«Tiempo de Adviento, se inicia un nuevo año litúrgico. ¿Repetimos curso?», reflexión del obispo de Girona

¡Adviento! El Señor viene. Y nosotros, ¿adónde vamos?

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Pues sí y no. Sí, porque como todos los años, el Adviento nos ayuda a preparar la celebración de la primera venida de Jesús, la Navidad; hace que estemos atentos a su venida en este momento de la vida, de la vida de cada uno de nosotros. Por ello, no podemos decir que repetimos curso, pues no somos exactamente iguales que en el anterior tiempo de Adviento, es posible que tengamos otras preocupaciones… Y, finalmente, nos invita a mirar hacia el futuro, en la dirección de la segunda venida del Señor, que será gloriosa, para llevar a su plenitud la salvación .
Este Adviento ofrece nuevas oportunidades a nuestra vida cristiana, podemos vivir nuevos aspectos, reafirmar nuestra confianza en Jesús y, en esta primera semana se nos propone, sobre todo, afianzar o hacer más fuerte nuestra esperanza, con objeto de que la oscuridad, la angustia, el desánimo del día a día, no nos impidan vislumbrar y vivir anticipadamente lo que se halla donde se encamina nuestra vida y la historia humana.

El fragmento del evangelio de san Lucas de este primer domingo trata de los males de la historia a base de imágenes de desastres naturales que rompen la armonía del universo. Expresiones como: “Habrá en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo”, manifiestan de forma singular, todo lo que nos ocurre a causa de los males y los sufrimientos provocados por los hombres: guerras, asesinatos, violencias, injusticias… y también por los efectos que pueden tener los fenómenos naturales, especialmente sobre las poblaciones más débiles y con menos recursos.
En el transcurso de la historia humana de cada uno de nosotros, y al término de la historia personal, cuando nos enfrentemos al peor de los desastres, al peor de los males, que es la muerte, el Señor nos exhorta: “Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación, y veréis venir al Hijo del Hombre con gran poder y majestad”. Es decir que, en estos momentos de la vida que calificamos de difíciles, de desastrosos, de incomprensibles, cuando nos parece que no hay salida, que todo está perdido… entonces es cuando debemos creer y confiar que el Señor que viene a liberarnos, a salvarnos. Tanto en las situaciones de la vida, como al final de ella.
Animo a todos a redescubrir que, efectivamente, esta ha sido nuestra experiencia. ¿Quién nos ha dado fuerza para superar desánimos, para mantenernos firmes cuando todo parecía hundirse a nuestro alrededor? ¿Quién nos ha transmitido la fuerza necesaria para afrontar enfermedades, y para servir y atender a los enfermos? ¿Quién nos ha mantenido en la esperanza cuando no había razones humanas para esperar?

Ahora bien, es preciso mantener ciertas actitudes que nos sugiere el Señor:

– Liberar el cuerpo de los excesos de comida y bebida o de la preocupación de los negocios. Dicho de otro modo: no vivir exclusivamente para tratar de poseerlo todo.
– Velar: estar atentos, pidiendo ayuda para afrontar la vida.
– No hundirnos ante los poderes de este mundo, ni por lo que consideramos un fracaso, ni por un entorno hostil.
– Ni tratar de evadirnos a través de una vida frívola, que nos impida ser conscientes de lo que es verdaderamente importante para vivir.
– Velar, estar atentos y orar en toda ocasión, para poder seguir adelante y mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre.
– Velemos, pues: el Señor viene. ¿Saldremos a su encuentro?

+ Francesc Pardo i Artigas
Obispo de Girona

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