La Conferencia Episcopal aboga por una renovación ética de la vida social y económica para salir de la crisis

plenariacee2009
La Conferencia Episcopal Española dio a conocer ayer su esperada “Declaración ante la crisis moral y económica” que ayudará a la sociedad española en su conjunto a considerar en toda su amplitud los orígenes de la actual crisis económica, moral y social.
Lejos de los falsos optimismos presentes en algunos análisis políticos, los obispos españoles ofrecen a la sociedad su propio análisis de la crisis económica desde la perspectiva de sus causas morales y de sus principales victimas. Aunque no ofrecen soluciones técnicas –tal y como ya advertía el Papa Benedicto XVI en su reciente encíclica social “Caritas in veritate”- los obispos recuerdan en su elaborado documento que las causas de la crisis económica están en la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia y la carencia de controles de las estructuras económicas. Todo ello dicho con palabras en las que late la esperanza como no podía ser de otra forma.
La atención preferente de la Iglesia en su análisis se centra en las víctimas de la crisis, especialmente las familias, y de entre ellas las familias numerosas, los emigrantes y aquellos sectores sociales, como los pequeños y medianos empresarios, los agricultores y ganaderos, que asisten con impotencia a la destrucción del empleo. Así, a partir de este diagnóstico certero, la Iglesia hace una apuesta por una renovación ética de la vida social y económica que parta de la cultura de la vida y de la solidaridad, al mismo tiempo que invitan al protagonismo de la sociedad civil y a que los poderes públicos trabajen por erradicar la corrupción, la ilegalidad y la sed de poder.
Esta Declaración fue aprobada en el curso de la pasada Asamblea Plenaria de la CEE y en ella los obispos piden solidaridad con los más afectados, porque “la pobreza y el desempleo degradan la dignidad del ser humano” y aprovechan para criticar las “políticas antinatalistas” del Gobierno, lo que consideran “pernicioso” desde el punto de vista económico para las futuras generaciones de españoles.
Dividida en cuatro apartados (‘Causas y víctimas de la crisis’, ‘No hay verdadero desarrollo sin Dios’, ‘Estamos llamados a tomar decisiones y a aliviar la miseria’ y ‘Nuestro compromiso permanente como Iglesia’) y nueve puntos a lo largo de una veintena de páginas—la Declaración señala que la crisis económica debe ser una ocasión de “discernimiento y de actuación esperanzada” para cada ser humano, para los responsables públicos y para las instituciones que pueden contribuir a una salida de ella. Pero, sobre todo, “debería ayudarnos a poner en Dios la referencia verificadora de actitudes y comportamientos”.
“Es urgente un discernimiento sobre las decisiones de gasto tanto de los poderes públicos como de las familias y de cada uno en particular”, señala la CEE a la luz de la Encíclica del Papa Benedicto XVI ‘Caritas in Veritate’. A lo largo del trabajo, se ponen de relieve los efectos negativos de dos de las leyes del Gobierno: la recién aprobada Ley de Extranjería y la Ley de Salud Sexual y Reproductiva e Interrupción Voluntaria del Embarazo, en trámite parlamentario. A su entender, la primera norma “restringe derechos que afectan decisivamente a la dignidad (de los inmigrantes) como personas” y ante la segunda –que no se cita directamente–, opinan que la aspiración ha de ser la de “lograr un desarrollo integral” que “requiere una renovación ética de la vida social y económica que tenga en cuenta el ‘derecho a la vida'”.
El desarrollo, se subraya, “es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y hombres políticos que vivan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común”. En este sentido, apuntan a “un mayor compromiso en el mundo de la educación y en la vida pública, para erradicar en todo momento la corrupción, la ilegalidad y la sed de poder”.
El texto, presentado ayer en rueda de prensa en la Casa de la Iglesia, fue puesto sobre la mesa de la Asamblea Plenaria, celebrada entre el 23 y el 27 de noviembre pasados, de la mano del presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social y arzobispo de Mérida-Badajoz, monseñor Santiago García Aracil. El objetivo de la Iglesia española al publicar esta declaración es “transmitir una palabra de aliento y de esperanza” y, a la vez, animar a los cristianos y a todos los hombres “a discernir el momento presente y a comprometerse con generosidad y solidaridad”. Se trata, por lo tanto, de una reflexión en el marco de su misión pastoral, un “juicio moral” para “encontrar el camino adecuado para su solución”, por lo que no plantean “soluciones técnicas”.

Causas y víctimas de la crisis
En su primer apartado, los obispos, conscientes de “la gravedad de la situación”, achacan la crisis a “causas que tienen su origen en la pérdida de valores morales, la falta de honradez, la codicia, que es raíz de todos los males, y la carencia de control de las estructuras financieras, potenciada por la economía globalizada”. Esta situación repercute más, según señalan a renglón seguido, en los más débiles, con especial incidencia en los países en vías de desarrollo y en las familias, sobre todo en las familias numerosas y en los jóvenes.
También se refieren a los desempleados, “hasta el punto de que hay muchos hogares que tienen a todos sus miembros activos en desempleo, que no reciben ingresos ni del trabajo ni de las prestaciones sociales”; a los pequeños y medianos empresarios, a los agricultores y ganaderos y finalmente a los inmigrantes.

Sin Dios no hay verdadero desarrollo
“El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y hombres políticos que vivan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común”, aseveran los obispos en la segunda parte de la Declaración. Pero esto demanda un mayor compromiso en el mundo de la educación y en la vida pública, para erradicar en todo momento la corrupción, la ilegalidad y la sed de poder”.
En el tercer apartado, los obispos advierten de que es “imprescindible un profundo sentimiento de solidaridad con todos los que sufren”. “Hay problemas derivados de esta crisis que están exigiendo una respuesta inmediata”, atestiguan. A su entender, una de las preocupaciones más graves tiene que ver con la ocupación y el empleo” y en esta cuestión “no son fáciles ni de aplicación inmediata soluciones que sean verdaderamente eficaces”, pero “la pobreza y el desempleo degradan la dignidad del ser humano” y por ello es necesario impulsar un nuevo dinamismo laboral en favor de un “trabajo decente”. También piden los prelados un “trato humano y solidario” con los emigrantes.
La cuarta parte del trabajo se abre con “la aspiración a lograr un desarrollo integral”, que, afirman los obispos, “requiere una renovación ética de la vida social y económica que tenga en cuenta el ‘derecho a la vida’, en clara contraposición con el ‘derecho al aborto’ que se plantea en la nueva ley que se halla en la Cámara Baja. La Iglesia renueva mediante estas palabras su compromiso con los pobres: “Debemos sentirnos Iglesia samaritana y solidaria con los pobres ante la angustia de tantas familias, jóvenes y desempleados”.
También se plantea nuevamente como compromiso la lucha contra la pobreza y constata y agradece la labor de la comunidad cristiana, y en particular Cáritas, Manos Unidas y otras instituciones de caridad de la Iglesia, que, a través de voluntarios, socios y donantes, atienden y acompañan a los más necesitados, tanto en España como en países en vías de desarrollo.
Finaliza la Declaración con una llamada a las comunidades cristianas y a todos los hombres y mujeres que deseen unirse en un compromiso decidido para salir de la crisis, sabiendo que es prioritaria la conversión del corazón para obtener los cambios sociales”, Como conclusión,en cinco breves puntos piden a la sociedad tomar conciencia del sufrimiento de los demás y un compromiso más solidario de todos, especialmente de los que tienen más capacidad; discernir sobre las decisiones de gasto tanto de los poderes públicos como de las familias y de cada uno en particular; fomentar la responsabilidad hacia el bien común y hacia las víctimas más afectadas; y promover actitudes cristianas para compartir sus bienes.
“Aun cuando la responsabilidad primera de promover soluciones para salir de la crisis le corresponde a los poderes públicos, sin embargo será preciso también que como Iglesia samaritana colaboremos con otras instituciones y organizaciones sociales en la solidaridad con las víctimas de la crisis”, finaliza el texto

Agencia SIC
Acerca de Agencia SIC 37816 Artículos
SIC (Servicio de Información de la Iglesia Católica), es una agencia de noticias y colaboraciones referidas a la Iglesia en España, creada en noviembre de 1991 por el Episcopado español y dependiente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social (CEMCS).