Mons. Gil Hellín: “Cáritas es mucho más que una mera ONG con gran eficacia”

Gil_Hellin
CRISTO PRESENTE EN LOS POBRES, carta del Arzobispo de Burgos
La caridad no es una actividad más de la Iglesia, sino que pertenece a su esencia, junto con la Palabra y los sacramentos. Por eso, Cáritas no es una mera ONG con gran eficacia. Es mucho más, porque es el rostro de la Iglesia que mira a los hombres con los ojos misericordiosos de Jesucristo y emplea las manos de Cristo para socorrer a tantos necesitados como hay en el mundo. Precisamente, porque es una actividad esencial de la Iglesia es también una actividad esencial en el ministerio y vida del obispo.
La Iglesia ha tenido siempre conciencia de esta realidad y la ha vivido desde sus mismos orígenes. Han variado las formas, pero no el hecho. Siempre me ha impresionado que en pleno siglo II, cuando el gran apologista san Justino habla de la misa del domingo, no deje de señalar la colecta a favor de los pobres. Una colecta que era voluntaria pero muy generosa, y se ponía en manos del obispo para que éste, como responsable de la comunidad, se preocupara de remediar las necesidades no sólo de lo que hoy llamamos pobres, sino también de los huérfanos, las viudas y los encarcelados. La pujanza que tuvo en los siglos siguientes la institución del Diaconado, es una muestra evidente de ello. Pues el cometido principal de los diáconos no era el culto sino la caridad. Era un ministerio para ayudar al obispo a vivir la caridad en su iglesia.
La Seguridad Social de los Estados Modernos ha asumido muchas de estas acciones. Y es deseable, más aún, exigible que se preocupe por resolver problemas tan primarios y acuciantes como el trabajo y el paro, la educación gratuita y universal, la protección de la familia, la atención a las madres que se encuentran ante la tragedia del aborto o que están sufriendo sus secuelas, y un largo etcétera. Bienvenidas sean todos los logros sociales.
Pero sabemos que Benedicto XVI decía una gran verdad, cuando aseguraba en su primera encíclica que «la caridad siempre será necesaria, incluso en la sociedad más justa». Porque «siempre habrá sufrimiento que necesita consuelo y ayuda; siempre habrá soledad; siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo». Esas necesidades son tan patentes, tan generales y tan graves en esta crisis tan aguda y general que estamos padeciendo, que pueden desanimarnos. ¿Cómo no sentir la tentación del desaliento ante el exceso de necesidades y lo limitado de las propias actuaciones? Sin embargo, sabernos meros instrumentos en manos del Señor nos librará de toda ansiedad, pues nos llevará a hacer con humildad lo que sea posible, dejando el resto al Señor.
Pero la caridad no es un mero «dar», aunque sea generoso y abundante. Lo más importante es «darse», ser nosotros parte del don, volcándonos como personas y como testigos de Cristo. Para no dejarse impresionar por el «no se puede hacer nada», o por el «es preciso hacer más», es decisivo el contacto con Cristo. Este contacto vivo nos libera de una doble tentación: la inercia y la soberbia autosuficiente.
La relación con Dios es, pues, elemento esencial del ejercicio cristiano de la caridad. En este sentido tenemos un ejemplo maravilloso en esa mujer-símbolo de la caridad con los pobres en nuestro tiempo: la Beata Teresa de Calcuta. Ella tuvo siempre la clara conciencia –y así se lo ha trasmitido a sus hijas- de que una vida de oración intensa era imprescindible para dedicarse con intensidad a los más pobres de los pobres.
Nada mejor que contemplar estos días con creciente interés el rostro amoroso de Cristo Niño y el rostro doliente de Cristo en los pobres. No son dos Cristos sino dos formas del mismo Cristo. Que sepáis descubrirle en los pobres y necesitados. Os deseo de todo corazón una Feliz y Santa Navidad.

+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

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