Benedicto XVI: «Elegir a Cristo no asegura el éxito mundano, sino la paz y la felicidad que sólo Él puede dar»

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En este último domingo del Año Litúrgico en el que celebramos la solemnidad de Jesucristo Rey del universo, el Santo Padre Benedicto XVI ha explicado, según ha difundido Radio Vaticano, el significado de esta conmemoración, a los cientos de peregrinos presentes en la plaza de San Pedro para seguir el rezo mariano del Ángelus.
El Papa ha recordado que el título de “Rey”, referido a Jesús, va más allá del significado de “rey de Israel”, porque significa también rey universal. En este sentido, el Pontífice ha señalado que al centro del recorrido de esta revelación está el misterio de la muerte y la resurrección.
“Como hijo de Dios –ha evidenciado Benedicto XVI-, Jesús se entregó libremente a su pasión, y la cruz es el signo de su realeza, que consiste en la victoria de la voluntad del amor de Dios Padre sobre la desobediencia del pecado”.
“Es precisamente ofreciéndose él mismo como sacrificio de expiación, que Jesús se transforma en Rey universal, como declarará Él mismo apareciendo ante los Apóstoles tras la resurrección: ‘Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra’ (Mt 28,18)”.
La pregunta que sobre este misterio ha lanzado el Papa es, ¿en qué consiste el ‘poder’ de Jesucristo Rey? A lo que ha respondido recordando que no es el poder de los reyes y de los grandes de este mundo, sino que es el poder divino que da la vida eterna, que libera del mal, que derrota el dominio de la muerte.
“Es el poder del Amor, que hace prevalecer el bien sobre el mal, que ablanda a un corazón endurecido, que lleva la paz en el conflicto más amargo, que enciende la esperanza en la oscuridad más densa”.
Este Reino de Gracia al que ha hecho referencia el Santo Padre, es un Reino que como él mismo ha señalado, “no se impone nunca, y respeta siempre nuestra libertad”. “Elegir a Cristo no garantiza el éxito según los criterios del mundo, sino que asegura esa paz y esa felicidad que sólo Él puede dar”.
Precisamente esto es lo que han demostrado a lo largo de los siglos tantos hombres y mujeres que en nombre de Cristo, en nombre de la verdad y de la justicia, han sabido oponerse a los halagos de los poderes terrenales a través de sus diferentes máscaras, hasta sellar con el martirio esta su fidelidad.
Seguidamente Benedicto XVI ha dirigido el rezo mariano del Ángelus, tras el cual ha recordado que hoy en Nazaret se ha beatificado a la hermana Marie-Alphonsine Danil Ghattas, nacida en Jerusalén en 1843 en una familia cristiana de 19 hijos.
El Papa ha recorrido las distintas etapas de su vida alabando su intensa devoción por la Virgen y recordando que ella fue quien fundó una Congregación formada sólo por mujeres del lugar, con la finalidad de la enseñanza religiosa para vencer el analfabetismo y elevar la condición de la mujer en aquel tiempo, en la tierra donde Jesús mismo había exaltado la dignidad femenina.
“La beatificación de esta significativa figura de mujer es de particular apoyo para la Comunidad católica en Tierra Santa y es una invitación a encomendarse siempre, con sólida esperanza, a la Divina Providencia y a la materna protección de María”.
Asimismo el Santo Padre ha recordado que ayer, memoria de la Presentación de la Beata Virgen María al Templo, se celebró también la Jornada pro orantibus, en recuerdo de las comunidades religiosas de clausura. A todas ellas el Papa les ha dirigido un saludo invitando a todos, a apoyarlas en sus necesidades.
“Aprovechando esta ocasión, estoy feliz de poder agradecer públicamente a las comunidades que han pasado por el pequeño Monasterio en el Vaticano: Clarisas, Carmelitas, Benedictinas, y desde hace poco, Visitandinas. Vuestra oración, queridas hermanas, es muy preciosa para mi ministerio”.
Y saludando en diferentes idiomas a todos los peregrinos presentes en la plaza de San Pedro, éstas han sido las palabras que ha dirigido en lengua española: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de las parroquias de Santo Tomás Apóstol y Santo Domingo Savio, de Valencia. Con la Festividad de Jesucristo, Rey del Universo, concluimos el Año Litúrgico, ensalzando una vez más el señorío de Cristo. Él es “el Alfa y Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso”, como escuchamos este domingo en la lectura del libro del Apocalipsis. Os invito a que, a imitación de la Virgen María, “la esclava del Señor”, sirváis continuamente a Dios y a los hermanos y, junto con toda la Creación, glorifiquéis con vuestras vidas al Rey del Universo. Muchas gracias y feliz domingo”.

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