecimiento del misterio de la Navidad: la Palabra de Dios se hizo carne y acampó entre nosotros, para que podamos contemplar su gloria y ser hijos de Dios, si creemos en su nombre. En ese nombre se ha abierto hace pocos días en Santiago de Compostela la puerta del Año Santo, puerta por la que pasan desde hace muchos siglos multitud de peregrinos en busca de la luz de la fe y la gracia del perdón, tras contemplar el majestuoso «Pórtico de la Gloria» del templo que guarda una particular memoria del Apóstol Santiago el Mayor, en los extremos confines de Europa continental. Invito a todos a dejarse iluminar por Cristo, luz del mundo, y renacer así a la esperanza, a una nueva vida y a un mundo nuevo, lleno de paz y concordia. Feliz domingo”.

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