El Papa ve en el martirio de san Esteban la afirmación de la “civilización del amor”, más fuerte que el mal

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Benedicto XVI dirigió ayer, segundo día de Navidad y fiesta de S. Esteban, el rezo mariano del Ángelus para los miles de files congregados en la Plaza de San Pedro.
“Con el ánimo todavía lleno de estupor e inundado por la luz que procede de la Gruta de Belén, donde con María José y los pastores hemos adorado a nuestro Salvador, hoy conmemoramos al diácono San Esteban, el primer mártir cristiano. Su ejemplo nos ayuda a penetrar todavía más en el misterio de la Navidad y nos da testimonio de la maravillosa grandeza del nacimiento de aquel Niño, que es fuente de salvación para todos los hombres, (cfr Tt 2,11).
Seguidamente el Papa ha recordado que Aquel que está en el pesebre, es el Hijo de Dios hecho hombre, que nos pide que testimoniemos con valentía su Evangelio, como hizo San Esteban el cual, lleno de Espíritu Santo, no dudó en dar la vida por amor a su Señor. “Él, como su Maestro, muere perdonando a sus mismos perseguidores y nos hace comprender cómo la entrada del Hijo de Dios en el mundo da origen a una nueva civilización, la civilización del amor, que no se rinde ante el mal y la violencia, y derriba las barreras entre los hombres, haciéndoles hermanos en la gran familia de los hijos de Dios”.
“El testimonio de Esteban, como el de los mártires cristianos, indica a nuestros contemporáneos, muchas veces distraídos y desorientados, en quién debemos poner nuestra propia confianza para dar sentido a la vida. El mártir, en efecto, es aquel que muere con la certeza de saberse amado por Dios y, nada antepone al amor de Cristo, sabe que ha elegido la mejor parte”.
Configurándose plenamente a la muerte de Cristo, ha subrayado el Papa, el mártir es consciente de ser germen fecundo de vida y de abrir en el mundo senderos de paz y de esperanza. Hoy, presentándonos la figura del diácono San Esteban como modelo, la Iglesia nos indica además, junto a la acogida y el amor hacia los pobres, uno de los caminos privilegiados para vivir el Evangelio y de dar testimonio a los hombres de manera creíble del Reino de Dios que viene.
“La Fiesta de san Esteban nos recuerda también a tantos creyentes, que en varias partes del mundo, están sometidos a pruebas y sufrimientos a causa de su fe. Confiándonos a su protección celestial, comprometámonos a sostenerles con la oración y a no devaluar nuestra vocación cristiana, poniendo siempre al centro de nuestra vida a Jesucristo, que en estos días contemplamos en la sencillez y en la humildad del pesebre. Invoquemos por esto la intercesión de María, Madre del Redentor y Reina de los Mártires, Con la oración del Ángelus”.
Tras el rezo del Ángelus y el responso por los fieles difuntos Benedicto XVI ha saludado en varias lenguas. Este ha sido su saludo en español:

Saludo con afecto a los fieles de lengua española presentes en esta oración mariana. En esta fiesta de San Esteban, que no vaciló en derramar su sangre para confesar su fe y amor a Cristo Jesús, nacido en Belén, supliquemos fervientemente en nuestra oración que nunca falten en la Iglesia hombres y mujeres sabios, audaces y sencillos, que den testimonio del Evangelio de la salvación allá donde se encuentren, para que, con la fuerza de la caridad y la luz de la verdad, se construya una sociedad cada vez más fraterna, justa y en paz. Santa y feliz Navidad a todos. Muchas gracias.

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