Congreso Católicos y Vida Pública: Manuel Pizarro señala que la salida cristiana de la crisis pasa por el trabajo bien hecho…

Pizarro
Lo primero que dijo Manuel Pizarro en su brillante y apasionada ponencia sobre el orden social y económico es que la principal respuesta del cristiano a la crisis financiera es “dar testimonio”. Y en este sentido, buena parte de su intervención, articulada en torno a la encíclica social de Benedicto XVI “Caritas in veritate”, fue una demostración casi exhaustiva sobre la forma de dar ese testimonio y que bien puede sintetizarse en una frase que conocen muy bien muchos cristianos: “En hacer las cosas bien”, lo cual significa, entre otra cosas, premiar el trabajo bien hecho –de las empresas grandes y pequeñas, de los profesionales, de los trabajadores, de los consumidores…- y castigar el mal hecho…
Claro que Manuel Pizarro, que es tan buen político como empresario, economista y abogado del Estado, es consciente de que la crisis financiera global que padecemos, es una crisis causada, provocada, por todo el mundo, no por unos cuantos banqueros sin entrañas, porque, al fin de cuentas, todos hemos contribuido, de una forma o de otra, a que las cosas se hayan hecho mal. Dicho en otras palabras, la sociedad en su conjunto se ha comportado mal al ser cómplice de las malas gestiones de bancas, entidades financieras y empresas ya que todo el mundo ha querido enriquecerse sin preguntarse ni preocuparse de los medios empleados… De todas formas, Pizarro no es nada pesimista: considera que el mundo ha salido a lo largo de la historia de muchas crisis de las cuales se aprende mucho, además de depurarse. Solo que, en la actual, hay algo que no se está haciendo, salvo en un caso excepcional como ha sido el de Madoff, que ya está pagando sus fechorías: obligar a los que se han enriquecido fraudulentamente a devolver el dinero robado.
El problema que acaso se plantea es bastante complejo puesto que si todos hemos sido cómplices o hemos contribuido al enriquecimiento palpable de algunos, ¿cómo hacer pagar esas culpas a tantos? La respuesta la dio Pizarro en más de diez ocasiones durante su intervención: en hacer las cosas bien, en ser responsables y en no contribuir al mal. Dicho lo cual habría que invitar a Manuel Pizarro a todos los programas de televisión y radio para que repitiese su conferencia en este Congreso de Católicos y Vida Pública en la seguridad de que tendría mucha más audiencia que cualquier programa del corazón aunque lo que diga no guste a muchos políticos, ni a muchos banqueros, ni a muchos sindicatos, ni a muchos accionistas.
En todo caso, por la necesidad de sintetizar su conferencia, precedida por cierto por una desenfadada introducción de otro banquero de campanillas que aún no se ha atrevido a lanzarse a la política, José María Aguirre González, es que si la sociedad está tan enferma porque no ha sabido controlar su propio sistema financiero, es porque, al fin de cuentas, ha perdido buena parte de sus valores. No solo del trabajo bien hecho sino de la responsabilidad, indispensable para ejercer la libertad y que sitúa bajo una losa la conciencia moral. Por supuesto, Pizarro ofreció a los oyentes cada vez más interesados en sus palabras, un esquema de la génesis de la crisis para glosar después algunos capítulos de la “Caritas in veritate” que ofrecen las claves cristianas para salir de la crisis, como la libertad regulada y garantizada por la Justicia independiente, la buena gestión de las empresas; la globalización y, de manera muy particular, la garantía del derecho a la vida, esencial para el desarrollo humano. Todo lo cual conlleva un fundamento ético de la actividad empresarial y la formación de hombres y mujeres rectos que piensen en el bien común antes que en ellos mismos.
Durante el coloquio, y en respuesta a diversas preguntas, Pizarro tuvo la ocasión de ampliar su concepto del trabajo bien hecho y de la aportación cristiana a la solución de la crisis. Entre otras cosas dijo que no solo el cristianismo está ausente de la economía sino de la sociedad. También se refirió a las alusiones que Benedicto XVI hace en su encíclica social al “don y la gratuidad” que, a su modo de ver, debe cristalizar en la obligación de cada cual de cumplir con su obligación: los bancos pagando más al ahorrador y ofrecer créditos a menor tipo de interés; las empresas vigilando el medio ambiente y ofrecer sus servicios sin esperar más beneficios de lo que es razonable y, finalmente, en ser responsables. Añadió que el problema de la crisis es que los banqueros han perdido el respeto a su oficio y que la función del cristiano en las empresas es dar testimonio…
Por último se refirió a la influencia de los medios de comunicación y dijo que la obligación de los cristianos es no contribuir con su dinero a las agresiones que sufren de estos medios, ya sea a través de la publicidad, ya de menosprecio de nuestros valores. En definitiva, los medios de comunicación viven de quienes los compran…

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