El Papa pide en su mensaje navideño la paz en todo el mundo, en especial para Oriente Medio

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Benedicto XVI recuerda a los países del mundo que padecen dolorosas heridas de guerra y conflictos y a toda familia humana, marcada por la crisis económica y moral
Benedicto XVI ha reafirmado hoy de nuevo, en la Solemnidad de la Navidad, su preocupación, y la de toda la Iglesia, por Tierra Santa, invitando a sus habitantes a abandonar la violencia y la venganza, por Honduras, donde es necesario retomar el camino institucional, y por toda Latinoamérica con un llamamiento al respeto de los derechos inalienables de cada persona y a su desarrollo integral.
En el tradicional mensaje de Navidad, Benedicto XVI ha tenido recuerdos especiales para muchos países del mundo que padecen dolorosas heridas de guerra y conflictos, y dirigiéndose a la toda familia humana, profundamente marcada por una grave crisis económica, pero también de carácter moral, ha ofrecido la sincera presencia de la Iglesia, cuya fuerza es el Niño de belén que hoy ha nacido. Porque “donde quiera que haya un nosotros que acoge el amor de Dios, allí resplandece la luz de Cristo, incluso en las situaciones más difíciles”. Como María, ha dicho el Papa, la Iglesia ofrece al Niño a cuantos lo buscan con corazón sincero, a los humildes de la tierra y a los afligidos, a las víctimas de la violencia, a todos los que desean ardientemente el bien de la paz.
“El «nosotros» de la Iglesia vive donde nació Jesús, en Tierra Santa, para invitar a sus habitantes a que abandonen toda lógica de violencia y venganza, y se comprometan con renovado vigor y generosidad en el camino hacia una convivencia pacífica. El «nosotros» de la Iglesia está presente en los demás Países del Medio Oriente. ¿Cómo no pensar en la borrascosa situación en Irak y en el aquel pequeño rebaño de cristianos que vive en aquella Región. Sufre a veces violencias e injusticias, pero está siempre dispuesto a dar su propia contribución a la edificación de la convivencia civil, opuesta a la lógica del enfrentamiento y del rechazo de quien está al lado”.
Recuerdo especial del Papa también para Sri Lanka, península coreana y Filipinas, y sobre todo el apoyo para el continente africano, donde “la Iglesia no deja de elevar su voz a Dios para implorar el fin de todo abuso en la República Democrática del Congo; invita a los ciudadanos de Guinea y del Níger al respeto de los derechos de toda persona y al diálogo; pide a los de Madagascar que superen las divisiones internas y se acojan mutuamente; recuerda a todos que están llamados a la esperanza, a pesar de los dramas, las pruebas y las dificultades que los siguen afligiendo
“En Europa y en América septentrional, el «nosotros» de la Iglesia impulsa a superar la mentalidad egoísta y tecnicista, a promover el bien común y a respetar a los más débiles, comenzando por los que aún no han nacido. En Honduras, ayuda a retomar el camino institucional; en toda Latinoamérica, el «nosotros» de la Iglesia es factor de identidad, plenitud de verdad y caridad que no puede ser reemplazado por ninguna ideología, un llamamiento al respeto de los derechos inalienables de cada persona y a su desarrollo integral, anuncio de justicia y hermandad, fuente de unidad”.
El Papa ha asegurado la solidaridad de la Iglesia con los afectados por las calamidades naturales y por la pobreza, también en las sociedades opulentas. “Ante el éxodo de quienes emigran de su tierra y a causa del hambre, la intolerancia o el deterioro ambiental se ven forzados a marchar lejos, – ha subrayado el Santo padre- la Iglesia es una presencia que llama a la acogida”.
“La Verdad, como el Amor, que ella contiene, se enciende allí donde la luz es acogida, difundiéndose después en círculos concéntricos, casi por contacto, en los corazones y en las mentes de los que, abriéndose libremente a su resplandor, se convierten a su vez en fuentes de luz. Es la historia de la Iglesia que comienza su camino en la gruta pobre de Belén, y a través de los siglos se convierte en Pueblo y fuente de luz para la humanidad. También hoy, por medio de quienes van al encuentro del Niño Jesús, Dios sigue encendiendo fuegos en la noche del mundo, para llamar a los hombres a que reconozcan en Él el «signo» de su presencia salvadora y liberadora, extendiendo el «nosotros» de los creyentes en Cristo a toda la humanidad”.
Tras el mensaje Benedicto XVI felicitó las navidades en 65 lenguas e impartió la bendición Urbi et Orbi. Escuchemos la felicitación del Santo Padre en español.

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